Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Un grave caso de inmoralidad lleva al apóstol San Pablo a tomar medidas drásticas. Este acontecimiento, en sí mismo lamentable, nos ayuda a comprender que no todo es compatible con el Evangelio, que la misericordia no es tolerancia absoluta y que hay auténtica autoridad en nuestros legítimos pastores.

Homilía o231011a, predicada en 20220905, con 29 min. y 58 seg.

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Transcripción:

Muy queridos hermanos, en esta ocasión les invito a que dirijamos nuestra atención a la primera lectura que hemos escuchado. Es un texto fuerte porque habla de un problema feo con una solución drástica. El problema feo es que un hombre había empezado a convivir con su madrastra como si fuera su esposa. Por eso San Pablo dice es un caso de inmoralidad que ni siquiera se menciona entre los paganos y al parecer, bueno, con seguridad este hombre era cristiano, era de la comunidad cristiana de Corinto y seguramente la mujer con la que estaba que había sido esposa del papá, pues también era cristiana. Por eso dije que es un problema feo. Es una cosa que es muy desagradable mencionarla en la Iglesia y estamos en la Iglesia.

Pero vamos a hablar de esa situación. Un problema feo. Pero no solo es un problema feo, sino que también tiene una respuesta de San Pablo que es bastante drástica. Lo que tenemos en este capítulo, que es el Capítulo Quinto de la primera Carta a los Corintios, es el primer caso documentado de lo que después la Iglesia Católica ha llamado excomunión. Y la excomunión es la peor de las penas que la Iglesia Católica le puede poner a una persona bautizada. La Iglesia Católica no tiene ningún tipo de penas para aquellos que no pertenecen visiblemente a ella. Es decir, que la Iglesia Católica no tiene ninguna fórmula especial con respecto a judíos o musulmanes o ateos que no hayan sido bautizados. Pero con respecto a sus propios hijos, la Iglesia Católica obra como lo que es madre y maestra y como madre y maestra corrige. Solo que la corrección que hemos escuchado en la primera lectura de hoy es particularmente drástica. Se trata, pues, de una excomunión.

La palabra excomunión significa sacar de la comunión, que no es solo dejar de comulgar, sino es también romper la relación con la comunidad cristiana. Aunque debo matizar esas palabras. Realmente la excomunión no destruye la gracia bautismal. La excomunión no impide que queden lazos de humanidad, de compasión y de oración también con la persona excomulgada. Entonces, el tema de esta primera lectura es incómodo. Es incómodo, ya dije por qué. Porque estamos ante un problema feo y estamos ante una solución o una respuesta drástica, una excomunión. Con la ayuda de Dios tratemos de encontrar ¿Esta enseñanza qué nos dice a nosotros y para qué nos sirve? O sea, la Iglesia sigue siendo maestra y madre también para nosotros. Y si la Iglesia, a través de sus disposiciones litúrgicas, nos propone este texto para el día de hoy, quiere decir que es algo que nos sirve. La Iglesia no nos va a proponer algo que sea inútil o simplemente por incomodarnos. ¿Para qué sirve que la Iglesia nos hable de estos problemas feos y para qué sirve que nos cuente esa solución tan dura, tan drástica, que en ese caso tomó San Pablo? Pues la verdad es que nos sirve para varias cosas y con la ayuda del Espíritu Santo vamos a recoger unas cuantas enseñanzas, unas tres o cuatro enseñanzas, para que usted vea que también en medio de las situaciones duras, escandalosas de la Iglesia, siempre surge la luz. Y por ahí van mis palabras. Que empecemos por tener la certeza de que no importa lo que suceda y suceden cosas muy terribles, no importa lo que suceda, Dios finalmente está al control y Dios es capaz de sacar un fruto bueno.

Vamos con nuestras enseñanzas de esta historia tan lamentable, de un escándalo horrible, repugnante como escándalos también hoy, hay en la iglesia. Lo primero que debemos notar es la seriedad con la que Dios toma la sexualidad humana. Y esto hay que decirlo y hay que repetirlo, y hay que ponderarlo y valorarlo. Dios toma en serio la sexualidad humana, es decir, que la sexualidad humana no es una actividad más. Todos tenemos distintas actividades: estudiamos, trabajamos, descansamos, nos divertimos. Pues la sexualidad no es una actividad más. Y esto es bueno decirlo, porque la seriedad con la que Dios trata la sexualidad nos permite comprender por qué la Iglesia también pone límites cuando se trata del sexo y ¿cuál es el sentido de esos límites?

Y aquí vuelvo a pedir la ayuda del Espíritu Santo para explicarme. ¿Qué es lo que hace que la sexualidad no sea una actividad más? Hay un modo muy bonito de explicarlo. El mejor que conozco y es el que les voy a compartir ahora. Cuando usted hace un trabajo, por ejemplo, pensemos que usted es mecánico y trabaja en un taller. Cuando usted, mecánico trabaja en un taller, usted se está ocupando de algo que está afuera de usted, por ejemplo, un motor. Usted es una persona inteligente, con destrezas, una persona hábil, y usted sabe cómo desarmar ese motor. Excelente. Felicitaciones. Pero usted termina de hacer su reparación y el motor queda allá y usted queda aquí. Lo mismo podríamos decir de muchas otras cosas, por ejemplo, de nuestros estudios, incluso del descanso. Como decía Cristo una vez, refiriéndose a algo que nos deleita a muchos que es la comida, decía Él, recibimos los alimentos en la boca y hacen tránsito por nuestro cuerpo y finalmente salen y son depositados y se acabó.

¿Pero cuál es la diferencia con el afecto y con el sexo? La diferencia es que el afecto implica tu corazón. La diferencia es que cuando tú amas, te implicas tú. No es algo que tú haces afuera, es algo que te cambia por dentro. Y por eso los casos más severos de depresión siempre tienen que ver con el afecto, tienen que ver con autoestima o tienen que ver con un duelo mal llevado, o tienen que ver con una soledad que finalmente es falta de amor. ¿Por qué eso nos afecta tanto? Respuesta, porque cuando nosotros amamos nos implicamos y por eso cuando se nos muere una persona que amamos, sentimos como si nos hubieran arrancado algo. Y así dice uno cuando se le muere una persona que uno ama. El año pasado tuve que despedir a mi papá que murió por COVID y yo sentía que se me desgarraba el alma, ya mi mamá había muerto años atrás, pero las circunstancias tan duras del COVID ese ni siquiera poder estar con él las últimas horas. Eso fue muy duro para todos nosotros y varios de nosotros incluyéndome. Y no me da vergüenza decirlo. Yo necesité ayuda en ese momento, no solo el cariño de los amigos, sino necesité también la asesoría de un profesional, de un médico que me ayudara porque estaba yo muy afectado psicológicamente. ¿Por qué me afectaba tanto? Porque mi papá era muy importante y es muy importante para mí como lo fue en su momento mi madre, que ya murió hace doce años.

Entonces, hermanos, lo que tiene que ver con el afecto es distinto de todo lo demás que tú haces en la vida. Tú haces un trabajo en un motor o tú juegas un partido de fútbol o tú coses un vestido y el vestido queda ahí y el motor queda ahí y el fútbol queda ahí. Pero cuando tú amas, te implicas tú. Es como si sacaras de tu corazón, de tus entrañas y entraras y pusieras en juego lo que tú mismo eres. Y por eso destruye tanto y por eso se produce un dolor tan grande. Y por eso cuando una persona no se siente amada, esa tristeza no se le borra del rostro. Y cuando una persona amó y se siente traicionada, esa rabia le puede durar años enteros y puede destruirle la salud. ¿Por qué pasan esas cosas? Porque cuando amamos nos implicamos a nosotros mismos, ya no es algo afuera, es algo que me implica a mí. Por eso la afectividad es algo tan delicado y por eso la Biblia tiene esta frase por encima de todas las cosas cuida tu corazón, porque en él están las fuentes de la vida. Esa frase es de la Biblia. Tarea Búsquela, pero no ahora.

Y algo parecido sucede con el sexo. El sexo no es un juguete. El sexo no es un simple entretenimiento. La cultura en la que estamos de tanta superficialidad, tanto materialismo, donde todo parece que se puede comprar o se puede vender, nos hace pensar a veces que la sexualidad es como una distracción. Pero eso no es. No es así. Esa es una terrible mentira. ¿Por qué? Porque, como explican santos doctores de la Iglesia, como Tomás de Aquino. La intensidad del placer y la intensidad que tiene ese placer en nosotros hace que nosotros forzosamente nos impliquemos. ¿Y qué significa ese verbo implicarse? Literalmente, implicarse significa quedar como dentro de un sobre. En latín la palabra aplica quiere decir un doblez. Implicarse es como quedar dentro de algo. Es como que allí estás metido. Entonces la sexualidad implica tu cuerpo, implica tu entrega y por eso, espontáneamente los niños y las niñas desde tempranas edades, descubren que no quieren que cualquiera los mire, ni que cualquiera los toque, ni que cualquiera tenga que ver con su intimidad. Decía el apóstol San Pablo lo que es más débil y más noble en nosotros, siempre lo cubrimos. Esa es una palabra de San Pablo.

Primera enseñanza que tomamos de este texto es que la Iglesia tiene muy buenas razones para tomar en serio la sexualidad. Cuando la Iglesia dice, por ejemplo. Aunque lamentablemente en eso se han metido divisiones y confusiones en el mundo católico. Pero la enseñanza clásica, la enseñanza firme, la enseñanza de toda la vida en la Iglesia Católica sigue siendo hoy tan clara como lo ha sido siempre. Usted tiene una gran referencia de qué es lo que piensa y siente la Iglesia Católica en realidad. Si usted va a una obra maravillosa que es una de las grandes herencias del Papa San Juan Pablo Segundo. Estoy hablando, por supuesto, del Catecismo de la Iglesia Católica. En muchos lugares he tenido que decir a otras personas por favor, cuando tengas dudas sobre una homilía. Fuiste a una iglesia y oíste una homilía y te pareció raro lo que escuchaste. Si tú quieres saber qué es lo que realmente quiere o cree la Iglesia, busca en el Catecismo de la Iglesia Católica, porque en esto tristemente se están metiendo algunas grietas y una especie de degradación dentro de algunos predicadores y algunos sacerdotes con un daño y una confusión muy grande para los fieles.

Entonces, todo lo que tenga que ver con la sexualidad y con la afectividad es muy importante. Y además de las razones personales individuales que te he dado, hay otro motivo básico, y es que cuando se habla de sexualidad, no se nos olvide que cada uno de nosotros, todos los que estamos aquí, somos fruto de sexo. Yo soy fruto de sexo y tú también. Nosotros hemos nacido de la sexualidad. La sexualidad es fecunda, pero cuando la sexualidad se vuelve entretenimiento y solo diversión y solo entretenimiento y solo pasarla bien. ¿Qué hacemos con la dimensión reproductiva de la sexualidad? Extender el aborto y el aborto y el aborto. Y eso es lo que a veces vemos en una sociedad como la que ustedes conocen y la que estamos inmersos aquí.

Mis hermanos amados, la primera lectura que debemos tomar de aquí es que ese pecado o esa situación de la que nos habla el Capítulo Quinto de la Primera Carta a los Corintios, nos está recordando que el sexo es algo serio. Serio no significa feo, serio significa muy, pero muy, pero muy valioso. No se trata de que nosotros nos volvamos acomplejados. Todos somos seres sexuados, pero que entendamos que nuestra sexualidad es valiosa, muy, pero muy valiosa y que por consiguiente, lo que proteja, lo que dignifique, lo que le dé su lugar propio en la vida y en la sociedad humana a la sexualidad, eso es lo que la Iglesia defiende. Por eso el no al aborto. Por eso la conciencia clara de cómo es el ejercicio correcto de la sexualidad. Cuando digo ejercicio correcto no es ganas de amargarle la vida a nadie, es ganas de preservar el plan de Dios que es plan de amor para nosotros. De eso es de lo que se trata.

Algunas personas creen que la Iglesia es amargada porque pone límites y dice que no todo vale. No, no es amargura, no es ganas de amargarle la vida a la gente, es ganas de cuidar y amar a todos y muy especialmente cuidar y amar a la mujer. Porque te digo una cosa, por misericordia de Dios ya he cumplido treinta años de sacerdocio y en treinta años hay una verdad que cada vez parece más clara ante mis ojos. En todos los problemas de afecto y de sexo, la persona más afectada siempre, siempre, siempre, es la mujer. Siempre es la mujer. Ambos, el hombre y la mujer. Pero en todos los desórdenes sexuales siempre es más afectada la mujer. El tiempo no nos da para tratar de elaborar, aunque fuera solo en boceto, una explicación de por qué es así. Pero tiene que ver con la misma configuración neurológica de la mujer, con la misma manera como funciona su cerebro. El cerebro de la mujer es mucho más conectado y unificado que el del varón. Por eso, como han dicho algunas mujeres y esta frase me encanta. Mientras que para muchos hombres el amor es un capítulo, para la mujer el amor es el libro entero de la vida y por eso todo lo que le haga daño a la sexualidad va a destruir terriblemente a la mujer y la destrucción de la mujer va a repercutir inmediatamente en la destrucción de la sociedad. Esa es una enseñanza de hoy.

Segundo, hablemos del tema álgido, el tema complejo, duro, antipático, de la excomunión. Esa es otra calumnia que cae sobre la Iglesia. Algunas personas creen que la excomunión es como un acto de crueldad o un acto de venganza, o un acto de falta de misericordia. Ya te dije antes la primera excomunión documentada. Y esto, de hecho, se estudia cuando se miran las bases del Derecho Canónico en la Iglesia Católica. La primera excomunión documentada es la que hemos leído hoy primera Corintios Capítulo Cinco. Y aunque el lenguaje no es un lenguaje formal, ese lenguaje que tiene el derecho, el mensaje que nos da San Pablo es lo suficientemente claro para que entendamos que el objetivo último de la excomunión es la salvación. Y que el Espíritu Santo, tercera vez que lo invoco, que el Espíritu Santo me ayude para explicar también eso. ¿Por qué la excomunión es un acto de misericordia? Porque es que hay gente que cree que cada vez que la Iglesia dice que algo es gravísimo, que tienes excomunión, entonces fue que la Iglesia se volvió legalista, se volvió farisea. Nada de eso. La excomunión es misericordia y te lo voy a tratar de explicar.

Que Dios me ayude con una sencilla comparación médica. Algunos de nosotros hemos sido imprudentes con nuestra salud. Algunos de nosotros. Supongamos una persona que ha sido severamente imprudente con su salud. Lo que suele suceder es que somos demasiado sedentarios y nos alimentamos mal. Eso es lo que suele suceder. Si yo he sido muy sedentario y me he alimentado mal, tarde o temprano, como se suele decir, el cuerpo pasa factura. Cuando uno está joven, uno no nota eso. Uno cree que el cuerpo aguanta todo, que uno puede trabajar mucho, dormir poco, comer mal, estarse quieto y el cuerpo aguanta todo. Pero hay un momento en el que el cuerpo empieza a decir ya no aguanto, ya no aguanto, ya no aguanto. Y ojalá el cuerpo te lo diga antes de que llegue una cosa realmente grave, como podría ser una isquemia cerebral, como podría ser un infarto. Supongamos una persona que ha llevado una vida irresponsable con su salud y esa persona va al médico por la razón que sea. ¿Y el médico que suele hacer? Pide una serie de exámenes, sobre todo exámenes de sangre, de orina, de lo que sea, y el médico pide esos exámenes y luego revisa los exámenes delante de usted y el médico le dice ¿Usted sabe qué significan estas cifras? ¿Usted sabe qué significa el nivel de colesterol que usted tiene? ¿Usted sabe qué significa el nivel de azúcar que usted está registrando? ¿Usted sabe qué significa la tensión arterial que usted está manejando? Y usted se siente tal vez como un niño regañado. La expresión niño regañado es buena. Usted se siente como un niño regañado, y usted empieza a pensar en todos esos helados deliciosos triple azúcar que usted se comió y usted se siente como un niño regañado. Y tal vez el médico toma un poquito la postura del profesor que regaña y le dice, vamos a suponer que es un paciente hombre, le dice señor, usted no puede seguir así, usted se está matando, señor. Cuénteme usted qué ejercicio hace, ya el médico está un poco disgustado. Yo hago aquí todo el teatro. Bueno, y ¿Usted qué ejercicio hace? Bueno, yo me levanto del sofá donde estoy viendo la televisión y voy al refrigerador y me preparo un sándwich. Ese es el ejercicio que yo hago. Ah, ese es el ejercicio que usted hace. Pues si ese es el ejercicio que usted hace. Necesitamos que usted haga mucho más ejercicio.

Bueno, a dónde voy con esta comparación. Cuando el médico me declara la verdadera situación de mi salud y probablemente hasta se pone un poco alterado y me dice pero ¿Usted qué está haciendo, señora? ¿Usted qué está haciendo señor? Yo me estoy acordando. No sé por qué me estoy acordando tanto de mi papá. Yo me estoy acordando. Cuando él era joven precisamente se fue a hacer un chequeo médico y el médico le preguntó lo de costumbre. Usted qué come, cómo duerme usted, qué ejercicio hace, etcétera, etcétera. Bueno, y le decía el médico a mi papá. Perfecto. Mira la ironía. Perfecto, siga así. En dos o tres meses, su esposa queda viuda. ¿Esas palabras son bonitas de oír? No. Esas palabras son muy duras de oír. ¿Pero es bueno que el médico las diga? ¿Es bueno o no es bueno? Mejor que se quede callado. Claro que es bueno. Eso es lo que la Iglesia hace cuando la iglesia nos dice oiga, eso es pecado. Cuando la iglesia nos dice oiga, no haga eso. Cuando la iglesia nos dice usted ha cometido algo tan grave que usted rompió la comunión con Dios. A nosotros no nos gusta que nos digan esas palabras, pero esas palabras brotan del amor. Esas palabras tienen por propósito que nosotros descubramos y entendamos que hay cosas que están demasiado mal, cosas que estamos haciendo muy mal. Y si usted quiere saber de cosas que estamos haciendo muy mal, mire las noticias, sobre todo las que tienen que ver con la defensa de la vida. Cincuenta, sesenta millones de niños asesinados en Estados Unidos entre mil novecientos setenta y tres, que se aprobó por la Corte Suprema la despenalización del aborto y el año dos mil veintidós. Pero en el año dos mil veintidós tampoco han parado. Cincuenta años y sesenta millones de niños muertos. ¿Son o no son algo grave? Ese es el punto. O sea, si no te interesan, si no te importan, si no te preocupan sesenta millones de inocentes muertos. Si eso no te preocupa a ti, entonces dime qué es lo que a ti te puede llegar a preocupar.

Vamos al texto de San Pablo. Mira lo que dice San Pablo en esta excomunión, mira lo que dice. Reúnanse en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y con su poder entreguen a ese hombre a satanás. ¿Qué quiere decir eso? Que reciba en esta vida el peor de los castigos. En esta vida. ¿Para qué? ¿Por qué San Pablo quería desfogar su rabia? no. Mira lo que sigue. Para castigo de su cuerpo, a fin de que su espíritu se salve. Para qué me habla el médico y me dice usted no puede seguir tragando como está tragando, señor. Usted no puede seguir viviendo como está viviendo. Usted se está destruyendo, hermano. ¿Para qué me sirve que el médico me hable así? ¿Es que me tiene rabia? ¿Es que el médico está desquitándose por las malas notas que sacó en la facultad de Medicina? No, el médico está haciendo un acto de caridad conmigo. Me está salvando. Entonces, cuando la Iglesia nos dice que hay cosas que son graves, por ejemplo, en términos de sexualidad y afectividad, cuando la Iglesia nos dice que hay cosas que son graves, nos está amando, nos está preservando, nos está cuidando, está cuidando nuestro futuro, el nuestro personal y está cuidando el futuro de la sociedad. Eso es lo que la Iglesia está haciendo.

Y yo creo que es bueno que dejemos ahí. Ya tendremos ocasión en otra oportunidad de sacar más enseñanzas, pero quedémonos solo con esas dos. La primera, ¿Por qué es tan importante cuidar la afectividad y la sexualidad? Respuesta. Porque al contrario de lo que sucede con otras actividades humanas, en el sexo y en el afecto, nos implicamos y, por consiguiente, vamos a ser terriblemente destruidos, dañados, si obramos mal en nuestro afecto o en nuestro sexo. Por eso es tan importante. No es una obsesión que la Iglesia, que hay gente que dice eso, hay la iglesia, ¿por qué tan obsesionada con el sexo? Iglesia obsesionada. No es ninguna obsesión. Es amor. Es amor porque es algo muy importante de tu vida. Segundo, ¿Y la excomunión es un acto de desquite, de venganza, de crueldad? No, es un acto de misericordia, porque es el quitarle, arrancarle el velo a la persona y decirle lo tuyo es, pero gravísimo, gravísimo, gravísimo. Y es tan grave que es necesario que tú lo entiendas hasta el fondo. ¿Para qué? Para lo que dice San Pablo. Para que tú misma te salves. Para que tú mismo puedas ser salvado en el día del Señor. Quedémonos con esas dos enseñanzas. ¿Y qué concluyo yo de esto? Yo no sé ustedes, pero yo me siento amado. Yo me siento amado porque el médico que ve que mis resultados son pavorosos, el médico que ve que mi glucosa en sangre es terrible, el médico que ve que mi creatinina está por los cielos, el médico que ve que el colesterol malo está donde debía estar el colesterol bueno y que estoy pésimo y que después de todo eso el médico me sonríe y me dice siga como va, muy bien, vaya, vaya, tranquilo. Ese médico me odia. Porque ese médico quiere que yo me hunda y me muera o quede quién sabe con qué accidente cerebrovascular. El que me ama es el que me corrige. El que me ama es el que me enseña. Ese es el que me ama.

Y como decíamos en otra predicación hace poco, cuando una persona empieza a diseñar un evangelio especial para ti, el evangelio que te guste a ti, porque resulta que a ti te encanta abortar. Entonces vamos a hacer un evangelio donde el aborto no sea tan terrible. A ti te encanta la práctica homosexual, vamos a hacer un evangelio especial para que no te sientas mal con la práctica homosexual. A ti te encanta que cualquiera se case con cualquiera y haga lo que quiera y entonces vamos a hacer una Biblia especial para que te sientas a gusto. El que te cambia la Biblia, el que te cambia la enseñanza. En primer lugar, no te ama, claramente no te ama. Es como el médico irresponsable y en segundo lugar, el que te cambia la Biblia. Y esto fue lo que dijimos en la otra predicación. Te está irrespetando porque te está diciendo como tú no puedes con el Evangelio completo. Te voy a hacer este evangelio chiquito, un evangelio fácil, porque tú no puedes con el Evangelio de verdad.

Yo me acuerdo cuando estaba aprendiendo a montar bicicleta hace como cincuenta años, estaba aprendiendo a montar bicicleta y en aquella época, no sé, estaban de moda unas rueditas auxiliares. Los que somos viejos nos acordamos de eso, que se le ponían como rueditas auxiliares ahí en la bicicleta, de manera que uno no se cayera tan fácil. Pero la gran alegría de uno es no, quíteme las rueditas esas. Yo quiero ya montar la bicicleta que es. Entonces yo te quiero decir no aceptes un evangelio con rueditas, un evangelio facilito, un evangelio así, suavecito, que no te estorba, que no te molesta. El que te da un evangelio suavecito te está diciendo como eres un incapaz, como tú no vas a poder con el Evangelio de verdad. Entonces te doy este evangelio de mentiras para que tú estés tranquilo. Algo así como como no te puedes alimentar de verdad, entonces te voy a dar un chupete. A mí no me den chupetes, a mí denme el alimento serio, a mí denme el Evangelio de Cristo y espero que cada uno de ustedes tenga también amor y deseo del Evangelio de Jesús. Amén.

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