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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Debemos recibir y vivir todo talento y carisma pensando en el bien común y poniendo por encima de todo el amor.
Homilía o243007a, predicada en 20180919, con 5 min. y 14 seg. 
Transcripción:
Nuestra primera lectura el día de hoy está tomada de los capítulos 12 y 13 de la primera Carta de San Pablo a los Corintios. Ya sabemos que esta es una comunidad que padecía con frecuencia de divisiones, se presentaban divisiones entre ellos y es muy triste, pero al mismo tiempo es una gran advertencia, que algunas de estas divisiones tenían que ver con cosas espirituales. Si uno lo examina bien, es una terrible contradicción, porque estas realidades espirituales, en últimas, son los regalos, son los dones de Dios, y la división va en contra del plan de Dios. Entonces, si las divisiones se suscitan por los dones que Dios mismo nos ha dado, es casi como poner a Dios a pelear contra Dios. Lo que tú me diste, Señor, yo lo utilizo contra ti, cuando entramos en ese espíritu de división.
Digo esto porque la comunidad de Corinto gozaba de muchos carismas y había como una especie de competencia entre los carismas, cuál era más importante, si es más importante la elocuencia en la predicación, o es más importante el don de lenguas que daba como un aire de misticismo, o es más importante el tener mucho conocimiento, o tal vez es más importante hacer milagros. Y esa clase de discusiones que uno se da cuenta que tienen mucho de infantil, pero que a la vez hacen un daño terrible, esa clase de discusiones sucedían entre los corintios. Ellos tenían esa clase de divisiones. Entonces, Pablo aborda esta situación de las tensiones debidas a los carismas, lo aborda de dos maneras.
Primero, contándonos que sí hay una jerarquía en los carismas y que esa jerarquía se apoya en algo muy sencillo que se llama el bien común. Muy concretamente, él compara mucho el don de profecía y el don de lenguas. El don de profecía se entiende como la capacidad de reconocer el querer de Dios, la mirada y el querer de Dios para la comunidad en un momento particular de su historia. Es muy importante el don de profecía, por otro lado, es muy atractivo, es muy llamativo el don de lenguas, porque, repito, da un aire de cielo, de espiritualidad, de sobrenaturalidad, y eso pues, es muy atrayente. Entonces, Pablo hace la comparación entre estos dones y muestra que es mucho más importante el don de profecía, precisamente, en la medida en que está ayudando a la edificación del pueblo. En la medida en que hay mayor edificación, en esa medida hay mayor importancia. O sea que los carismas no se miden por el hecho de que sean espectaculares o sean extraordinarios. Se miden en proporción al bien que traen al pueblo de Dios, esa es la medida, eso es lo que debe preocuparnos.
Y por eso, en la cumbre de todos los carismas está el amor también como un regalo, no como algo que nosotros podemos simplemente construir con nuestras fuerzas, sino como algo que Dios nos concede, algo que Dios nos regala con el don de su Espíritu Santo. Y dice Pablo que ese es el primero y más importante de todos los dones, y ese es el único don que atraviesa, sin daño, atraviesa la puerta de la muerte, esa es la grandeza que tiene el don de amor. Uno se da cuenta que el don de amor es lo más edificante que hay, porque precisamente en la medida en que el amor se deleita en el bien, pues yo me deleitaré en el bien que tú has recibido. Y si el don que tú has recibido es distinto del mío, mi única preocupación es que ese don sea un bien para ti y sea un bien para la Iglesia. Y si en ti está también el don del amor, tú vas a sentir algo equivalente hacia mí. Entonces, cada uno va a ayudar a que crezca el don del otro.
Por eso podemos decir que la caridad, el verdadero amor de Dios en nosotros, es una especie de mega y meta don, porque nos está dando la capacidad de que todos los demás dones crezcan. El don que hace crecer los dones, el don que perfecciona todo don, es el don del amor. Así que, con estas dos enseñanzas, Pablo nos está aclarando cómo es que tenemos que recibir y vivir todo talento y todo carisma. Primero, pensando en el bien común y segundo, poniendo en la cumbre de todo el amor que es el don por encima de todo don.

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