Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera felicidad brota de la predicación, la sanación y la liberación que experimentan los discípulos del Señor.

Homilía o233004a, predicada en 20120912, con 4 min. y 51 seg.

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Transcripción:

El capítulo sexto de San Lucas nos muestra a Jesús acogiendo a la multitud. Tres son las acciones que realiza Cristo con la gente: Cristo les enseña, Cristo los sana y Cristo los exorciza, los libera del poder de las tinieblas. Predicación, sanación, liberación, esas son las tres acciones que realiza Cristo. Pero es muy interesante ver que esas tres acciones forman una sola misión, de manera que la predicación de Cristo es también una sanación y es también una liberación. Por ejemplo, encontramos en el capítulo 15 de San Juan que Jesús les dice: «Ustedes ya están limpios por las palabras que les he dicho», indicando así que sus palabras, el solo escucharlo ya era una liberación, ya expulsaba, ya arrojaba fuera todo lo que Satanás pudiera querer.

Lo mismo la sanación, la sanación de Cristo al restituir en su dignidad y en su integridad al ser humano, ya es una liberación. Porque aquel que descubre en sí, el plan de Dios, ya también rechaza las obras de la oscuridad y de las tinieblas. Pero la sanación de Cristo también es una predicación, y por eso Jesús, muchas veces después de sanar a la gente, les dice que, en vez de estar contándolo, que se callen, porque Cristo quiere que escuchen, Cristo quiere que escuchen su piel, la piel sanada, esa piel que ha sido sanada habla, esos ojos que han sido sanados hablan. Entonces, la sanación es una predicación también.

Y los exorcismos, los exorcismos son predicación, porque es la palabra poderosa de Dios que se impone sobre la palabra confusa de Satanás. Lo propio de Satanás es confundir, es retorcer. Lo propio del poder de Dios, es mostrar, en la simplicidad y en la sencillez, quiénes somos para Él. Entonces, los exorcismos son una predicación y, por supuesto que son una sanación, la sanación más profunda porque cuando se quita al peor de los enemigos, su poder sobre el corazón, todo lo demás va encontrando su propio lugar. Así que estas son las tres acciones que realiza Cristo y cómo se relacionan unas con otras.

Pero el Evangelio de hoy da un paso más. El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús contándonos en dónde está el bien y en dónde está el mal, cuál es nuestro bien y al cual podemos aspirar, y cuál es el mal del que podemos apartarnos, porque se puede adueñar de nosotros. Pero Jesús no da esa explicación en un lenguaje teórico como tal vez pudiera serlo, qué sé yo, un conferencista, Jesús da esa enseñanza a través de las bienaventuranzas, y eso es lo que tenemos en el Evangelio de hoy. Lucas nos presenta las bienaventuranzas de Cristo en un lenguaje inmediato, directo, felices ustedes los pobres, ustedes los que lloran, ustedes los perseguidos.

Lucas es increíblemente directo y también, en esa misma tónica de hablar con claridad, pues también dice: Ay de vosotros los que estáis felices. Ay de vosotros los ricos. Ay de vosotros, los que estáis muy seguros, los que sois alabados por todos. ¿Por qué? Porque sólo aquél, sólo aquél que descubre, al mismo tiempo, su propia fragilidad y la fortaleza en Dios, el que descubre su propia pobreza y la riqueza en Dios, sólo el que descubre su propia enfermedad y la salud en Dios, sólo ése será feliz. El otro, el que se agarra a cualquier cosa que sea por buena, por permanente, por estable que parezca, se está engañando y sobre él cae el lamento de Cristo. Pidamos al Señor que encontremos nuestra verdadera felicidad y que la predicación, la sanación y la liberación de Cristo lleguen a nosotros. Amén.

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