Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La verdadera inclusión es la que Dios practica: ya que todos estamos incluidos en el dominio del pecado, todos estamos llamados al arrepentimiento, a la conversión y al crecimiento en la virtud para alcanzar la santidad.

Homilía o231010a, predicada en 20220905, con 5 min. y 55 seg.

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Transcripción:

Hermanos, hoy vamos a hablar de la trampa del pluralismo. En nuestro tiempo el pluralismo se ha convertido en una especie de valor absoluto y también en un arma, arma arrojadiza al estilo de los dardos que se usaban en las guerras medievales. Es decir, algo que se le puede tirar a la otra persona, se le puede arrojar a la otra persona para hacerle daño. Entonces, la palabra pluralismo se ha convertido como en una especie de lanza o de dardo que se le puede lanzar a la otra persona especialmente para rechazarla y para desacreditarla. Es decir, es una de esas palabras que en otros contextos hemos llamado palabras dragón, es decir, las palabras con las que pretenden asustarnos, amedrentarnos.

Tú no eres pluralista, tú eres intolerante. Y que le digan a uno que no es pluralista. Eso es un desastre. No soy pluralista. ¡Qué desastre! Me dijeron intolerante. Lo peor que me podía pasar. Soy intolerante. ¿Para qué? Pues para utilizar las que llamamos palabras bandera. Por ejemplo. La palabra tolerancia es una palabra bandera. ¿Qué quiere decir una palabra bandera? que es la palabra que todo el mundo tiene que utilizar, la palabra que está de moda, la palabra que hay que repetir, la palabra que hay que poner. Cuando tú presentas tu empresa a la opinión pública, por ejemplo, una palabra muy conocida hoy y que es una palabra bandera, es la palabra inclusión o ser inclusivo. Entonces tú tienes que decir que tu empresa es inclusiva, inclusiva y que tú eres tolerante. Esas son tus banderas. Tú eres tolerante y tu empresa es inclusiva. Este es un lugar inclusivo.

Debemos admitir que estas palabras bien entendidas tienen un gran significado, tienen un significado muy profundo y muy bello. Por ejemplo, con respecto a la inclusión, como lo han anotado varios en redes sociales, hay una inclusión que es positiva. Pensemos por ejemplo en las personas con síndrome de Down y resulta que la misma sociedad nuestra que se llama inclusiva, asesina a las personas con síndrome de Down antes de que nazcan. Nuestra sociedad inclusiva no los incluye a ellos. Pensemos por ejemplo, en tantos restaurantes que se presentan como inclusivos, pero luego te pones a ver y resulta que la persona discapacitada o la persona ciega no tiene cómo acceder a un menú.

Entonces, hay muchas mentiras, pero hay modos correctos de entender estas palabras. La verdadera inclusión es la que Dios practica. Y la que Dios practica, entre otras cosas, significa que todos estamos incluidos en el dominio del pecado y todos estamos incluidos en el llamado al arrepentimiento, y todos estamos incluidos entonces en la conversión, en el llamado a la conversión y en la vida de crecimiento en la virtud hasta llegar a la santidad. Esa es la inclusión que aparece en la Biblia. Todos, todos. Si yo soy heterosexual, si yo soy homosexual, estoy llamado a dejar el pecado que yo tenga como homosexual, como heterosexual, dejar el pecado. Eso hay que dejarlo. No es ponerle coronas ni ponerle colorcitos, hay que dejar el pecado. Lo tuyo no puede ser una disculpa. Y así con todo lo demás. Entonces esa es la inclusividad. Esa es la inclusión que que predica la Biblia.

Y esto es muy interesante porque en la primera lectura de hoy, primera Carta a los Corintios, capítulo cinco, aparece precisamente un tema de desorden sexual. Uno que vivía con la madrastra, le gustó la madrastra y entonces empezaron a convivir como pareja. Eso en nuestro tiempo, pues implicaría, bajo la norma de la tolerancia absoluta y de la inclusión absoluta y del pluralismo absoluto. Eso significaría hoy que es otro modo de orientación sexual, es otro modo de vivir la sexualidad. Y seguramente no faltaría el que dijera tan respetable ese como este, como este y como el otro. Pero por lo visto San Pablo no estaba sometido a las cadenas de ese tipo de pluralismo o a esa falsa tolerancia o a esa falsa inclusión. El mandato de San Pablo es muy claro: Arrojen de ustedes la levadura que corrompe, es decir, no soporten la tiranía del pecado, no soporten la infección del pecado. Hay que luchar contra ella.

Ahora, ¿quiere decir entonces que San Pablo era un fariseo hipócrita? Venía al contrario, convertido al fariseísmo y convertido del fariseísmo. Entendía el poder de la gracia y el poder de la gracia no es para burlarse de la misericordia de Dios. El poder de la gracia es para que nuestra vida cambie y el pecado se supere. Entonces, cuidado con esas palabritas que se ponen tan de moda y que en el fondo terminan invitando a los cristianos católicos a traicionar el Evangelio. Cuidado con eso.

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