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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una vida guardada por la sabiduría.
Homilía o253007a, predicada en 20180926, con 17 min. y 22 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, con alguna frecuencia nuestra gente católica se hace una pregunta: si yo quiero acercarme a la Biblia, ¿por dónde empiezo? Hay varias entradas que son buenas y amables y que nos ayudan a ir entrando en el lenguaje de Dios. Indudablemente, leer los Evangelios es una fuente de inspiración, una fuente de claridad, no es demasiado difícil de aplicar a nuestra vida, esa es una puerta, por ejemplo. Otra puerta son los Salmos, hay muchos salmos que uno puede aplicar a su propia vida, hay salmos en los que uno puede reconocer las angustias, en las que está pasando. Una cosa bonita que tienen los Salmos es esa, que nos ayudan a poner en palabras lo que uno está viviendo, o nos inspiran confianza o nos dan también un vocabulario para darle gracias a Dios, porque no solo hay que pedir y pedir, también hay que agradecer, bendecir, alabar.
Otra gran puerta es la que aparece por estos días en la misa, el libro de los Proverbios. Yo les recomiendo que tengan en cuenta esas puertas para que ustedes puedan acercarse con provecho a la Biblia. Luego ya se pueden seguir distintos planes, pero es bonito que uno conozca mejor la Biblia, que no sea un libro extraño, ajeno, sino un libro que uno va conociendo poco a poco. Por ejemplo, si usted lee los Evangelios, seguramente se va a animar a leer después los Hechos de los Apóstoles o algunas cartas de San Pablo. Comento eso a manera de introducción sobre el libro de los Proverbios.
El libro de los Proverbios pertenece a esa parte de la Biblia que llamamos libros sapienciales. ¿Sapiencial qué quiere decir? Tiene que ver con sabiduría, sapiencia es lo mismo que sabiduría. Entonces, los libros sapienciales nos ayudan en la sabiduría. Por favor, no confundir la sabiduría con el simple conocimiento. En la Biblia, la sabiduría significa, sobre todo, saber vivir. De qué sirve tener uno muchos conocimientos, quizás porque ha ido a muchas universidades y ha sacado muchos títulos, si uno no sabe vivir. Y saber vivir, ¿en qué consiste? En muchas cosas, por ejemplo, saber tomar decisiones. Una persona que está tomando malas y malas decisiones cada vez va a ver su vida más complicada, más amarga, más triste, eso no es saber vivir. Entonces, saber vivir es tomar buenas decisiones. Hay veces que uno toma una mala decisión y la paga durante mucho tiempo. Se metió en el negocio que no era y eso le costó mucho, se enredó con la persona que no era y eso le salió muy caro. Entonces, sabiduría quiere decir saber vivir. Y saber vivir consiste en varias cosas, una de ellas es tomar buenas decisiones.
Otra cosa que también tiene que ver con la sabiduría, es la manera de organizar uno su tiempo y todo lo que Dios le ha dado. Piense usted, por eso menciono primero el tiempo, piense usted que el tiempo se agota. El tiempo se agota a una velocidad muy precisa, un día por día, esa es la velocidad del tiempo. Cuando a veces uno es niño, uno es joven, a veces, no siempre, no valora el tiempo. Me acuerdo el caso de un amigo ya profesional, y él me contaba de sus esfuerzos, sus empresas, su vida, me decía: Todavía me está doliendo un año que perdí en el colegio. Ya una persona que tenía más de 30 años. Pero decía: Me duele. En el momento cuando perdió ese año en el colegio, no le dolía. Él decía: Si, si tengo por ejemplo 12 años, perdí un año, pues entonces 13. Y ¿qué pasa? Pero con el tiempo, uno aprende a valorar el tiempo y así también otros recursos, otros bienes que uno tiene, otros talentos.
A medida que uno va avanzando en la vida, uno se va dando cuenta que, prácticamente, todos los talentos y todas las cualidades tienen una fecha de expiración, como las bolsas de alimentos. Las cosas tienen fecha de expiración. Entonces, por ejemplo, uno se da cuenta que la belleza tiene fecha de expiración, uno no es bonito toda la vida, ¿cierto? Sino que la belleza va decayendo, las fuerzas van decayendo, la salud va decayendo. Mi mamá decía que uno nota que ya va avanzando en la edad, cuando empieza a sentir las corrientes, las corrientes: Ciérrenme allá por favor, cierre, ajuste allá, no para que cierren, no para que cierre la puerta, porque todavía yo no estoy tan viejo. Entonces, uno empieza a sentir las corrientes: ¿Qué será qué siento? Creo que ahí quedó como mal sellado. Entonces, uno se va dando cuenta que la salud tiene fecha de expiración. Uno se da cuenta que la memoria se le va acabando. Sí, entonces esas son dificultades que uno encuentra.
Entonces, la sabiduría también es como voy a gastar la vida, mis fuerzas, cómo las voy a gastar: Yo no voy a tener toda la vida esta edad, estas fuerzas, estas posibilidades. La sabiduría es tan importante que la carta del apóstol Santiago tiene una promesa muy bonita, póngale cuidado, porque es una promesa de parte de Dios. Dice lo siguiente esa promesa: «Si usted está falto de sabiduría, pídasela a Dios que no se la va a negar». Esa es una promesa muy bonita, porque quiere decir que cualquiera de nosotros le puede pedir a Dios, y Dios no va a dejar de iluminarlo a usted en las decisiones que vaya a tomar, en la manera como vaya a gastar su vida.
Otra cosa que nos enseña la sabiduría muy importante, cómo relacionarse con la gente. Hemos empezado esta Eucaristía con un canto precioso que yo recuerdo de mis años de infancia, el himno de la amistad. La amistad, cómo llevarse bien con los amigos, cómo valorar a un amigo. Un amigo es un tesoro, esa es una frase que está precisamente en los libros sapienciales. Un amigo es un tesoro, un amigo no se consigue así nomás. Si una amistad, lamentablemente se daña, eso no es que mañana consigo otra. No, conseguir un buen amigo, un verdadero amigo es un asunto que toma tiempo. A veces es más fácil conseguir otras cosas, conseguir plata, conseguir trabajo, ¿no? Puede ser más fácil. Pero el hecho de que usted consiga un nuevo trabajo no quiere decir que usted consigue nuevos amigos. Todo eso nos enseña la sabiduría, valorar, gastar con discernimiento, tomar buenas decisiones, por eso hay que acercarse al libro de los Proverbios.
Las frases que aparecen hoy en el libro de los Proverbios no tienen un tema común. Usted se da cuenta que estos son como distintos consejos. Entonces, ¿cómo puede uno leer el libro de los Proverbios? Le voy a contar lo que yo tengo en mi mente cuando yo leo el libro de los Proverbios. Lo que yo tengo en mi mente es como si usted estuviera leyendo una libretica de apuntes de alguien. Una persona que es muy observadora y que ha ido tomando nota, un día se dio cuenta de una cosa, ojos altivos, corazón ambicioso y oiga esta frase: El faro de los malvados es el pecado. Tal vez, esa frase nunca se me hubiera ocurrido a mí, pero alguien, mi Dios, la inspiró. Esa frase la puso en una libretica: El faro de los malvados es el pecado. ¡Qué frase tan impactante! Porque el faro es el que guía especialmente en las noches, obviamente en las tormentas, en la incertidumbre el faro es el que guía a los barcos en medio de dificultades. Y sí, el faro que lo guía a usted es el pecado ¿para dónde va su vida por Dios? Si ese es su faro.
Entonces, yo llego a esa frase y me doy cuenta que esa frase trae unas gotas de sabiduría, sabiduría preciosa. Me estoy acercando a la libreta de apuntes de alguien al que Dios iluminó. O sea que a veces no voy a encontrar una secuencia como cuando uno lee una parábola del Evangelio. Lo mismo pasa en las cartas, por ejemplo, de San Pablo, de San Pedro, que tomaban un determinado tema y lo iban desarrollando, en el libro de los Proverbios no es así. Usted imagínese siempre una persona que está como tomando sus apuntes, un día se dio cuenta de esto y además se dio cuenta de algo importante, que el pecado se nota en dos cosas: la altivez de los ojos, arrogancia, orgullo seguramente y corazón ambicioso. El pecado sale fácilmente, se manifiesta fácilmente a través de la arrogancia y a través de la ambición, la persona ambiciosa, codiciosa, en Colombia a veces decimos persona ventajosa.
Está uno hablando con una persona, lo oye, lo oye, lo que cuenta, lo que cuenta y siempre la conclusión de sus historias es: Pero aquí me salí con la mía y aquí logré lo que quería y no me dejé y aquí se la hice y yo me desquité y logré. Una persona ambiciosa, una persona arrogante. Entonces, la Biblia me está enseñando algo muy importante, cuidado con eso, porque la persona que está llena de arrogancia, la persona que está llena de codicia, de ambición, tal vez es una persona que tiene como faro el pecado. Entonces, cuidado con esa persona. Ese es el tipo de cosas que uno aprende cuando uno lee el libro de los Proverbios.
Solo le voy a comentar una frase más, que me parece muy bonita, y que también nos cuestiona a todos, a mí el primero. La colección de frases de hoy, porque el libro de los Proverbios es una colección de pensamientos, de frases, frases muy inteligentes, frases muy útiles, frases que tienen el sello del Espíritu Santo, la colección de frases de hoy termina con ésta: «Quien cierra los oídos al clamor del pobre no será escuchado cuando grite». ¡Que impactante, que impactante! Cuando uno oye esa frase, uno dice, esta es una advertencia que me está haciendo Dios. Y yo suelo hacer esta comparación para mostrar cómo el egoísmo es una trampa, porque de eso es de lo que nos está hablando aquí, ¿no? Quien cierra sus oídos al clamor del pobre, o sea, la persona que se encierra en sus intereses, la persona egoísta. Yo creo que todos hemos pecado de egoísmo alguna vez en la vida, o sea que esta frase nos sirve a todos, a todos nos cae.
Pero, yo hago esta comparación, la persona egoísta es como una persona que estuviera levantando muros, muros supuestamente para protegerse, pero hay un momento en el que el muro que te protege, te encarcela y si tú terminas de cerrar tu muro, esa prisión se volvió también tu tumba, sí. Entonces, eso es lo que nos está diciendo aquí: Yo me aíslo y me aíslo para que nadie se aproveche de mí. Y llega un momento en el que yo también me pierdo de todo auxilio, me pierdo de toda ayuda. Hay personas que han entrado en una profunda soledad para que nadie les quite nada, pero en esa profunda soledad nadie les puede dar nada.
El Papa Francisco, en un documento de él muy bonito, que se llama: El gozo del Evangelio, él habla de esto, de este punto exactamente. Él habla de cómo la persona que se va volviendo egoísta se va volviendo triste y depresiva fácilmente, porque a medida que aísla, separa las voces de los que le piden, también separa las voces de los que le pueden ayudar. No puedes separarte del prójimo en necesidad, sin separar al prójimo de tu necesidad. Eso tiene mucho sentido, le repito esa frasecita por si usted quiere grabarla: No puedes separarte del prójimo en su necesidad sin separar al prójimo de tu necesidad. Entonces nosotros, los seres humanos, estamos hechos por Dios ¿para qué? Para abrir nuestro corazón a la necesidad de otros y, con el favor de Dios, que otros también nos puedan ayudar, porque también tendremos momentos de necesidad.
Yo pienso que es una reflexión muy bonita en este día en que estamos dando gracias a Dios, especialmente a ustedes, benefactores, amigos, colaboradores de esta casa y de esta hermosa obra. Sigamos nuestra celebración eucarística pidiéndole a Dios dos cosas. La primera cosa fue que dijimos, cuidado con la arrogancia y con la codicia, no vaya a ser que el faro de mi vida sea el pecado. ¡Qué tragedia! Cuidado con la arrogancia y la codicia. Y segundo, cuidado con el egoísmo. Dios nos hizo para otra vida. Dios nos hizo para abrir nuestro corazón, es tan bonito eso. Abrir el corazón y aprender a dar porque el mismo puente por el que tú ofreces, es el puente por el que te van a rescatar. Con esa convicción y con ese amor de Dios en nuestros corazones, sigamos esta celebración.

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