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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuidado con despreciar una celebración Eucarística que es válida y a la vez licita solo porque quiero imponer mi criterio, mi gusto personal, mi espiritualidad particular y eso finalmente desgarra al Cuerpo de Cristo.

Homilía o241009a, predicada en 20240916, con 8 min. y 44 seg.

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Transcripción:

La comunidad de Corinto, mis hermanos, trae muchísimas enseñanzas para nosotros. Pienso yo que en primer lugar, porque aquellos corintios eran una comunidad cristiana, pero una comunidad que venía del paganismo. Es decir, el pasado de ellos era un pasado completamente ajeno a la alianza de Dios, completamente ajeno a la ley de Moisés, completamente ajeno a las promesas que Dios había hecho. Y la verdad es que nosotros, pues, hemos recibido el don de la fe, lo cual es un tesoro invaluable, infinito. Pero nosotros también tenemos un pasado pagano. Si analizamos, por ejemplo, países como el mío, Colombia u otros países cercanos, que sé yo, Perú o México. Ahí no se honraba al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Aquellas tribus eran paganas. Entonces yo creo que hay un parecido, hay una conexión.

A mí por lo menos me hablan muchísimo los textos de las cartas a los Corintios. Y muchos de los fenómenos que se presentaron en ese momento, yo veo que se están presentando en la Iglesia de hoy. Piensa, por ejemplo, en el tema de las divisiones, que es un tema que aparece en la primera lectura de la Misa de hoy, porque es muy interesante cómo Pablo está hablando de la Eucaristía. Estamos en el Capítulo Once de la primera Carta a los Corintios. Pablo habla de la Eucaristía y refiriéndose al misterio de la Eucaristía, dice hay bandos entre ustedes, hay divisiones entre ustedes. Eso ya no es la cena del Señor. Yo miro, por ejemplo, en nuestro tiempo, cómo hay personas que pretenden dividir la Eucaristía. ¿Dividirla en qué sentido? En el sentido de crear como su propia Misa. O creer que su manera de celebrar la Misa es la única, la única válida.

En esto yo creo que hay que recordar temas básicos, básicos de lo que enseña el Derecho Canónico, es decir, el cuerpo legislativo que rige en la Iglesia Católica. Porque enseña el Derecho Canónico que los sacramentos deben celebrarse de una manera válida y además lícita. ¿Qué significa un sacramento válido? Quiere decir un sacramento donde se realiza lo que quiere la Iglesia tal como lo ha recibido de Cristo y donde se puede esperar el fruto propio, esa es la validez. Por ejemplo, si una mujer se pone una estola y dice yo ahora soy sacerdotisa y dice todas las palabras que están en el misal y esto es mi cuerpo, esta es mi sangre. Eso no es válido. ¿Qué quiere decir? Por más que ella lo diga o lo diga cualquier otra mujer u otra persona que no está ordenada, ahí no está la Eucaristía, ahí no está Cristo. Eso no es válido. No ha sucedido nada. O peor, lo que ha sucedido es una burla, una profanación. Esa es la validez.

Y la licitud en qué consiste. Una celebración es lícita cuando se realiza con todas las disposiciones que tiene la Iglesia. Por ejemplo, dentro de la Iglesia, en la liturgia de la Misa, para seguir con el ejemplo de la Misa, igual podríamos hablar de otros sacramentos. Hay una parte muy bella que es el Señor Ten piedad. Si yo cambio, el Señor ten piedad por un canto de reflexión, de interiorización, que me parece que es muy bonito y está muy de moda y les encanta a las personas que están conmigo ahí, pues estoy haciendo algo indebido, pero ¿eso ya cancela el hecho de que Cristo se haga presente en la Eucaristía? no. Ahí tendríamos una celebración que es irrespetuosa de lo que quiere la Iglesia, una celebración que indudablemente causa perplejidad, causa escándalo, si hay por lo menos gente que sepa de eso ahí. Pero sigue siendo una celebración válida. Continúa la Misa, se hace bien la consagración, todo. La celebración es válida, pero no es lícita porque no se siguió exactamente lo que dispone la Iglesia.

O sea que hay desobediencias que destruyen la validez. Por ejemplo, si se le dice a una mujer que consagre la Eucaristía o si se le dice a un laico cualquiera que consagre la Eucaristía, ahí hay una desobediencia a lo que manda Cristo y la Iglesia, y eso afecta la validez. Si se dice en vez del Señor ten piedad, se dice un canto de reflexión no sé qué, no se afecta la validez, pero sí se afecta la licitud. Es válido, pero estuvo mal hecho. Lo mismo sucede con los pecados de nosotros los sacerdotes. Si un sacerdote está en pecado mortal. Y celebra así la Eucaristía, ahí está presente, por supuesto, Cristo. Pero de alguna manera se ha hecho algo que está mal. No debería ser así. No afecta el hecho de que esté presente Cristo. Pero es que nosotros no debemos atender solo a la validez, sino también a la licitud.

Toda esta explicación sobre lo válido y lo lícito es importante, porque allí donde las celebraciones son válidas y lícitas. Son válidas por una parte, y son lícitas al mismo tiempo. Por supuesto, yo no tengo ningún derecho a despreciar esa celebración. Entonces, si una persona, por ejemplo, a nombre de su gusto por la Renovación Carismática, desprecia la celebración que es válida y lícita, bien hecha en latín, pues está cometiendo un grave error y está desgarrando el cuerpo de Cristo, o lo contrario, si la persona que ama la Misa de Trento y la celebra válida y lícitamente, desprecia la celebración de la Misa, según mandó el Concilio Vaticano Segundo con el misal que llamamos de Pablo Sexto. Esa persona también está desgarrando el cuerpo de Cristo. Dicho de otra manera, nosotros tenemos que fijarnos en que las celebraciones sean válidas y sean lícitas. Pero una vez que una celebración es válida y es lícita, yo no tengo ningún derecho a despreciarla, porque si yo desprecio lo que es válido y lícito, simplemente estoy tratando de imponer mi criterio, mi gusto personal, mi espiritualidad particular y eso finalmente lo que hace es desgarrar el cuerpo de Cristo. ¡Qué advertencia tan oportuna! Y viene desde el tiempo en que Pablo predicó a los Corintios.

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