Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo es Señor de todo: de nuestros corazones y voluntades, pero también de aquello que no podemos controlar. Reconocer Su señorío es entregarle toda nuestra vida y confiar en que Él puede obrar en ella.

Homilía o241010a, predicada en 20260914, con 7 min. y 19 seg.

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Transcripción:

La frase que más me llama la atención del evangelio de hoy es aquello que dice ese centurión que estaba pidiendo un milagro para un criado suyo. Dice este centurión: Yo también vivo bajo disciplina, si yo le ordenó a un criado mío que haga algo, lo hace. Y le dice esas palabras, o le manda decir esas palabras a Jesús por un motivo, porque quiere que Jesús le dé una orden a la enfermedad, le dé una orden a esa dolencia que maltrata la vida de aquel criado. Y lo que quiere es que Jesús le dé una orden a esa enfermedad y que esa enfermedad, ese malestar, ese daño que experimenta ese hombre, se acabe y que él pueda recuperar la salud. Ese es el propósito. Eso es lo que quiere este centurión.

Pues bien, observemos la esencia de esa petición. Yo te pido que nos detengamos en lo que él exactamente está pidiendo. Traducido a nuestro lenguaje es: Yo soy centurión romano. Yo doy órdenes y mis órdenes se cumplen. Tú tienes más poder que yo, Jesús. Tú puedes dar órdenes y tus órdenes se van a cumplir. El centurión le da órdenes a sus criados y le dice a Jesús: Sana a mi criado enfermo. Es decir: dale una orden a la enfermedad para que la enfermedad se vaya. ¿Habías notado ese dato? Que lo que está pidiendo el centurión es que Jesús le dé una orden a la enfermedad para que la enfermedad se vaya, para que la enfermedad desaparezca. Eso es lo que le está diciendo a Jesús. Dale una orden a la enfermedad. ¿Y cuál es la orden que tiene que darle a la enfermedad? La orden es que se vaya. ¡Que se vaya de ahí!

Esto es impresionante, porque cuando nosotros nos damos cuenta de qué es lo que está pidiendo este centurión, entonces nos damos cuenta también de qué es lo que Jesús puede hacer en nuestra vida. Nos damos cuenta que Jesús en su poder, tiene la capacidad de darle órdenes no solamente a las personas como el centurión, sino que Jesús puede darle órdenes también a la enfermedad. Esto nos suena tal vez raro darle órdenes a una enfermedad. Pero mira, ¿tú recuerdas aquel pasaje donde está Jesús en la barca? Ahí Jesús dio órdenes ¿a quien le dio órdenes? al mar y al viento les dio órdenes. De hecho, las palabras que recuerda el Evangelio son palabras con las que Jesús le dice al viento ¡Cállate! Y le dice al mar ¡Cálmate! Jesús le da órdenes al mar. Jesús le da órdenes al viento. Jesús le da órdenes a los demonios. Jesús le da órdenes a la fiebre. La fiebre que padecía la suegra de Pedro. Le da órdenes.

Entonces, ¿qué significa esto? Pues que Jesús tiene poder no solamente sobre nosotros, las personas humanas, sino que Jesús tiene poder también sobre las enfermedades, sobre los vientos, sobre los mares. ¿A ti no te llama la atención eso? Cuando nosotros decimos que Cristo reina, pues uno piensa seguramente en lo que Él hace en nosotros los seres humanos. Cristo Reina significa también que Cristo nuestro Señor, tiene la capacidad de darle órdenes a lo que nosotros no controlamos.

El libro de Job en el capítulo treinta y ocho nos habla de cómo Dios le da órdenes a las aguas. Dios le da órdenes a las aguas y le pone un límite a las aguas. En síntesis, el sentido más profundo de este evangelio está en que Dios es el Señor y Jesucristo, que es verdadero Dios. Jesucristo es verdadero Señor, es Señor que le da órdenes a las aguas, que le da órdenes a la enfermedad. Jesucristo es Señor del universo. Él reina sobre los corazones, Él reina sobre las voluntades, pero también reina sobre el universo visible. Decía una vez el Papa Benedicto, a quien siempre recordamos con tanto amor. Decía el Papa Benedicto negar los milagros de Cristo como la multiplicación de los panes, o como la tempestad calmada, o como la lepra curada. Negar los milagros de Cristo es negar el señorío de Dios. Estamos negando el señorío de Dios.

Si nosotros decimos que Dios no puede hacer, no puede hacer. Por ejemplo, que una enfermedad se vaya o que un mar se cumple, se calme. Él es el Señor. Y cuando tú llamas a Cristo para que sea Señor de tu vida, para que haga su obra en tu vida, es para que Él sea Señor de todo. Todo lo que rige tu vida. Imagínate que tú le digas a Cristo: Quiero que tú seas el Señor de mis negocios. Quiero que tú seas el Señor de mi tiempo. Quiero que tú seas el Señor de mi casa. Ese es el verdadero sentido del señorío de Cristo. Él es el Señor, Señor sobre nosotros, Señor, sobre el mar, Señor sobre la enfermedad, Señor que manda y que arroja, y que expulsa al pecado, al demonio. Él es el Señor.

A él toda la gloria y el amor. Amén.

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