Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aspiren al regalo del amor.

Homilía o243002a, predicada en 19980916, con 9 min. y 52 seg.

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Transcripción:

Hay textos de la Biblia que se vuelven tan conocidos y tan famosos que, incluso entre las personas alejadas de Dios y de la religión, son conocidos. Este himno al amor que está en el capítulo 13 de la primera Carta a los Corintios, es uno de los textos más conocidos. Y hay canciones, incluso canciones, sin una orientación propiamente religiosa, que recuerdan y que exaltan ese amor generoso que trae Pablo en el capítulo 13 de la primera Carta a los Corintios. Ya pensando dentro de la Iglesia, pues desde luego es muy conocido, pero desde hace tiempo tengo la impresión de que es malentendido.

Me explico, aquí se nos hace una descripción de lo que es el amor. Y entonces, uno como que va haciendo una especie de examen de conciencia sobre si tiene o no tiene esas características. Un amor que no se irrita, listo, ya, esa no la tengo. Un amor que disculpa sin límites, tampoco. Un amor que es servicial, más o menos. Uno podría hacer, de este capítulo 13, una especie de lista para examen de conciencia. Pero, la pregunta es si eso es lo que quería el apóstol San Pablo, si para eso está ese texto ahí, porque probablemente esa no era la intención de él. Y efectivamente, si miramos más de cerca, el objetivo de este capítulo no es mostrar todo lo que uno no es o todo lo que uno no alcanza, el propósito es distinto.

¿En qué contexto habla San Pablo del amor? Se trata de los capítulos 12 al 14, de la primera Carta a los Corintios, que son los capítulos dedicados a los carismas. Y entonces, por eso lo compara con el don de predicar, con el don de lenguas, lo compara con la sabiduría misma. Está hablando de los carismas, la palabra carisma significa regalo, es un regalo. «Hermanos, ambicionad los carismas mejores». Tal vez no sea buena traducción, decir ambicionad, más, más apropiado, tal vez decir: aspirar a los carismas mejores. Ya, cuando se empieza por traducir ambicionad, ya empezó mal, ya empezó mal. Ambicionad a los carismas mejores. Uno, ningún regalo ambiciona, uno aspira a que le den ese regalo y uno dice: Qué tan bueno que me dieran ese regalito, hombre. Ese es el regalo que yo necesitaría. Pero, eso si no está en mis manos.

«Aspirad a los carismas mejores», realmente lo que les está diciendo San Pablo es en todos estos capítulos 12, 13 y 14, lo que les está diciendo es: Miren, hay regalos y regalos, hay regalos muy espectaculares, como el don de lenguas, hay regalos muy atractivos como el don de sanación, hay regalos que dan cierta prestancia, como el don de predicar, hay regalos que pueden, incluso llevar a la soberbia, como la sabiduría, hay regalos grandes, pero hay un regalo que es el más grande de todos, pero el hecho de que sea el más grande de todos no le quita que sigue siendo un regalo. Él no está hablando aquí de cómo uno tiene que esforzarse hasta reventarse, hasta que logre disculparse sin límites, crecer sin límites, esperar sin límites y no llevar cuentas del mal. Esto es enloquecedor, si uno intenta esto con las fuerzas de uno, esto es enloquecedor. Bueno, voy a tratar de no llevar las cuentas del mal, pero hay que ver que me han hecho hartos males, por ejemplo, y ahí está uno llevando cuentas.

Es como si a uno le dijeran: Bueno, intenta no pensar en la mala cara de su enemigo. Con que le digan eso a uno le parece tener enfrente la cara del enemigo. No llevar cuentas del mal, ¿cómo hacemos para no llevar cuentas del mal? Entonces, el propósito de este capítulo 13 de la Primera carta a los Corintios, el propósito central no es atención, no es que uno empiece a esforzarse y empiece a trabajar y uno empiece con una metodología a ver si uno logra tener esas cualidades que describe el apóstol ahí. Ese no es el propósito, él está hablando de regalos, está hablando de regalos y por consiguiente, ¿cuál sería el verdadero sentido entonces de este texto?

Lo que Pablo les está diciendo es: Mire usted, les gustan los regalos, no les gustan harto, y ustedes se fascinan con esos carismas. Y con él uno tiene profecías, el otro tiene mensajes, el otro habla en lenguas, el otro no sé qué, el otro interpreta, el otro cura, el otro enferma. Bueno, ustedes son fascinados, están traumados con los regalitos, aspiren a los regalos más grandes, pidan esos regalos más grandes. O sea que lo que está diciendo aquí el apóstol es para que nosotros veamos no cómo nos toca hacer, sino cómo nos va a volver Dios cuando llegue el regalo del amor. Es una cosa totalmente distinta, totalmente distinta. Pero, lamentablemente este texto casi siempre se interpreta como nos toca hacer, eso no es lo que estaba diciendo Pablo. Pablo estaba haciendo labor evangelizadora aquí, estaba contándoles una buena noticia, la gran noticia del amor de Dios y del poder del Espíritu. Y el único temor del apóstol es que esta gente se engolosina con los mensajitos, con las lenguas, que se engolosinen con las sanaciones y las profecías y se pierdan del regalo grande, del premio gordo, eso es lo que teme el apóstol. Entonces por eso les dice: No, ustedes aspiren al regalo más grande y miren cómo van a ser ustedes cuando les llegue ese regalo grande.

Miren cómo nos va a volver Dios cuando nos llegue el regalo del amor, cuando nos llegue el carisma de los carismas, cuando llegue el regalo del amor a nosotros ¿qué va a pasar, qué va a pasar? Mira, nos vamos a volver comprensivos, nos vamos a volver serviciales, Ya no tendremos envidia, ni vamos a presumir ni engreírnos. No vamos a ser ni maleducados ni egoístas y así sucesivamente. Y cuando a uno le dicen eso, tú sabes cómo te vas a volver tú cuando te llegue el regalo del amor. Mira, te vas a volver así y así. O sea, ¿qué siente uno ahí? Uno dice: ¡Ay, tan bueno eso! Y qué rico que me llegara ese regalo. Eso era lo que quería el apóstol, eso era lo que quería el apóstol, que a nosotros se nos hiciera agua la boca, como cuando le dicen si sabe lo que hay de comida: Mire, prepararon y además de eso sancocho, y además de eso, y al final hay un postre que usted no se lo imagina. Y entonces ya siente uno que se le hace algo a la boca porque le están describiendo el regalo que le van a dar.

Eso era lo que quería el apóstol que nosotros supiéramos: Todo lo que va a cambiar en mi vida, verdad que yo llegaré a ser servicial. Yo, que soy la mata del egoísmo, verdad que yo voy a ser servicial. Soy terriblemente impaciente, soy presumido, me engrío. Cuando yo, es el regalo del amor de Dios, el carisma, ¿yo voy a transformarme así? Y a mí que me den ese regalo. No, no, yo sí voy a pedir. Voy a rogarle a Dios que me dé ese regalo. Y eso era lo que quería el Apóstol. Y por eso, ha pintado con las mejores tintas y con los trazos más elocuentes el regalo del amor para que uno diga: Yo quiero que me den ese regalo.

Y frente a ese regalo, qué cuentos de lenguas, interpretaciones, qué cuentos de profecías ni de sanación, lo grande es ese regalo, que es el regalo para la eternidad, porque es, incluso más grande que la fe, un regalo que es mayor que el don de la fe. Uy, yo quiero ese regalo, que me den de eso, pero harto, eso era lo que quería el apóstol. Si yo he logrado que usted tenga también ganas de que le den ese regalo, entonces quiere decir que la predicación sirvió. Si no que el Espíritu Santo ayude, te ayude el Espíritu y siga predicando en el corazón y en cada corazoncito suscite el hambre, el hambre infinita del regalo del amor, porque ese regalo de amor hará de ti lo que verdaderamente Dios quiso de ti.

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