Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¡Hay que entrar en sintonía con Dios! Aprender a llorar al sentir dolor por el pecado y aprender a alegrarnos del inmenso amor del Señor.

Homilía o243010a, predicada en 20220914, con 6 min. y 49 seg.

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Transcripción:

Se puede decir que todos los problemas que tiene el corazón humano empiezan por una falta de sintonía. La sintonía es una palabra muy bonita que quiere decir estar o compartir el mismo tono, o como dicen en algunos países, estar en la misma onda. Es necesario, es necesaria la sintonía. Yo miro, por ejemplo, el sufrimiento de las familias, mucho sufrimiento de las familias tiene que ver con que no estamos en el mismo tono. O sea, los papás no se entienden con los hijos, los hijos no quieren hablar o no se sienten entendidos por los papás. O sea, hay un cruce, no logran estar en la misma sintonía. Las peleas de las parejas son algo parecido. Usted mire, que es un espectáculo muy triste, o sea, no es algo que le deseo, pero usted mire las discusiones de las parejas y usted verá que son discusiones de falta de sintonía: No, es que tú siempre me dices esto, es que tú no me entiendes. No, que no entiendes, eres tú. Falta de sintonía.

Pero eso mismo que nos pasa en las relaciones humanas, eso también nos pasa con Dios. Y te voy a dar dos ejemplos que son muy importantes porque se repiten continuamente. El primer ejemplo es la persona que siente que los mandamientos que pone Dios, los mandamientos de la ley de Dios, son mandamientos para amargarle la vida a uno o para destruirle la libertad a uno, o para apagarle la felicidad a uno. Mucha gente se imagina la moral de la Iglesia, por ejemplo, de ese modo. ¿Por qué Dios va a impedir que yo ejerza mi libertad, que yo busque mi felicidad, Dios por qué tiene que meterse en el placer que yo encuentro en la vida? A Dios qué le importa con quién duermo yo, si yo quiero dormir con otro hombre, con una mujer, con un niño, con un animal, persona, cosa, ¿qué le importa a Dios?

Es decir, se va metiendo la idea de que Dios es una especie de estorbo, es una especie de entrometido en nuestra vida y que el mandamiento de Dios es una limitación de mi libertad. Esto lo ha dicho gente informalmente, pero también lo han dicho filósofos, por decir algo, Jean Paul Sartre decía eso, decía que Dios era el gran entrometido, que Dios qué hace quitándonos libertad. Y algunos de estos filósofos llegan a expresiones blasfemas porque no se puede decir otra palabra, como, por ejemplo, para que el hombre viva se necesita que Dios muera. O sea, Dios es el estorbo de mi libertad, porque Dios no me deja hacer lo que yo quisiera. Esa es una postura absolutamente extrema de lo que estamos diciendo, la pérdida de sintonía.

Y ¿por qué estoy hablando de la pérdida de sintonía? Pues porque de eso trata el Evangelio de hoy. Cuando Cristo se lamenta del lento avance que tiene el Evangelio en la gente de su tiempo, básicamente, lo que está diciendo Cristo es: ¿Cómo es posible que cuando ustedes tenían que llorar, no lloraron y cuando ustedes tienen que alegrarse, no se alegran? O sea, qué es lo que está diciendo Cristo: Ustedes no están en sintonía. Nosotros hemos perdido sintonía con Dios porque creemos que Dios limita nuestra libertad, interrumpe nuestra felicidad o, en general, que es un entrometido en nuestra existencia. Hay que recuperar la sintonía con Dios y recuperar la sintonía con Dios ¿qué es finalmente? Pues según lo que nos dice el Evangelio de hoy, es aprender a llorar y es aprender a alegrarse. O sea, uno tiene que aprender a llorar y uno tiene que aprender a alegrarse.

Y ¿qué es aprender a llorar? Aprender a llorar, de esto habla mucho Santa Catalina de Siena, que en su obra El Diálogo, tiene un tratado de las lágrimas. Aprender a llorar es aprender a dolerse de lo que uno tiene que dolerse. Y de lo que uno tiene que dolerse, según decía León Blair, de lo que uno tiene que dolerse fundamentalmente es de haber perdido la amistad con Dios, de haberse apartado del bien por excelencia, Es decir, el gran dolor que debería tener nuestro corazón, es el dolor del pecado, aprender a llorar. Tú sabes que hay una oración en la Iglesia que precisamente pide eso, es una oración que se encuentra en la hora de tercia en la liturgia de las Horas, donde dice exactamente eso, enséñanos a llorar nuestros pecados. Uno tiene que aprender a llorar.

Hay gente que se lamenta de muchas cosas y tal vez algunas de ellas son valiosas. Se lamentan porque perdieron dinero, porque perdieron un negocio, porque perdieron una mascota. No está mal que te duelas de esas cosas, pero ¿dónde está tu sintonía con lo que le preocupa, con lo que le duele a Dios, es decir, con el pecado? Entonces, este Evangelio es una invitación a empezar a entrar en sintonía con Dios. ¿Sabes cuando sintoniza uno con Dios? Tú piensas, por ejemplo, en una persona que se confiesa. Si esa persona cuando se confiesa, se duele realmente del pecado y se da cuenta que el pecado fue la razón última del sacrificio de Cristo en la Cruz, si una persona realmente siente dolor por el pecado, aleluya, aleluya. Esa persona está en sintonía, está entrando en sintonía con Dios. O sea, cuando tú te arrepientes de tus pecados, cuando te duele haber pecado, tú estás entrando en sintonía con Dios. Pero ojo que la sintonía no es únicamente la sintonía del pecado, o la sintonía, es decir, la sintonía del dolor por haber pecado.

Es también la sintonía y esta es todavía más importante la sintonía de la alegría y la sintonía de la alegría es entrar, precisamente, en el gozo. Como dice una de las parábolas de Cristo: Entra en el gozo de tu Señor. Es aprender a alegrarse con Dios. El primer libro de la Biblia que invita expresamente a alegrarse con Dios es el libro del Deuteronomio, cuando habla, por ejemplo, de lo que es la liturgia, el libro del Deuteronomio dice: Y tú te vas a alegrar. Tú te vas a alegrar con Dios, te vas a alegrar con tu Señor. Si, por ejemplo, estás así en la naturaleza, como estoy yo ahora mismo, hay que alegrarse de esto tan bello que ha hecho Dios, hay que alabar. Piensa en un Francisco de Asís que se llena de júbilo, que entra en éxtasis, que danza, que canta en el bosque porque está feliz con todo lo que ha hecho Papá Dios. Y empieza a decirle al sol: Tú eres mi hermano y a la luna: Tú eres la hermana Luna, porque está feliz. Hay que entrar en sintonía con Dios, aprender a llorar lo que merece ser llorado, que es el pecado, y aprender a alegrarnos del inmenso amor de Dios que se manifiesta en la creación y, todavía más, en la redención.

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