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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La vida es un camino y cada decisión que tomas es un paso en ese camino, por eso hay que tener prudencia, poner límites y preguntarse ¿Mis pasos hacia dónde me llevan?

Homilía o253008a, predicada en 20200923, con 5 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Una de las virtudes claves en la vida es la prudencia. Se dice que hay virtudes humanas y virtudes teologales. Teologales: fe, esperanza, caridad y lo que se deriva de ellas. Las virtudes humanas vale la pena recordarlas y hoy es muy buen día, a partir de la primera lectura de la misa, para recordar lo que es la prudencia. La prudencia es pensar bien cómo va a actuar uno, qué es lo que uno va a hacer, y hacer incluye las palabras, las decisiones, los proyectos, las obras, las compañías. Porque fíjate que, finalmente, la vida humana, nos dice Santo Tomás, es como una especie de camino. Y cada decisión que tú vas tomando y cada cosa que tú haces es como un paso en ese camino.

Y por eso, es una gran pregunta a la que uno tiene que hacerse: mis pasos, ¿hacia dónde me están llevando? Esa es una buena pregunta, una pregunta que toda persona inteligente debe hacerse. Y precisamente porque digo toda persona inteligente, por eso también hablamos de virtudes humanas, porque incluso si no tuviéramos el don precioso, que, bendito el Señor, sí tenemos, si no tuviéramos el don precioso de la fe, tendríamos que hacernos preguntas sobre la prudencia. La prudencia es algo en lo que todos los seres humanos debemos reflexionar, o mejor dicho, aunque no utilices la palabra prudencia, tarde o temprano tú te haces preguntas que tienen que ver con la prudencia. Preguntas como las que ya he dicho: ¿Esto es correcto, esto conviene, esto para dónde va, qué pasos estoy tomando?

Recuerdo el caso de una señora que años atrás había estado metida en el mundo de la droga. Ella no era creyente en esa época. Una señora de otro país, ella no creía en Dios o no le importaba a Dios tampoco. Pero ella se dio cuenta que cada vez estaba descendiendo más en el abismo de la droga. Es decir, ella se hizo una pregunta propia de la prudencia, y la pregunta propia fue: ¿esto hacia dónde me está conduciendo? Esa es la pregunta típica de la prudencia. Bueno, cuando uno estudia un poco la prudencia, uno se da cuenta de la importancia que tienen los límites. Es decir, ni mucho ni demasiado poco. Piensa, por ejemplo, en el tema de la comida. Claramente, si uno come mal o si uno come demasiado, se hace daño. Pero si uno come demasiado poco, también se hace daño.

Por eso se habla de que, en las virtudes humanas, ojo, virtudes humanas, lo mismo no vale para las virtudes teologales. En las virtudes humanas se cumple que la virtud, lo realmente virtuoso, lo correcto, está en el medio, ni mucho ni demasiado poco. Hay que saber encontrar ese punto, exactamente ese punto. Y el encuentro de ese punto es lo que le hace a uno ver los límites. Uno tiene que preguntarse: Oye, ni demasiado, por ejemplo, en términos de dinero, ni demasiado poco. Por eso encontramos en la primera lectura de hoy, que es la motivación para esta reflexión, encontramos que dice el libro de los Proverbios, allá en el capítulo 30 dice: «No me des ni pobreza ni riqueza». Ahí está mostrando los límites. Efectivamente, si estoy demasiado escaso, eso puede llevarme a la desesperación. Pero si tengo demasiado, eso puede llevarme a la arrogancia.

Entonces, fíjate que uno tiene que tener esos límites y créeme que yo lo he visto, yo lo he visto con mis propios ojos. Cuántas personas, cuántas familias no conoce uno que uno dice: Oye, realmente Dios les ha dado todo. Y esas personas que aparentemente lo han recibido todo, tienen salud, a veces tienen juventud, tienen belleza, tienen dinero, oye, qué dureza de alma o qué superficialidad, o qué falta de misericordia hacia otros. Entonces, uno tiene que pedirle a Dios: Señor, no me des demasiado, porque la falta de experiencia de la necesidad, la falta de descubrir mi propia necesidad, la mía, la falta de descubrir mi necesidad, me hace mucho daño. Pero, por supuesto, si me estoy hundiendo todo el tiempo en medio de angustias y problemas y necesidades, tampoco tendré cabeza para levantar mis ojos al cielo y confiar en un Dios que es bueno.

Por eso, hoy es un buen día para reflexionar en la prudencia y un buen día para repetir la oración, la oración que en el fondo está inscrita en el texto de los Proverbios de hoy, pidamos al Señor eso. Terminemos esta brevísima reflexión con esas palabras: No me des demasiado, Señor, podría volverme arrogante. No me des demasiado poco, podría desesperarme. Amén.

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