Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Jesús nos invita a preguntarnos qué frutos estamos dejando en nuestra vida y en quienes nos rodean. Dejémonos cuestionar por su Palabra y pidamos una vida verdaderamente fecunda.

Homilía o236010a, predicada en 20260912, con 7 min. y 19 seg.

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Transcripción:

Dice nuestro Señor Jesucristo: «Por sus frutos los conoceréis». Y hay por lo menos tres preguntas que podemos hacernos a partir de esta enseñanza de Él.

?La primera: ¿qué rastro estamos dejando? ¿Cuál es nuestro eco, la estela que dejamos? Tú piensas que un barco, cuando va recorriendo las aguas, va dejando una estela; nosotros también nos vamos moviendo y en ese movimiento vamos dejando una estela, vamos dejando el rastro. ¿Cuál es el rastro que estás dejando?

?A mí me gusta hacer esta pregunta en retiros espirituales y me gusta que la gente se pregunte seriamente: cuando yo estuve, por poner un caso, en tal trabajo -muchas veces la gente ha pasado por dos, por tres trabajos, ¿no?-, cuando yo estaba en ese empleo hace 15 años o, por ejemplo, cuando yo colaboraba en tal grupo, cuando yo trabajaba en tal parroquia, cuando yo estaba en tal sitio, ¿qué quedó ahí? ¿Cuál es el fruto que quedó ahí? Esa es una pregunta que nos invita realmente a entrar en nosotros mismos y, sobre todo, a no repetir errores, porque uno tiende a repetir algunos errores.

?Segunda pregunta: termina una amistad, termina un periodo en tu vida. Por ejemplo, terminó tu tiempo en la universidad o en una especialización. Ahora pensemos en el fruto que eso te dejó a ti. Yo mismo he tenido la experiencia de acercarme a algunas personas y ser amigo de algunas de ellas, y resulta que no todas las amistades prosperan. Hay amistades que, por decirlo de alguna manera, parece que fueron por un tiempo. Y también ahí uno tiene que preguntarse: ¿qué me dejó eso? ¿Qué quedó para mí de esa experiencia, de esa amistad? ¿Cuál es el fruto que eso dejó en mí? Pertenecí a un grupo de oración, me tuve que retirar, me mudé, cambié de estado de vida, me salió otro trabajo; ¿qué fruto dejó eso en mí?

?Hace poco me comentaba una señora que ella tiene su hermano, y el hermano y la familia del hermano han entrado en un cierto grupo católico, oficialmente católico, y me dice ella que la presencia de su hermano en ese grupo lo ha vuelto cada vez más distante, más arrogante. Eso ha lastimado a la familia. Entonces ella analiza el fruto y ella dice: "No me gusta lo que ese movimiento -un movimiento supremamente conservador, aunque en este momento en plena comunión con la Iglesia-, le está haciendo a mi hermano. No me gusta el daño que ha causado a nuestra familia, no me gusta". Ella está en su derecho, ella está examinando el fruto.

?Y mi último ejemplo, muy sencillo: pensemos en la dirección espiritual. Yo he tenido la oportunidad de acompañar espiritualmente a algunas personas. Y lo que yo he visto es que algunas de ellas, en el acompañamiento espiritual o en su vida espiritual, realmente lo único que esperan es una suerte de desahogo emocional o de aprobación de lo que ya creen. Por eso hay algunas personas, pongamos por caso, que tienen la idea de que la brujería, un espíritu perverso o alguna posesión les está afectando -posesión diabólica-, y entonces acuden a un sacerdote que, en su discernimiento, no está de acuerdo con eso, de manera que buscan y buscan sacerdotes hasta que encuentren uno que les diga lo que quieren oír.

Por sí mismo esto ya despierta una desconfianza; pero lo más grave viene ahora. ¿Sabes qué es lo más grave? Que la relación establecida entre esta persona supuestamente poseída y ese supuesto sacerdote (bueno, vamos a decir, es un verdadero sacerdote; pero sucede que muchos de los que están metidos en esos temas continuos de liberación tienen problemas de obediencia; no todos, ah, no todos) es relación estéril, pues la persona quiere que el sacerdote, continuamente, le esté haciendo liberaciones. Y éste se siente importante, se siente relevante dentro de esa historia, porque cree que lo que está haciendo es, efectivamente, ayudar a esta persona. Pero eso va en círculos, eso no va para ninguna parte. Hay un desahogo emocional, hay una relación, hay una transacción, a veces incluso sentimental, ¿pero cuál es el fruto que eso deja? ¿Dónde está el crecimiento?, ¿dónde, el servicio?, ¿dónde, el camino en la fe de esa persona? Es únicamente un ciclo de liberaciones, de supuestas liberaciones, un ciclo estéril.

?Estos son ejemplos solamente. Te repito los tres ejemplos: primero: pasé por un lugar, ¿qué rastro dejé ahí?; segundo: tuve una amistad o veo lo que hace un grupo, ¿qué ha dejado eso en mí? No lo que yo he dejado, sino lo que eso ha dejado en mí; y tercera experiencia: cuidado con esos ciclos estériles de exorcismos interminables, de liberaciones interminables, de obsesiones espirituales interminables, que en realidad son lo que yo estoy dibujando aquí con mi dedo: círculos viciosos. Eso no produce ningún fruto. Dejémonos cuestionar por el Señor, dejémonos cuestionar por su Palabra y pidámosle que nos dé una vida realmente fecunda. Así sea.

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