Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No te contentes con poco porque Dios te dio un corazón grande, insaciable que ni el dinero, ni ningún afecto humano, ni ninguna realidad parcial te llene porque el Señor quiere ser el Único que colme tu alma.

Homilía o233010a, predicada en 20220907, con 5 min. y 6 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo sexto y contiene las bienaventuranzas en la versión de Lucas. Sabemos que las bienaventuranzas son un texto absolutamente central para nosotros los cristianos, porque el que habla de bienaventuranza habla de plenitud, habla de realización, habla de cumplimiento del plan de Dios en la vida humana. En síntesis, habla de aquello que más anhelamos y que más necesitamos. San Mateo contiene este texto de las Bienaventuranzas en el capítulo quinto, al comienzo de su Evangelio, y Lucas, que es del que viene el texto de hoy, lo contiene, contiene las bienaventuranzas en el capítulo sexto.

El contraste entre Mateo y Lucas es notable, sobre todo porque Lucas no solo tiene las bienaventuranzas, sino que también tiene como unas lamentaciones que también se llaman los ayes, por esa exclamación de dolor: ¡Ay, ay de vosotros los ricos! Entonces los ayes, las lamentaciones o las malaventuranzas. Y a veces uno como que no logra encajar en su cabeza qué era lo que quería decir Cristo con aquello de: ¡Ay de vosotros los ricos! ¡Ay de vosotros los que ahora reís! Pero les quiero compartir una interpretación que conocí hace poco y que me parece que es muy bella y muy profunda, además muy tradicional.

Básicamente traducido a nuestro lenguaje, esa interpretación es esta: Mira, no te contentes con poco. Dios tiene para ti algo mejor. Es decir, el peligro de las riquezas no es ser rico y el peligro de la risa no es que estés contento. O el peligro de que te quieran, no es que la gente tenga afecto hacia ti. No, mira el verdadero peligro, ¿sabes cuál es el verdadero peligro? Que tú te contentes con eso, es decir, que tú reduzcas tu corazón al tamaño de tu fortuna, que tú reduzcas tu corazón al tamaño de las multitudes que te quieren y te aplauden, que tú reduzcas tu corazón al tamaño de la alegría que tienes en este momento. Sabes por qué Cristo dice: ¡Ay de vosotros! Porque esos que Cristo llama malaventurados, esos que lejos de recibir una felicitación, reciben el lamento de Cristo, son aquellos que achicaron el corazón.

Si tú te sientes saciado, si tú te sientes contento, si tú estás satisfecho, sólo puede haber una explicación, achicaste tu corazón, solo hay esa, porque Cristo en el fondo nos está revelando el misterio grande del corazón grande, es que Dios nos dio un corazón grande, nuestro corazón es grande y para estar satisfechos con unos millones de dólares, para estar satisfechos con miles de personas que nos aplauden, para estar satisfechos con la alegría de hoy, para estarse satisfecho con eso, ¿sabes lo que hace falta? Que te hayan achicado el corazón. Y es muy triste que te hayan achicado el corazón, porque Dios te quiere de corazón grande. Te lo digo de otra manera: Dios te quiere de corazón insaciable. Dios quiere que ninguna cantidad de dinero, Dios quiere que ningún afecto humano, Dios quiere que ninguna realidad parcial te llene, porque Dios quiere ser el único que, con su infinito amor, con su infinita riqueza, con su infinita bondad colma tu alma.

¡Ay de vosotros, los que habéis achicado vuestro corazón! ¿Por qué? Porque Dios os quiere de corazón grande, de corazón insaciable. Y claro, el corazón insaciable siempre se sentirá pobre. El corazón insaciable siempre sentirá que hay mucho por qué llorar, que hay mucho por qué trabajar. Y, por otra parte, unido al Dios que es la verdad, el corazón grande necesariamente entrará en conflicto y será rechazado y será odiado, pero ¿qué importa eso? ¿Qué tan grave puede ser eso? Si estoy sirviendo al Dios eterno. Piénsalo y verás que las bienaventuranzas y las malaventuranzas de Cristo son la cosa más lógica que se ha pronunciado en esta tierra.

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