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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Evangelio es la gran medicina de Dios que el mundo necesita.

Homilía o253006a, predicada en 20180926, con 6 min. y 15 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo noveno. Creo que es uno de esos textos que nos permiten reconocer cuál era la profesión del evangelista Lucas antes de que el Señor lo llamara con tanta fortaleza para servir al Evangelio. Como sabemos, Lucas era médico. Lo dice expresamente el apóstol San Pablo en sus escritos: Lucas era médico. Y digo que esto se nota mucho en el pasaje de hoy, porque son solo 6 versículos, y en 6 versículos se mencionan 3 veces las curaciones, las enfermedades, la necesidad de curar. Uno podría decir que, para San Lucas, que era médico, esta labor de curar era algo que él veía tan próximo, pero tan próximo al Evangelio. Quizás, la primera referencia que tenía Lucas del Evangelio es como una gran medicina de Dios para una humanidad herida.

Y quisiera que nos quedáramos con ese pensamiento en esta pequeña reflexión, el Evangelio como gran medicina de Dios para el mundo enfermo, un mundo que sufre desnutrición, un mundo que sufre fiebre, un mundo que tiene espasmos, ataques, un mundo que padece mutilaciones y graves heridas, un mundo de múltiples ataques y nuevas y nuevas armas. Lo que quiero destacar es que, prácticamente, toda la terminología que nosotros utilizamos en la medicina, se utiliza en la evangelización. Y no es extraño porque, por una parte, sabemos que efectivamente Cristo realizó un maravilloso ministerio con las personas enfermas. Pero no es solamente eso, es que la unidad sustancial que hay entre cuerpo y alma hace que muy fácilmente podamos transportar a las realidades espirituales, las situaciones por las que pasa nuestro cuerpo. Tres ejemplos: desnutrición, heridas y agonía.

Desnutrición, sabemos que cuando una persona en los primeros años de su vida no ha recibido la adecuada alimentación, ello puede dejarle secuelas para toda la vida. No es que los problemas se puedan arreglar diciendo: No recibiste calcio suficiente en tus primeros años, entonces vamos a saturarte de calcio a partir de los 14 o 15 años y todo se arregla. No es tan fácil, hay cosas que se pueden reparar, pero hay daños en la nutrición que afectan de tal manera el desarrollo, que son irreparables. ¿Por qué destaco esto? Porque, así como hay una desnutrición física, por falta de vitaminas, por falta de proteínas, todo aquello que nos enseñan los expertos en nutrición. Así como hay una desnutrición corporal, también hay una desnutrición en el alma. Hay verdades fundamentales, hay experiencias afectivas fundamentales.

Tú piensa, por ejemplo, yo he conocido personas así. Tú piensas, por ejemplo, las personas que han tenido un exceso de soledad y de abandono. Son personas que se han acostumbrado en los años más frágiles de su vida a que no hay nadie, nadie, yo no le importo a nadie. Eso es muy duro, una persona de esas queda marcada por una especie de egoísmo del que es muy difícil desprenderse, aunque Dios ciertamente lo puede todo. Entonces, ahí el Evangelio tiene que llegar como una medicina muy potente, porque hay vacíos de amor paterno, porque hay sensaciones de abandono, porque hay miedos profundos que están enquistados en el fondo de esos corazones. Con respecto a las heridas, creo que no tengo dificultad en dar muchos ejemplos, ni en pensar en ejemplos parecidos. Pensemos en las personas que han sido traicionadas, pensemos en las personas que han sido humilladas, pensemos en este fenómeno que es prácticamente mundial, de bullying. Una persona que ha pasado por esas experiencias queda con heridas muy profundas y ahí el Evangelio ha de llegar a sanar.

Y ¿qué diremos de la palabra agonía? Suele reservarse la palabra agonía para referirse a lo que sucede en la etapa última de la vida, es decir, a las puertas de la muerte. Y ¿cómo se llama esa sensación desde el punto de vista del alma? Es la sensación de frustración absoluta, es la sensación de desesperación. Hay personas que están padeciendo terrible desesperación y de verdad no le encuentran un propósito, no le encuentran un sentido. Y lo espantoso es que algunas de estas personas, aún teniendo sus cuerpos sanos, quieren destruir la vida que hay en sus cuerpos porque no le ven sentido a la vida. Y también el Evangelio tiene que llegar ahí, para alumbrar con un poco de esperanza esa historia, de manera que la persona no vaya a cometer una locura.

Unámonos, pues, a la perspectiva que toma Lucas y recordemos muchas veces el día de hoy, el Evangelio es la medicina que el mundo necesita, un mundo que se debate en el dolor, en la soledad y en gran necesidad.

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