Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si tomamos en serio las palabras del Señor descubrimos en su enseñanza un camino para la verdadera felicidad en esta tierra y más allá de la muerte.

Homilía o233009a, predicada en 20200909, con 29 min. y 11 seg.

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Transcripción:

Hermanos, tomemos en serio la Palabra de Dios. Si Jesús nos habla de ser bienaventurados y de ser dichosos, tomemos en serio estas palabras. Y ¿qué quiero decir con tomarlas en serio? Quiero decir que Cristo nos está mostrando por dónde va el camino de la felicidad. Y si Él es nuestro Maestro y nos está enseñando algo tan importante, lo que a nosotros nos corresponde es tener el oído atento, muy atento y, a la vez, muy obediente, porque redunda en bien nuestro seguir las enseñanzas de semejante maestro.

El texto que hemos proclamado hoy en el Evangelio trae las bienaventuranzas, según la versión de San Lucas. Recordemos que también tenemos las bienaventuranzas en la versión de San Mateo. En San Mateo están en el capítulo quinto y aparecen como una predicación que Jesús hace desde la montaña. En Lucas, por contraste, están en el capítulo sexto, y según nos presenta las cosas Lucas, Jesús estaba en un lugar llano. Pero el principal contraste entre estas dos versiones, la de Mateo y la de Lucas, no es simplemente si era montaña o era llano, sino que Mateo nos presenta un total de 8 bienaventuranzas, mientras que Lucas nos presenta solo 4, pero también nos presenta 4 advertencias o lamentos que son los ayes: Ay de vosotros los ricos, los que estáis saciados, los que ahora reís, etcétera, esa es la principal diferencia.

Tomemos el texto de Lucas con sus respectivas advertencias y tratemos de descubrir cómo nos está enseñando Jesús el camino de la felicidad. Lo primero es la felicitación o la dicha que se anuncia a los pobres: Dichosos los pobres. Quienes han seguido un poco estas transmisiones de la Santa Misa, me han escuchado en más de una ocasión la expresión: Los pobres de Yahvé, conocidos también por su palabra en hebreo «anawim», que suele escribirse con una W. Cuando Cristo dice, dichosos los pobres, no podemos tener duda, se refiere, en primer lugar, a los «anawim», se refiere, en primer lugar, a los pobres de Yahvé. Se refiere a los pobres que ponen su esperanza en Dios. Para no repetir extensamente lo que hemos dicho en otras ocasiones, resumamos aquí en qué consiste la espiritualidad de los pobres de Yahvé.

Se llama así a aquella porción del pueblo judío sobreviviente del destierro. El destierro fue una época espantosa, porque el destierro empezó con el sitio a Jerusalén, los ejércitos de los caldeos rodearon a Jerusalén y los judíos fueron llevados hasta el extremo del hambre y de la necesidad. Muchos murieron, y los que lograron sobrevivir esa terrible situación de asedio, luego fueron llevados muchos kilómetros a la ciudad de Babilonia y también por el camino, indudablemente murieron muchos, que ya estaban débiles, por el sitio que habían padecido. Después de todas esas humillaciones y muertes y dolor y luto, el pueblo aprendió la más preciosa de las lecciones. Y esa lección es: desconfiar de los poderes de este mundo, desconfiar de los líderes de esta tierra. Desconfiar no significa que todo lo que digan es falso o es mentiroso, sino significa que nosotros no les damos el corazón.

Si algún líder, por ejemplo, un buen escritor, un buen filósofo, un buen político, hace algo bueno, lo reconocemos, pero que le entreguemos el alma a un partido político, a un líder, jamás, jamás, a ningún ser humano, ni tampoco a los líderes religiosos, porque, como hemos visto dolorosamente, también en nuestra época, sucede también el caso que grandes predicadores, en un momento dado, nos escandalizan. Sacerdotes que creíamos una gran referencia abandonan el ministerio, solo Dios sabe lo que sucede en cada caso, pero lo que quiero destacar es que nosotros no podemos darle el corazón a ningún poder sobre esta tierra, a ninguno. Y esa fue enseñanza de los pobres de Yahvé. Pero ese escepticismo y esa distancia va complementada con otra cosa. ¿Cuál es? Esa otra realidad es la absoluta confianza en Dios, la certeza de que Dios es el Señor y que Él está a cargo. Esa es, en gran síntesis, la espiritualidad de los pobres de Yahvé.

Y a ellos les habla en primer lugar Jesucristo, porque las personas que ponen su esperanza en la plata que tienen, en los amigos que tienen, en los conocimientos que tienen, en los líderes en los que creen, las personas que ponen su esperanza en esas cosas, serán decepcionados horriblemente tarde o temprano. Por eso, ni a nuestros amigos y quienes tienen la gracia del matrimonio, ni al esposo ni a la esposa, tu vida no puede depender de ninguna de esas personas y tu esperanza no puede estar puesta en ninguna persona. Tampoco estoy diciendo nada raro, porque eso fue lo que nos enseñó Cristo. Por eso Cristo decía: «El que ame a su padre o a su madre, a su hijo o a su hija, a su esposo o a su esposa más que a mí, no es digno de mí», no estoy diciendo nada raro. Es simplemente la espiritualidad de los pobres de Yahvé.

Espiritualidad que es la que da entrada en el Reino de Dios y ahora entendemos por qué es completamente lógico. Si yo no le doy el corazón a ninguna criatura en esta tierra, a ninguna escuela filosófica, a ninguna institución humana, a ningún líder, aunque sea un líder religioso, si a nada de eso le doy el corazón y en cambio quiero darle mi corazón al Señor, eso es el Reino de Dios. En ti va a suceder el Reino de Dios. Por eso se puede decir que la primera de las bienaventuranzas, tanto en la versión de Mateo como en la recepción de Lucas, la primera de las bienaventuranzas es perfectamente lógica. Por eso, dice Jesús: Dichosos los pobres, ya sabemos cuáles pobres, los pobres de Yahvé, los de esta espiritualidad, dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Es decir, el Reino de Dios lo vas a experimentar cuando entres en la espiritualidad de los pobres de Yahvé.

La segunda bienaventuranza nos habla del hambre, pero la segunda, malaventuranza o advertencia o lamento nos habla de aquellos que están saciados. La pedagogía de Lucas nos ayuda a entender ese contraste, los que tienen hambre y los que están saciados. Los que tienen hambre, es decir, los insatisfechos, los que no están saciados, reciben esperanza y felicitación de Cristo, que dice: «Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados». En cambio, a los otros les dice: «¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!» ¿Qué nos enseña esta segunda bienaventuranza y su correspondiente texto de contraste, es decir, la segunda lamentación, qué nos enseña? Que el camino de la felicidad es el camino de los insatisfechos, que la felicidad, según Dios, requiere una profunda insatisfacción.

Esto entra en agudo contraste con lo que han propuesto algunos filósofos ateos, entre los cuales, por su rabia, por su odio contra el cristianismo, destaca sin duda Federico Nietzsche. Una de las frases de Nietzsche, una de las más impactantes, es cuando él, como si fuera una especie de profeta, dice: Permaneced fieles a la tierra. Es decir, no busques más felicidad, no busques otra cosa que lo que puedes conocer, comprar, adquirir, conquistar, disfrutar en esta tierra. Ese es el mensaje de un enemigo de Dios que quiere que nosotros acostumbremos nuestro paladar únicamente a estas cosas. El cristiano es uno que prepara su paladar para Jesús, prepara su paladar para el cielo, prepara su paladar para la eternidad, eso es lo propio del cristiano. El cristiano está preparando su boca, su paladar, está preparándose para esa realidad definitiva.

Bueno, pero alguien podría preguntarse: ¿Quiere decir que esa persona entonces no tendrá ninguna felicidad en esta tierra? Porque si toda la felicidad va a ser felicidad celestial, entonces ¿es que acaso los cristianos estamos condenados a llevar una especie de vida miserable, sin consuelos ni alegrías, porque todo vendrá después de la muerte? Respuesta: No, no se trata de eso. Más bien se trata de que la verdadera insatisfacción trae ya desde esta tierra felicidad. Que me ayude el Espíritu Santo para tratar de explicar por qué, ¿por qué la insatisfacción trae verdadera felicidad? La persona que trata de asegurar felicidad, haciéndole caso a un enemigo de Dios como Nietzsche, la persona que trata de asegurar esa felicidad ¿a qué se expone? Pues se expone, obviamente, a la amargura y al desengaño. La persona que vive de ilusiones, pues muy pronto tiene tropezones. La persona que vive de fantasía, muy pronto descubrirá que era vana su alegría. Entonces, la persona que trata de sentirse satisfecha en esta tierra es una persona que una y otra vez se encuentra con toda clase de desengaños, con toda clase de tristeza, con toda clase de vacío.

La única comparación que se me ocurre, no sé si sea la mejor, es lo que sucede con la persona que tiene una adicción. La persona que tiene una adicción supuestamente experimenta una cierta alegría o felicidad. Entonces esa persona, por ejemplo, ingiere licor a tomar trago y al parecer el trago le está dando esa felicidad. Pero después de subir a esa fantasía etílica, cae, se precipita y vive una horrible resaca, con remordimiento, con dolor, con malestar del cuerpo, con conciencia de que está destruyendo su salud y está destruyendo su familia, ¿llamaremos felicidad a eso? Llamaremos felicidad, a lo que vive el drogadicto, que tiene que utilizar dosis cada vez mayores y tiene que huir cada vez más lejos de una realidad que de todas maneras lo alcanza ¿A eso lo llamaremos felicidad? Claro que no, claro que no, esa no puede ser felicidad.

Bueno, pero ahora vamos al caso de la persona insatisfecha. Podemos decir que la persona insatisfecha se parece mucho a la persona que se ha decepcionado de todo. Y tú puedes pensar que una persona que se ha decepcionado de todo no encuentra alegría, pero en realidad no es así. La persona que se ha decepcionado de todo y que, por consiguiente, tiene una mirada particularmente crítica, esa es la persona que ve las semillas del reino que ya suceden en esta tierra. Yo te voy a contar una persona que tenía esa característica. Una persona que tuvo una vida con muy poquitas alegrías según el mundo. Una persona que tenía el corazón decepcionado de muchas cosas, no te imaginas de quién te estoy hablando, Madre Teresa de Calcuta. Madre Teresa es uno de los corazones más libres que te puedas imaginar, más libres. Te voy a dar dos ejemplos de su libertad y de su alegría.

Me contaba un padre irlandés, con el que tuve ocasión de vivir cuando estaba haciendo mi doctorado, que él estuvo en Roma cuando inauguraron, creo que fue la primera casa de las Misioneras de la Caridad en esa ciudad. Bueno, y cuando llegó el día de la inauguración, hubo muchos discursos, como suele suceder en esas ocasiones y en los discursos, pues cada uno trata de lucirse, ¿no? Y por supuesto, abundan las palabras elogiosas: Muchas gracias al Vicario para la ciudad de Roma. Muchas gracias a los benefactores. Gracias a la empresa tal. Gracias, gracias a todos. Y mientras ellos estaban elogiando y ponderando todo lo que habían hecho, Madre Teresa, de vez en cuando con una leve sonrisa, solo levantaba su dedito y decía: a Él. Que hay muchos vicarios provostes, archimandritas, arciprestes y prodiáconos que ayudaron, sí, pero el que merece la honra y la gloria es Él.

Madre Teresa fue una persona que supo querer a mucha gente y supo ayudar a mucha gente y supo arrodillarse ante muy poca gente y solo se arrodilló frente a aquellas personas que tenían una autoridad de parte de Dios, como el Papa, por supuesto. Una persona libre, una persona que no tiene que estar dándole tributo a todo el mundo y quedando bien con todo el mundo para que su obra prospere. Y ahora yo te digo una cosa, cuando Madre Teresa ya iba llegando al final de su vida y gracias a Dios había cientos de hogares de Misioneras de la Caridad en tantas partes, sin tener que estar siendo aduladores de nadie, ¿no crees que eso da alegría, no crees que eso es sentir: Esto lo hizo Dios. Y no crees que eso es sentir: Aquí está el reino, aquí está la mano de Dios? Es un ejemplo impresionante. Esa es la manera de ser de esta mujer.

Es decir, una persona que pone a Dios radicalmente en el centro de su vida. Una persona que le da la adoración únicamente a Dios. Una persona genuinamente viviendo la espiritualidad de los pobres de Yahvé. Una persona que no se anda arrodillando delante de los poderes de esta tierra y que, sin embargo, ve victoria de Dios, dime si esa persona no es feliz, dime si esa persona no siente alegría. Madre Teresa no imponía la conversión al cristianismo cuando se trataba de los pobres que recogía en la calle, sobre todo allá en Calcuta, donde una gran proporción no es cristiana. Ella amaba porque esa persona necesita amor, pero imponerle la condición de ser cristiana para amarla es algo que ella no hacía. Por consiguiente, muchas de estas personas recibieron de buena o de mala gana, agradeciendo o sin agradecer, los bienes que les hacían las Misioneras de la Caridad.

Tú sabes lo que se siente cuando se ha amado a una persona así, sin esperar nada a cambio. Porque tú estás decepcionado del ser humano y ese ser humano un día te mira y te dice: Hábleme de Jesús. Dime si eso no es alegría, si tú realmente estás haciendo las cosas sin esperar y un día, una persona de esas te dice: Hábleme de Jesús. Y tú empiezas a hablar de Jesús. Y esa persona que no era bautizada te dice: ¿Y yo todavía me puedo bautizar? Ahora dime tú si eso no es alegría, dime tú si no se siente un gozo en el corazón. Y ese gozo no es como el gozo del drogadicto que luego tiene que aterrizar a una realidad. No, personas como Madre Teresa, vivían en la cruda realidad de la miseria, miseria física y miseria económica, miseria psicológica, miseria espiritual. Cuando tú vives en la miseria, cuando conoces la miseria del ser humano, tienes ojos para ver las perlas que Dios va dando, que son semillas de su reino. Entonces, sí hay alegría en esta tierra, sí la hay.

Me acuerdo también de San Bruno, el fundador de los cartujos. Cuando Bruno fundó su Cartuja, hay una historia muy parecida de San Romualdo, nuestro querido San Romualdo. Cuando Bruno fundó su Cartuja, era un lugar de silencio, de penitencia perpetua, de clausura total. Tú sientes que ahí no va a llegar nadie. Dime si no se siente alegría cuando en esa primera, que hoy se llama la Gran Cartuja, empiezan a llegar jóvenes para entregar su vida a Jesús. Es decir, lo que trae la insatisfacción de la que nos habla Cristo, lo que trae esa profunda insatisfacción es que hace a tus ojos verdaderos para que nadie te convenza, sino solo Jesús, y aquellos que llevan a Jesús en su vida. Y eso fue lo que tuvo Bruno, el fundador de la Cartuja. Y eso fue lo que tuvo Teresa y tantos otros santos.

La tercera bienaventuranza es parecida es la del llanto. El llanto ¿qué significa? Como explica San León Magno, el llanto significa que me duele, ¿me duele qué? Me duele el pecado del mundo. Porque una persona que tiene insatisfacción de los bienes de esta tierra y que, de alguna manera, está decepcionado de las cosas de este mundo, ¿le producirá llanto ver que el mundo paga mal? No, lo que le produce llanto es ver que Dios es ofendido. Y una vez más, el que tiene capacidad de llorar porque Dios es ofendido, con ese mismo llanto lava sus ojos para ver en dónde está floreciendo la gracia. Llanto que lava los ojos, hay que lavar nuestros ojos, nuestros ojos mundanos, nuestros ojos muchas veces idólatras, nuestros ojos prendados de las cosas de este mundo. Hay que lavar los ojos. Y según enseñan grandes santos como Agustín, los ojos se lavan con el llanto que se duele por el pecado del mundo. Pero una vez lavados tus ojos, tendrás la capacidad de ver donde florece el Evangelio, donde está la verdad y nadie te podrá engañar.

La última bienaventuranza, para terminar, es la de la persecución. Ésta, en la versión de San Lucas, sin duda se comprende mejor con el contraste, con el lamento. Y ¿cuál es el contraste? Una frase impresionante: «¡Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros! ¡Ay de vosotros si todos hablan bien de vosotros!» Como yo he estado en redes sociales hace tanto tiempo y como he podido conocer tanto un poco de la popularidad, como un poco del odio, ya me han oído mis amigos de Familia Espiritual, que es raro el día, yo creo que en un año yo puedo tener uno o dos días donde no reciba o un insulto o una maldición o una amenaza, es todos los días. Lo que pasa es que uno no sigue hablando de eso, pero eso pasa todos los días.

Hace como unas dos semanas o cosa parecida apareció un señor ahí, enviando el enlace para un brujo, así como se oye. O sea, son descarados, son arrogantes, son cínicos, se meten en todas partes. O sea que bueno, esto es para decirte que yo he conocido un poco ambas cosas, ¿no? La gente que le ofrece a uno: Padre, yo voy a orar por usted. Gracias por lo que está haciendo. Y la gente que dice: Desgraciado, idólatra, pederasta, lárguese al infierno. Todo eso le llega a uno. Pero, ¿a qué voy? Imagínate que uno tratara de complacer a toda la gente, imagínate si eso es vida. Por eso Jesús dice: ¡Ay de vosotros si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso tiene mucha lógica, mucha, pero mucha lógica. Porque la única manera de que todos hablen bien de ti es que tú trates de complacer a todos.

Y de los países del mundo, hay uno que tuve ocasión de visitar en misión, Corea del Sur, donde está sucediendo el mayor porcentaje de suicidios de jóvenes que son influencers. Entonces, pues me puse a mirar un poco ese fenómeno, pues es un país que de alguna manera tengo cerca porque lo he servido. De allá viene ese estilo de música que llaman K-pop, como decir korean pop. Bueno, y entonces me puse a ver por qué tanto suicidio de influencers. La razón es que la vida se les vuelve un infierno, muchos de estos llamados influencers, tienen que vivir para complacer a un público. Y un público que, como en la época de los paganos y de los romanos y del circo romano, cada vez te pide que muestres más, que digas otra blasfemia peor, que hagas otra cosa más asquerosa, que sueltes una grosería más fuerte. El público nunca se saciará, acuérdate del circo romano. Aquellos gladiadores sabían que cuanto mayor fuera el derramamiento de sangre, mejor estuvo el espectáculo. Entonces, cuanto más se torture al otro, más. Y ¿quién pedía esa tortura? El público sádico, el público embriagado de crueldad.

Pues eso es lo que han vivido muchos de estos influencers, que entonces tienen que tener la piel perfecta, la sonrisa perfecta, la actuación perfecta todos los días, a todas horas porque además su vida se convierte como en una especie de vitrina y todo lo tienen que transmitir, porque si no pierden seguidores. Dime si esa no es la más asquerosa esclavitud. Entonces, pregunto yo, ¿tiene o no tiene razón Jesucristo? Y la respuesta es obvia, vivir para complacer es morir largamente, es horrible. Pero si tú no vives para complacer, entonces ¿qué te toca? Pues te toca disgustar a unos cuantos, no hay manera, no hay alternativa. O vives para complacer a todos o te toca disgustar a unos cuantos. Y ahí tienes que escoger si vas a disgustar a los que son de Dios o si vas a disgustar a los que son del enemigo. Tendrás que escoger, tarde o temprano, y cuando escojas y cuando empieces a escoger, vas a ser perseguido, pero en esa persecución está tu libertad.

Termino con las palabras de San Juan Crisóstomo que me impactan tanto. Juan Crisóstomo, como otros santos, es de esos hombres que fueron perseguidos y desterrados. Y escribió Juan Crisóstomo: Ah, me van a desterrar, me van a desterrar. Bueno, ¿y a dónde me van a enviar? Porque del Señor es la tierra y cuanto la llena el orbe y todos sus habitantes. Tomó un salmo para defenderse, esa es la libertad, esa es la libertad del que sabe a quién está sirviendo. El otro o los otros son simplemente esclavos, esclavos con muchos dueños.

Hermanos, habría que decir tanto, pero estamos ahí, dejamos ahí. Es solo para que veas que lo que Cristo dice en las bienaventuranzas es la cosa más sensata del mundo, es la verdad más luminosa. Por algo se ha dicho que las bienaventuranzas son el núcleo más precioso, el centro mismo del Evangelio. La alabanza y la gloria para nuestro Señor. Amén.

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