Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La conciencia se debe formar y a la vez no se debe idolatrar.

Homilía o252006a, predicada en 20200922, con 5 min. y 25 seg.

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Transcripción:

El libro de los Proverbios es una de las incontables joyas espirituales que tú ya tienes en tu casa, y muy seguramente no solo en tu casa, sino también en tu computadora, en tu tableta, en tu celular. Efectivamente, este libro de la Biblia está colmado de sabiduría. A mí a veces me admira cómo nosotros, católicos, desconocemos tantos tesoros que son nuestros. Tesoros de la Biblia, tesoros de los santos, tesoros del Magisterio, tesoros de los Concilios, tesoros de los Padres de la Iglesia. Desconocemos esto y a veces vamos a la casa de Novedades a ver, qué me ofrece el yoga, a ver qué me ofrece el pilates, a ver qué me ofrece el gurú, a ver qué. Oye y no conoces lo que hay en tu casa. Es como un hombre casado que no voltea a mirar a su esposa, que es una mujer hermosa, inteligente, una mujer increíble, no la volteé a mirar y está asomándose a la ventana a ver dónde aparece alguna vecina. Eso es lo que somos nosotros. Esa es la infidelidad de nuestro corazón.

Pero después de este regaño, volvamos al Capítulo Veintiuno del libro de los Proverbios, de donde fue tomada la primera lectura del día de hoy. Está lleno de frases. Eso es lo propio del libro de los Proverbios. Por algo se llaman Proverbios. Un proverbio no es una narración. Un proverbio no es una larga descripción. Un proverbio no es una parábola. Un proverbio no es el reporte de un hecho histórico. Un proverbio es una frase que condensa en muy pocas palabras toda una experiencia de vida. Y, por supuesto, si alguien se tomó el trabajo de condensar una experiencia de vida y un poco de luz de algo que le ha sucedido, si tú tomas ese proverbio y lo haces realidad en tu vida, pues tú también puedes aprovechar esa luz porque es para ti.

De todas las frases que aparecen hoy, yo quiero destacar una que está en el texto de la primera lectura. Ya dije Capítulo Veintiuno del libro de los Proverbios y la frase es esta: Al hombre le parecen rectos todos sus caminos pero es Dios quien pesa los corazones. Es Dios quien pesa los corazones. Buena advertencia, muy importante. Esto nos recuerda cuál es la enseñanza de la Biblia sobre el tema tan importante de la conciencia. Y básicamente te lo puedo resumir en dos puntos que están presentes de alguna forma en el proverbio que estoy citando. Los dos puntos que son como las claves de la conciencia en la Biblia, son estos.

En primer lugar, que es necesario formar nuestra conciencia. Así, por ejemplo, Jesús dice: La lámpara de tu cuerpo es tu ojo. Pero si tu ojo está a oscuras, ¿cuánta será tu oscuridad? Y de manera estándar, podríamos decir, se interpreta este tema del ojo con la conciencia. Porque así como los ojos del cuerpo nos permiten ver los obstáculos y evitarlos, así también la conciencia te permite ver los obstáculos. ¡Ey esta amistad no me conviene! ¡Ey esté en negocio, no pinta bien! ¡Esto que estoy haciendo no es correcto! Esa es la voz de la conciencia, que es también la luz de la conciencia. Entonces, el primer paso es que tú tienes que tener. Tienes que tener por favor. Tienes que tener formada tu conciencia. Es muy importante. ¿Cómo se hace la formación de la conciencia? De muchos modos, en la escucha de la Palabra de Dios, en la luz de la oración, sobre todo la oración de escucha, oración donde no simplemente estamos derramando ante Dios nuestras preocupaciones, sino que estamos atentos a su voluntad. Eso ayuda mucho. Los buenos libros de nuestra Iglesia Católica, empezando por el catecismo, es fantástico, mira la sección de los mandamientos. Por ejemplo, en el catecismo vas a encontrar unos tesoros increíbles, unos tesoros fantásticos. Eso es muy importante. Entonces, primero hay que formar la conciencia.

Segundo, que es lo que destaca el proverbio de hoy. No absolutices tu conciencia. Precisamente por el mismo hecho de que la formación de la conciencia es un proceso que en realidad no termina. Eso quiere decir que aunque tú estés demasiado seguro de lo tuyo, no idolatres tu propio parecer. Así, por ejemplo, encontramos que el apóstol San Pablo dice a mí la conciencia nada me reprocha, pero no por eso me creo salvado, mi juez será el Señor. Esa frase está en la primera carta de San Pablo a los Corintios y te dejo de tarea que la encuentres. Entonces date cuenta cómo de un simple proverbio encontramos todo un tema precioso que tenemos que formar nuestra conciencia, pero que en ningún caso, no importa cuántos estudios hayamos hecho, no importa cuánta experiencia de vida tengamos, no vamos a absolutizar o a idolatrar nuestra conciencia. De acuerdo.

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