Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las cosas del mundo pueden fascinarnos hasta esclavizarnos cuando buscamos en ellas lo infinito. Pidamos sabiduría para pedir a Dios lo que realmente necesitamos y seguir el camino que Él nos muestra.

Homilía o253010a, predicada en 20260923, con 6 min. y 40 seg.

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Transcripción:

¿Cuánto necesito realmente? Suena una pregunta muy abstracta, muy general, es útil, es útil. Tenme paciencia, vamos para allá. ¿Cuánto necesito realmente? No vamos a poner números, pero sí es posible hacer unas comparaciones útiles. Por ejemplo, muchos de nosotros hacemos presencia en redes sociales. ¿Cuántos seguidores necesito? Es posible que cuando uno empiece a ver que van creciendo los seguidores, que ya son miles, decenas de miles, centenares de miles, tal vez millones, a uno se le despierta como una codicia en el sentido de quiero más y más y más.

Pero eso tiene consecuencias, porque resulta que cuando uno acumula seguidores, muy pronto esos seguidores, y esto es grave, se convierten como en una especie de público. Y entonces, empiezas a vivir y a trabajar, no por la gloria de Dios, sino por complacer a tu público. Y la comparación que siempre hago es la del cantante que no canta lo que a él le gusta, sino lo que el público le pide. Entonces, un sacerdote que se convierte en adicto, óyeme, esa adicción, se convierte en adicto a redes sociales en el sentido de buscar y buscar seguidores, pues empieza a predicar no lo que es el Evangelio, sino empieza a predicar lo que la gente quiere oír.

Y si la gente quiere oír que hoy está permitido cualquier forma de amor, porque amor es amor, entonces este sacerdote sabe que tomar una postura muy, muy fiel al Evangelio, no va a ser popular y le va a hacer perder sus seguidores. Entonces, al principio, él es el que lidera a sus seguidores, pero después los seguidores, la opinión de los seguidores es la que va adelante y él va detrás, obedeciendo y complaciendo. Me he extendido un poco en ese ejemplo, me disculpan, pero es que lo mismo vale para muchas otras cosas.

¿Cuánto dinero necesito? Sí, el dinero es necesario, pero al principio el dinero está al servicio tuyo. Pero antes de que te des cuenta, quizás tú empiezas a estar al servicio del dinero. Y esa no era la idea, pero eso fue lo que pasó. Entonces, resultaste perdiendo, resultaste esclavo cuando antes eras dueño, por eso se dice del dinero que es un buen esclavo, pero que es un pésimo señor. ¿Cuánto dinero realmente necesito, cuánta fama necesito? Las cosas de este mundo tienen siempre el peligro de atraparnos en su encanto, las cosas de este mundo tienen siempre el peligro de fascinarnos hasta el punto de esclavizarnos, y es una esclavitud que empieza con mucha dulzura.

La esclavitud del placer, por ejemplo, indudablemente empieza con mucha dulzura. Entonces, ¿cuánto licor necesito? Pues con esa pregunta empezó el borracho. ¿Cuánto licor necesito? Y al principio él se vale del licor o disfruta el licor, pero después empieza a servir a ese vicio y ese vicio lo volvió idólatra, eso puede pasar. Estas preguntas hay que hacérselas, hay que hacérselas porque nuestro corazón está hecho para el infinito y muy fácilmente nos acontece que empezamos a buscar el infinito en todas partes. Empezamos a buscar el infinito en el dinero, en el placer, en el poder, en la fama, en el prestigio.

Y nuestra búsqueda, como nuestra búsqueda es una búsqueda infinita y es una búsqueda de infinito, entonces no ponemos un límite y cuando no ponemos un límite, eso que debía estar al servicio nuestro, se convierte en nuestro tirano y nos domina. Y eso es lo que aparece en la primera lectura de hoy. No me des tan poquito, le dice el autor de ese libro, por lo menos el autor de este pasaje le dice al Señor: No me des tan poquito que me desespere, pero tampoco me des tanto que me olvide de ti y te desprecie. Esa es una oración muy linda, podemos decirla tal vez con palabras como éstas: Dame lo suficiente, dame lo que tú sabes que es conveniente para mí.

Es lo que solemos decir en el Padre nuestro, es lo que decimos en el Padre nuestro: Danos hoy nuestro pan de cada día. Lo que realmente necesito. Dame el pan que realmente necesito, dame el verdadero pan, lo que de verdad me va a hacer bien. No nos dejemos fascinar por los infinitos de este mundo, que son también infinitos ellos mismos. No nos dejemos fascinar por esos infinitos. Más bien, pidamos al Señor que tengamos la sabiduría para orar y obedecer. Orar suplicándole al Señor: Dame el pan de cada día, dame lo que realmente necesito, y la sabiduría y la obediencia, para luego seguir el camino que el Señor nos muestra, a Él la gloria y la alabanza. Amén.

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