Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La excomunión es un acto de misericordia porque tratándose de una pena tan grande, lo que se quiere es llevar a la persona a la verdad y gravedad de lo que ha hecho, de modo que comprenda que su salvación está en juego.

Homilía o231012a, predicada en 20240912, con 7 min. y 28 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy, tomada del Capítulo Quinto de la primera Carta a los Corintios, nos presenta una escena triste y al mismo tiempo, podríamos decir única. Prácticamente única en el Nuevo Testamento. Estamos hablando de una excomunión. Es algo supremamente grave. Es algo muy fuerte. No sucede porque sí. Y yo creo que podemos aprender algunas lecciones de ese pasaje.

Como dije, esta es la carta de Pablo a los Corintios. Pablo había vivido en esa comunidad de Corinto, había vivido dos años, les había enseñado, los había corregido, había celebrado por supuesto, la Eucaristía con ellos. Bueno, todo un proceso de lo que implica llevar el Evangelio a una nueva cultura. Y sin duda todas esas enseñanzas dejaron una huella muy profunda en los corintios. Pero al mismo tiempo encontramos algo muy grave y es que el proceso de ellos, que eran paganos por origen, el proceso de su fe, no estaba maduro. Atención a eso, no estaba maduro. Qué queremos decir. Que todavía había una serie de situaciones, podríamos decir desórdenes que se presentaban en Corinto, desórdenes feos. Por ejemplo, había desorden con el tema de los carismas. Había gente que le daba muchísima importancia al don de lenguas, lo ponían como la cumbre de la espiritualidad. Ese error se ha vuelto a cometer otras veces también en la historia. Está muy bien el don de lenguas, pero exaltarlo tanto y colocarlo prácticamente como lo primero y principal es un error.

El hecho es que en estos Corintios, en esta comunidad, había algunos desórdenes y algunos eran más graves que otros. Ese es el punto que quiero destacar. Algunos de estos desórdenes eran gravísimos. Por ejemplo, qué es lo que critica Pablo en el Capítulo Quinto de la primera Carta a los Corintios. Pues hubo alguno que resultó viviendo con la madrastra como si fuera la esposa. Es decir, eso tiene de todo. Eso tiene fornicación, tiene adulterio, incluso un cierto grado de incesto, de depravación. Y frente a ese escándalo, frente a esa situación tan aberrante, pues a la comunidad cristiana de Corinto había permanecido más o menos indiferente, podríamos decir y casi, esto es lo que más le duele a San Pablo.

Por eso les critica y les dice ustedes se quedan tan tranquilos. Y pienso que esas palabras de Pablo tienen que sacudirnos, porque también en nuestra época están sucediendo toda clase de perversiones, perversiones en la justicia, perversiones en la familia, perversiones en la economía, en los medios de comunicación y por supuesto, también en el área sexual. Todo tipo de perversiones. Y sin embargo, como dice Pablo, muchas veces nos quedamos tan tranquilos y la disculpa que mucha gente tiene es bueno, es la vida de ellos. Si ellos quieren hacer eso, que lo hagan. Pablo no se queda tranquilo y Pablo toma una decisión y esa decisión es excluir a esta persona de la comunidad. Eso exactamente es lo que significa la palabra excomunión. Lo excluye, está fuera. Y eso es lo que significa.

Esa pena canónica que existe en nuestro tiempo y que es la excomunión, es decir, con lo que has hecho, con la manera como has obrado, tú mismo te has sacado, te has expulsado de la comunidad cristiana. Esa es la excomunión. Y algunas personas pueden sentir ¡Oye, qué falta de caridad! Lo sacaron ¿Pero cómo así que lo expulsaron? ¿Pero dónde queda la misericordia? Pero es que el Evangelio tiene que incluir a todos. ¿Entonces dónde está la misericordia? Pues este es el punto al que quería llegar. También la excomunión es un acto de misericordia, así como se oye, es un acto de misericordia. Porque tratándose de una pena tan grave, tan terrible lo que quiere es precisamente llevar a la persona a la verdad de lo que ha hecho, a la verdad en la que se encuentra.

Es como cuando una persona va donde el médico y el médico le dice mira, vete para tu casa, tómate unos analgésicos y bueno, quédate tranquilo, ya se te irá pasando. Y qué tal que la persona tenía cáncer. Qué tal que la persona tenía un tumor que estaba creciendo y le mandaron unos analgésicos. ¿Tú crees que eso sería responsabilidad de ese médico? ¿Tú crees que eso sería caridad? Por supuesto que no. ¿Qué demuestra eso? Que la verdadera caridad está en que el médico le diga, su situación es grave, tenemos este tumor. Vamos a atacarlo primero con este medicamento. Probablemente va a tocar operar después, usted va a requerir después una quimioterapia, después va a requerir una radioterapia. Ese es el médico bueno. Lo mismo tiene que ser la iglesia. La iglesia tiene que mostrar la verdad de la situación en la que está la persona. Y cuando sucede una excomunión, lo que está haciendo la iglesia es decirle a la persona tú situación es grave, es muy grave lo que has hecho. No es ningún chiste, no es algo leve, está en peligro tu salvación eterna y eso es misericordia.

Entonces no nos dejemos confundir, no pensemos que la misericordia consiste simplemente en palmaditas en la espalda y decir bueno, ya lo harás mejor después. Hay momentos en que hay que hablar con dureza, no por crueldad sino por misericordia, por mostrarle a la persona la verdad de la situación en la que se encuentra. Que Dios te bendiga y que el Señor a todos nos conserve en santa comunión con Él y con los hermanos. Amén.

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