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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El amor natural hace posible la familia natural. El amor nuevo está marcado por la voluntad de Dios, que trasciende los límites de parentesco; amor sobrenatural que da origen a un nuevo modo de ser familia, a la familia espiritual.
Homilía o252009a, predicada en 20240924, con 7 min. y 16 seg. 
Transcripción:
Familia, una palabra tan necesaria pero tan borrosa y tan lastimada en nuestro tiempo. Familia. Podríamos decir que es la célula fundamental de la sociedad. Es el camino natural por el que un ser humano llega a integrarse en el conjunto del tejido de la humanidad. Pero la familia está muy lastimada y la familia necesita ayuda. Y a veces uno se pregunta, por ejemplo, yo como sacerdote. A veces uno se pregunta ¿De dónde le va a venir ayuda a la familia? Y es aquí donde aparece un hermoso misterio que es la relación entre la familia de sangre y la familia espiritual. Miremos cómo sucede esto, porque el Evangelio de hoy, siendo tan cortico, nos está mostrando con gran elocuencia el plan de Dios para recuperar a la familia y para levantar a la familia. Veamos de qué se trata.
Sucede que la Santa Virgen María y algunos otros parientes de Jesús que la Biblia llama hermanos, fueron a buscar al Señor. Y entonces dice Jesús, mi madre y mis hermanos son los que cumplen la voluntad de Dios. Los que escuchan la voluntad de Dios y la cumplen. Entonces, ¿Qué está sucediendo ahí? Claramente Jesús tiene unos vínculos de sangre, porque Él es judío. Él nace de una familia judía. Él vive en un entorno judío, claramente, y esos son vínculos de sangre. Pero Jesús nos lleva a una nueva realidad, podríamos decir, a un nuevo modo de ser familia. Un modo que está marcado por la voluntad de Dios, está marcado por un amor diferente.
Yo quisiera complementar el texto del Evangelio de hoy con otro texto que encontramos en el Capítulo Primero del Evangelio de Juan. Refiriéndose a nosotros los cristianos, dice el Evangelio de Juan. Estos no han nacido de la carne y de la sangre. Estos no han nacido del deseo del varón. Se entiende el deseo que el hombre tiene por la mujer. Estos no han nacido del deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Te lo voy a decir de esta manera. El amor natural es el que hace posible la familia natural, lo cual está muy bien. Pero el amor nuevo, que es el amor que está marcado por la voluntad de Dios, que es el amor que trasciende los límites del parentesco. Ese amor nuevo es el amor sobrenatural que da origen a un nuevo modo de ser familia que llamamos familia en el Espíritu o que llamamos Familia Espiritual. Ese es el secreto.
Entonces, ¿Qué es lo que quiere Cristo? ¿Cristo desprecia la familia natural? No, claro que no. Cristo no la desprecia. Pero Cristo es consciente de que la familia natural tiene limitaciones. Por ejemplo, a veces la familia natural se vuelve egoísta, ¿En qué sentido? En que si nosotros estamos bien, con eso nos contentamos. ¿Y qué sucede con los que están mal? Yo he conocido familias, por ejemplo, en las que alguno o alguna le fue mal en el matrimonio. ¿Qué pasa con las personas separadas? ¿Qué pasa con las personas solteras que hubieran querido casarse y no se pudieron casar? ¿Qué pasa con el abuelo que se queda viudo? ¿Qué pasa con el niño que perdió a los papás? Entonces hay un peligro en la familia natural. Hay un cierto peligro de egoísmo. Es decir, si nosotros estamos bien con eso nos contentamos y la mucha gente que está mal, la mucha gente que tiene soledad, que tiene depresión, que tiene ansiedad, que no tiene a nadie, que no tiene un abrazo, ¿Qué pasa con esas personas? Entonces la familia natural está muy bien cuando todo funciona bien, pero cuando las cosas salen mal.
Te pongo otro ejemplo, maravillosa la familia natural, es parte del plan de Dios, perfecto. Pero a veces hay problemas, hay conflictos entre marido y mujer. Y resulta que como se conocen tanto, aprovechan todo lo que cada uno conoce del otro, no para cuidarlo, no para levantarlo, no para animarlo, sino para herirlo. Entonces esa familia tiene que buscar ayuda, tiene que buscar auxilio por fuera, tiene que buscar auxilio más allá de sí misma. O sea que Dios no ha descartado el plan de la familia natural, pero es consciente de que la familia natural tiene que soportarse en un amor más grande, en un amor que trasciende, que ese es el amor de la comunidad cristiana, que ese es el amor de la auténtica familia en el Espíritu. Y por eso Cristo dice en primer lugar, los que son familia mía son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen, los que viven el ritmo de la voluntad de Dios, los que se abren a un amor sobrenatural.
Porque el amor de la familia natural es un amor que es como lo dice el nombre, es un amor natural que surge del gusto, por ejemplo, y que por lo tanto siempre tiene una contraprestación. Por ejemplo, de manera normal, para que una pareja llegue a casarse, pues él le tiene que gustar a ella, ella le tiene que gustar a él y eso está muy bien y eso lo quiere Dios, pero eso tiene sus límites. En cambio, el amor que viene de la voluntad de Dios, el amor que viene de la gracia de Dios, el amor que tiene calidad sobrenatural, trasciende eso. Entonces es empezar a amar no solamente ni principalmente porque me conviene, porque me gusta, porque estamos haciendo un plan, sino por una sobreabundancia que tiene su fuente en Dios mismo. Espero haberme explicado un poco.
Básicamente lo que se trata es que hay familia natural y hay familia en el Espíritu. La familia natural sigue el ritmo del amor natural, que es el amor del gusto, de la conveniencia y de la transacción. El amor sobrenatural trasciende esos límites, y lo que está diciendo Cristo es que para vivir el Evangelio no basta el solo amor de la carne y la sangre, porque suele ser muy limitado, porque incluso llega a ser bastante egoísta. Necesitamos una calidad superior de amor, que es la que surge de escuchar la Palabra de Dios, hacerla nuestra y vivir la voluntad del Señor. Eso es lo que va a salvar al mundo y eso es lo que va a salvar a las familias.

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