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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
A medida que buscamos las cosas realmente importantes podremos encontrar la verdadera unidad.
Homilía o241005a, predicada en 20180917, con 5 min. y 10 seg. 
Transcripción:
La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número once de la primera Carta de San Pablo a los Corintios. Con toda razón, nuestra Madre la Iglesia, quiere que leamos con tanto detalle este documento precioso, la carta de Pablo a los Corintios. Porque en la diversidad de los temas y problemas que San Pablo tuvo que tratar con esta comunidad, aparecen, podríamos decir, como en semilla, temas y problemas que la Iglesia ha tenido que enfrentar en toda su historia. Dicho de otra manera, aquellos corintios estaban hechos de lo mismo que nosotros, del mismo barro, y porque eran del mismo barro, ya presentaban las mismas situaciones que encontramos en nuestro tiempo. Por ejemplo, el día de hoy aparece el tema de la división, divisiones, tensiones, rensillas, partidos. Son realidades que han acompañado la historia de la Iglesia. Hoy, por ejemplo, con mucha facilidad se hacen clasificaciones y se ponen etiquetas. Este es un conservador, este es un progresista, este es un curita de derechas, este es de izquierdas, este es un ultra ortodoxo y así vamos poniendo etiquetas y así vamos facilitando la tarea al demonio de mantener divisiones dentro del cuerpo de Cristo. Hablemos un poco sobre eso. ¿Qué hacer con esas etiquetas? San Pablo es muy claro en el texto de hoy para decirnos que esa clase de divisiones atentan contra la verdad del sacramento eucarístico. Efectivamente, sacramento de unidades por excelencia la Eucaristía. Nos alimentamos de un mismo pan, bebemos de un mismo cáliz. Es decir, hay un lenguaje de unidad que está incorporado, por así decirlo, en la Santísima Eucaristía y es el lenguaje de unidad, queda falseado completamente. Si estamos en esta clase de divisiones, ¿qué hay que hacer entonces? Hay como hay como tres caminos que históricamente se han presentado. Un camino es vamos a aplastar al otro, vamos a eliminar capacidad de juego. Entonces, si el Papa que tenemos ahora es un Papa más bien conservador y de derecha, entonces trata de neutralizar, trata de jubilar muy rápidamente a todos los que sean de izquierda y trata de nombrar obispos de derecha por todas partes, porque vamos a aplastar a esos izquierdosos. O lo contrario, el Papa más bien es de tendencia de izquierda. Entonces va sacando prontito, prontito va sacando a todos los que sean como conservadores y va poniendo en todas partes obispos que le den fuerza a la tendencia de izquierda. Esa es la primera, llamémoslo así, la primera reacción que se presenta con esto de las etiquetas. Vamos a ganar. Uno se da cuenta de que este juego no va a funcionar. Uno se da cuenta que esto a la larga le hace más daño a la iglesia, porque entonces significa que si este Papa no me gusta, entonces voy a esperar a que llegue el otro papa que sí me gusta para que saque a estos obispos. Y realmente lo que estamos es profundizando, no sanando las divisiones. Otra alternativa, otro camino que se ha seguido, que tampoco es verdadera solución, es cuando se presentan las cosas como una especie de convivencia pacífica. Lo que en mi país, Colombia, a veces se llama hagámonos pasito, es decir, tengamos unas parroquias que sean muy conservadoras, posiblemente con todas sus celebraciones elegantes y todas esas cosas, y tengamos otras parroquias en donde todos los que sean prácticamente comunistas, medio incrédulos, pues puedan tener sus celebraciones y ahí estamos en una convivencia pacífica. Eso tampoco es solución. La verdadera solución, indudablemente, es ir buscando qué hay de verdad, qué hay de justo, qué hay de correcto en cada estilo, en cada tendencia o en cada etiqueta. Si te parece. Y nos daremos cuenta, por ejemplo, que muchos de los que llamamos de izquierda nos están recordando un mensaje que es esencial al Evangelio. Nos están recordando el servicio, la entrega por los más necesitados. Eso no es que corresponda o que sea el patrimonio exclusivo de la izquierda, es que todos tenemos que hacerlo. Y nos damos cuenta que la celebración fiel, amorosa, orante profunda de los misterios, no es patrimonio de la derecha. Todos tenemos que hacerlo. Entonces, a medida que vamos buscando las cosas que son realmente necesarias, realmente esenciales, entonces sí podremos encontrar la verdadera unidad. Así sea.

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