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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe se hace fuerte y grande al cimentarse sobre la sensatez, la generosidad, la humildad y la obediencia.
Homilía o241006a, predicada en 20200914, con 5 min. y 19 seg. 
Transcripción:
Hola. Hoy vamos a hablar de escoltas. Cuando te digo la palabra escolta, seguramente piensas en esos grupos de personas muchas veces armadas, que acompañan a un gran personaje para protegerlo. Pero quiero hablarte hoy de otros escoltas. De hecho, vamos a hablar de unas escoltas. Vamos a hablar de aquellas virtudes que sirven de escoltas para la fe. El Evangelio de hoy fue tomado del capítulo séptimo de San Lucas. Nos cuenta ese hermoso milagro que realiza Jesús a petición de un hombre pagano. ¡Atención, hombre pagano! No era judío y sin embargo hay un elogio muy grande que hace Jesús sobre este hombre. Dice: En Israel no he encontrado tanta fe. La fe es una virtud preciosa. Pero la fe, como buen personaje importantísimo que es, necesita escoltas. Y cuáles son las virtudes que escoltan la fe, según el pasaje de este capítulo séptimo de San Lucas. Pues observemos cómo era este hombre. Él pertenecía al poder invasor romano. Era un centurión, tenía una cantidad de soldados, es decir, era un hombre que manejaba poder. Sin embargo, él obra de una manera sensata. Está en la ciudad de Cafarnaúm, en Galilea. Y la sensatez es la primera virtud que brilla ahí. Su modo de relacionarse con aquellos judíos no es a través de la fuerza, a través de la imposición violenta. Más bien tiene aprecio por esa cultura, aunque él es el que tiene el poder. Obra de un modo respetuoso hacia las costumbres de los judíos hasta el punto de facilitar la construcción de la sinagoga de Cafarnaún. Posiblemente buscando recursos él mismo. Ahí aparece una segunda característica. Es un hombre sensato que no se dedica simplemente a usar su poder y es un hombre generoso. Sensatez y generosidad. La generosidad también aparece con respecto a este criado. Hay una persona que está al servicio de él. En aquel tiempo, los romanos creían plenamente en la esclavitud, y el modo de pensar de los romanos era que un esclavo es una cosa. De hecho, un gran filósofo de la antigüedad, Aristóteles, decía que un esclavo es como una herramienta viva, una cosa. Eso decía Aristóteles. Entonces era muy natural en el mundo antiguo que si una persona dejaba de servir, como por ejemplo una herramienta que se daña, ¿que haces con ella? La desechas. Pero este hombre no obra así, es profundamente humano, es generoso. Él quiere la salud para su criado. Entonces un hombre sensato, un hombre generoso, un hombre humilde. Fíjate lo que le dice a Jesús. No soy digno de que entres bajo mi techo. Un hombre humilde. Esta es una de las características más bellas de la fe. Porque nosotros. Para acercarnos a Dios y para creer en su poder, necesitamos también proclamar su grandeza. Es humilde y es un hombre acostumbrado a la obediencia.
Por eso Él da el ejemplo de cómo también Él da órdenes y se cumplen. Te das cuenta entonces, cuáles son las escoltas de la fe. Un hombre sensato, generoso, humilde y obediente. Podemos decir que sobre la base, sobre estos pilares, se hizo grande su fe. Pero los pilares no sobran. No le sobraron a él y no nos sobran a nosotros. Si queremos fortalecer nuestra fe, vale la pena tener en cuenta estos pilares sensatez, generosidad, humildad y obediencia. Dios te bendiga.

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