Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo estaba encontrando nuevos hermanos y una nueva forma de maternidad porque nuestra familia es la gente que busca la voluntad de Dios, que escucha su Palabra y que quiere ser fiel a Él.

Homilía o252008a, predicada en 20220920, con 5 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Amigos, hoy quiero compartirles una hermosa interpretación del Evangelio de hoy. Es cuando Cristo dice: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. Y esta interpretación que yo no conocía y me gusta compartir lo que voy aprendiendo. Esta interpretación dice que Cristo estaba encontrando nuevos hermanos y nuevas hermanas y en cierto sentido, una nueva forma de maternidad, un nuevo modo de ser madres en aquellas personas que van cumpliendo la voluntad de Dios. A ver si logro explicarme, que Dios me ayude.

Cuando pensamos en la familia, seguramente pensamos en un grupo estable. Por ejemplo, en mi casa fuimos papá, mamá y cuatro hijos, yo soy el tercero. Pero cuando se empiezan a pensar las cosas como Cristo. Yo no tengo un grupo ya establecido, ya definido, cerrado, de hermanos y hermanas, porque si conozco otras personas que cumplen la voluntad de Dios, que quieren seguir a Dios, que quieren escuchar la Palabra de Dios, pues esas personas son también mis hermanos. Entonces podemos decir que Cristo está pasando de un modelo estático de familia a un modelo dinámico de familia. Entonces mi familia es mucho más amplia, mi familia es mucho más grande y mi familia es mucho más dinámica, si miro las cosas desde el ángulo de Cristo. Porque entonces, familia mía, es mucha gente, pero mucha.

Familia mía es, por ejemplo, la gente que vive en Noruega o que vive en Bangladesh, o que vive en Japón, o que vive en Sudáfrica y que está buscando la voluntad de Dios y que está escuchando la Palabra de Dios y que quiere ser fiel a Dios. Todavía más, familia mía, son también aquellos que ya murieron en el Siglo Dieciocho, en el Siglo Tercero, en el Siglo Noveno, y que buscaron la Palabra de Dios y que quisieron hacer la voluntad de Dios. Ellos son mi familia también. Entonces mi familia es grande, mi familia se expande y por consiguiente pertenezco a un cuerpo inmenso. Pertenezco a una familia inmensa. ¿Te das cuenta la dinámica que esto trae? No es un desprecio a la familia de carne y sangre, claro que no, sino es lo que podríamos llamar un reajuste de prioridades. Vamos a reajustar las prioridades. Vamos a redescubrir qué va de primero y qué va de segundo. Y primero va la familia de Dios. Y la familia de Dios la descubrimos, la redescubrimos a partir del criterio que nos da Cristo. Cuando a veces nos encerramos demasiado en los intereses de la familia de carne y sangre, podemos caer en una especie de egoísmo, porque hay egoísmo en la persona, pero a veces hay egoísmo de pareja, a veces hay egoísmo de familia. Frente a todos esos egoísmos, Cristo está expandiendo la idea de familia para que nosotros descubramos que más allá de la carne y de la sangre están estos otros hermanos y hermanas.

Llama la atención la palabra madre que también utiliza Cristo ahí, porque cuando Cristo habla de madre, pues está hablando de lo que significa la mamá para nosotros. Bueno, cómo así que Cristo encuentra también madres en otras partes. Porque evidentemente está su mamá, su mamá de carne y de sangre, es decir, la Virgen María. ¿Qué significa eso de encontrar madres? Bueno, yo tengo un pequeño testimonio al respecto. Cuando estaba iniciando mi vocación religiosa, cuando yo veía la necesidad de dar un paso hacia la vida religiosa. Pues hubo un conflicto con mi propia mamá y ese conflicto pues se volvió un poco complejo porque no era tan fácil la relación con ella. Ella no estaba al principio de acuerdo con mi vocación. Pero yo encontré otras mamás, especialmente a través de un grupo de oración que había en aquel tiempo en mi parroquia. El grupo de oración Espíritu Santo, a través de ese grupo de oración, señoras de ese grupo de oración, en cierto sentido me adoptaron y me alimentaron espiritualmente para tener la fortaleza en esa transición que no era tan fácil. O sea que se cumple la Palabra de Dios. Y la familia que tenemos, créeme, si seguimos los pasos de Cristo, la familia que tenemos es mucho más grande de lo que parece. Que Dios te bendiga.

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