Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dos peticiones esenciales: dame caminar en la verdad y vivir en la sobriedad.

Homilía o253004a, predicada en 20120926, con 4 min. y 12 seg.

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Transcripción:

Ya hacia el final del libro de los Proverbios, que nos ha acompañado en este comienzo de semana, encontramos una de esas síntesis que a mí personalmente me fascinan. Por ejemplo, una síntesis es aquello que tenemos en el capítulo sexto del libro del Deuteronomio, lo que se llama la profesión de fe, el Shemá, tan propio de la fe judía: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas». Es una síntesis, es un credo, es una proclamación sintética de aquello en lo cual nos apoyamos y de lo cual vivimos.

Otro ejemplo, en el profeta Miqueas encontramos esa frase que me fascina: «Ya se te ha contado, oh hombre, lo que el Señor espera de ti, que seas justo, que practiques la misericordia y que camines humildemente ante Dios». Una síntesis, qué bello, qué hermoso. También tenemos otra síntesis cuando le preguntan a Cristo: Bueno, ¿cuál es el primero de los mandamientos? Y él dice: «Lo primero es amar a Dios sobre todas las cosas. Hay un segundo mandamiento, ama al prójimo como a ti mismo». Y en esa síntesis queda resumida toda la ley y los profetas. Yo creo que esas síntesis, esos resúmenes, nos hacen mucho bien, porque nos ayudan como a conservar la mirada en lo que es esencial, en lo que conduce hacia la vida.

La primera lectura de hoy, tomada del capítulo 30 de Proverbios, tiene también una hermosísima síntesis, como las dos grandes peticiones que hace este hombre, un hombre sabio. El libro de los Proverbios se atribuye en general a Salomón, pero sabemos que es eso, una atribución, lo que estamos seguros es que cada una de esas palabras goza del sello de la inspiración del Espíritu Santo. Entonces, fíjate lo que tenemos, esas dos síntesis, esa síntesis, perdonen, dos peticiones. Primera petición: Aleja de mí, dice él, la falsedad y el engaño. «Aleja de mí falsedad y engaño», esa es la primera petición y luego la segunda: «No me des ni riqueza ni pobreza, la pobreza puede llevarme a la desesperación, la riqueza puede llevarme a la vanidad y la arrogancia, incluso a olvidarme de ti». ¡Qué cosa tan hermosa! Son solo dos peticiones, caminar en la verdad y por eso, aleja de mí engaño y falsedad. Y la segunda petición, la segunda, caminar en la sencillez, en la sobriedad.

Yo creo que si uno toma estas dos, estas dos peticiones y si uno se las apropia, uno ve que son como las dos orillas de una hermosa avenida que finalmente lleva hacia Jesucristo. Porque el que camina en la sobriedad, sin dejarse llevar por la desesperación que, a veces, acecha al pobre, ni la vanidad que, a veces, acecha al rico. El que camina en la sobriedad y camina en la verdad, tarde o temprano, se da cuenta de algo que es lo esencial, que la verdad por excelencia está en Cristo y que la vida por excelencia está en Cristo. Por eso, al unirnos a estas dos peticiones tomadas del Antiguo Testamento, en realidad estamos poniéndonos en la ruta misma del Hijo del Dios vivo.

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