Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Las drásticas acciones del apóstol San Pablo en el caso de un incestuoso de Corinto muestran que las penas jurídicas en la Iglesia tienen siempre una motivación pedagógica y de conversión.

Homilía o231009a, predicada en 20200907, con 21 min. y 53 seg.

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Transcripción:

Hermanos, vamos a reflexionar un momento sobre la primera lectura que nos presenta una escena incómoda. Se trata de una comunidad cristiana fundada por un gran santo, el apóstol San Pablo. Una comunidad que, sin embargo, tiene en su interior una situación escandalosa. ¿De qué se trata? Se trata de un hombre que vive con su madrastra como si fuera su esposa. Es un modelo de incesto. Algo que incluso los mismos paganos rechazaban. Y aquí está sucediendo entre cristianos. Noticias de este escándalo llegaron al apóstol Pablo. Que había fundado esa comunidad cristiana en Corinto, pero que no se encontraba en Corinto. Vamos a aprender varias cosas de estos hechos terribles, dolorosos, escandalosos, y debemos aprender porque nuestra naturaleza humana, herida por el pecado original y mal educada, por nuestros vicios personales y mal enseñada por las costumbres de nuestro tiempo, también cae en todo tipo de pecados.

No es un secreto para nadie que nuestra Iglesia Católica ha conocido situaciones escandalosas también en nuestra época y por eso debemos aprender qué hay que hacer en una situación de éstas, sobre todo más que las acciones de cada uno en particular, porque a veces uno no puede hacer nada. Debemos aprender cuál es el reto actual de la Iglesia para saber qué debemos esperar en situaciones como éstas. ¿De qué se trata? Pues empecemos por el hecho de que Pablo se enteró del problema. Repito, él no estaba en Corinto. Era una comunidad que le había costado mucho tiempo, mucho trabajo y muchísima oración, según nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pablo estuvo cerca de dos años en Corinto, dos años. Cuando uno piensa en la santidad y en la sabiduría y en el don del Espíritu Santo que estaba en San Pablo. Casi que uno puede sentir admiración o lo que las personas llaman envidia de la buena. Imagínate lo que es tener dos años a San Pablo contigo. Era una comunidad muy importante a la que él le había dedicado tiempo, amor y oración. Pero sucede este escándalo y la comunidad de Corinto no se queda callada. Ahí empiezan las enseñanzas para nosotros. Los escándalos no son para esconderlos, los escándalos no son para echarles tierra. Los escándalos no son para mirar a otro lado y decir aquí no ha pasado nada. Lo mismo que una herida. Si no se atiende, se infecta.

Así también los escándalos, los pecados graves hay que abordarlos y hay que abordarlos de frente. La comunidad de Corinto, o por lo menos algunos de sus representantes, no se quedaron callados. Hay que hablar. Esta actitud de hablar, este sacar a luz incluso lo que duele, es lo que ha venido tratando de hacer la Iglesia Católica en un proceso de conversión colectiva que creo que hace mucho bien. Entonces, primera enseñanza. Las cosas hay que hablarlas y hay que hablarlas ante la autoridad correspondiente. Segundo punto corrige el apóstol Pablo y dice: ¿Todavía sentís orgullo? La comunidad de Corinto era una comunidad muy complicada. Corinto, como hemos mencionado muchas otras veces, es un puerto en la Grecia. Grecia antigua y Grecia actual. Este puerto es, por consiguiente, un lugar de tráfico de dinero, de bienes y también de ideas, de religiones. Lamentablemente, debemos decir también lugar de tráfico de personas en la época de Pablo, porque era famosa la ciudad de Corinto por su inmoralidad sexual. Decirle a una mujer eres una corintia era realmente insultarla, tratarla como una cualquiera. Eso muestra el bajísimo nivel moral que tenía esa ciudad.

Pero aquí viene la segunda enseñanza por el hecho de que hubiera todo tipo de depravaciones, incluyendo prostitución, orgías y toda clase de desorden por el hecho de que hubiera toda clase de depravaciones en esa ciudad. Pablo no toma una actitud, llamémosla así de negociación, ni tampoco de compromiso con esa corrupción sexual. Su posición es clara. Nosotros como cristianos, hemos sido llamados a una vida de pureza y santidad. A esa vida hemos sido llamados, que se puede fallar, se puede fallar. Pero lo que él critica a los corintios no es el hecho de que fallen, sino que por lo menos un número de ellos habían tomado una actitud cínica, ¿Qué es el cinismo? Reconocer que algo que ha sido considerado pecado. Lo estoy haciendo y me enorgullezco. Me enorgullezco de lo que hago. Eso se llama cinismo. Por algo existen las marchas del orgullo. Me enorgullezco de lo que hago. Pablo toma una postura distinta. Dice el orgullo de ustedes. ¿A qué viene? Ustedes deberían estar de luto. Entonces no se puede tolerar la inmoralidad. No se puede tolerar que todos somos débiles. Si que podemos caer. Sí, pero una cosa es que haya caídas y otra cosa es que haya exhibición y orgullo del pecado.

Y ya te das cuenta cuánto parece que se había perdido del trabajo de Pablo en esta comunidad, tanto tiempo que él había dedicado y ya ves cómo estaban las cosas. Entonces llevamos dos enseñanzas de este caso. La primera, que hay que hablar, las cosas hay que hablarlas y afrontarlas. La segunda, cuidado con el cinismo, porque cuando a uno el pecado lo ha mordido varias veces, hay un momento en el que uno al parecer se cansa y entonces empieza a justificar el pecado. Y luego para borrar cualquier rastro de conciencia, incluso se declara orgulloso de lo que hacen. Vamos con la tercera enseñanza. Pablo declara una sentencia. Es una sentencia dura. Corresponde a lo que hay en la Iglesia Católica llamamos excomunión. Excomunión sáquenlo de la comunidad. Puede parecer una falta de caridad. Y el lenguaje que utiliza Pablo es mucho más fuerte. Voy a leer esta traducción que tengo aquí. Dice aquí: He tomado una decisión. Reunidos vosotros en nombre de nuestro Señor Jesús, y yo, presente en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entregar al que ha hecho eso en manos del diablo. El trabajo, es decir, el propósito de la excomunión, es claramente que la persona sufra, que sufra las consecuencias del pecado, ya que quiere estar ciego, ya que quiere incluso enorgullecerse de lo que está haciendo.

Pues necesitamos que se abran sus ojos y para eso a veces es preciso el sufrimiento. Aquí entienden ustedes la razón de una oración extrema. Yo la llamo una oración extrema, que he tenido que recomendársela a varios papás y mamás. Papás y mamás que sufren cuando ven que sus hijos están en ciertas sendas de pecado, y no parece que ninguna corrección sirva. Más bien parece que están enorgullecidos y endurecidos en lo suyo. Entonces ahí viene la oración extrema, que es hija de este capítulo quinto, de la primera Carta a los Corintios. Y ya verán ustedes que es mucho más suave que San Pablo. ¿Cuál es la oración extrema? Señor, haz lo que tengas que hacer para que este hijo se encuentre contigo. Es una versión realmente muy suave. Pablo dice aquí vamos a entregarlo al diablo, o sea, vamos a que sufra, vamos a que descubra la realidad, ya que quiere estar ciego, ya que se ha puesto una especie de una especie de antifaz sobre sus ojos.

Pues entonces que sea el sufrimiento el que lo despierte. ¿Qué le pasó al hijo pródigo cuando despertó el hijo pródigo de su engaño? ¿En qué momento despertó? ¿Recién salido de la casa? No, cuando empezó a darse lo que la gente llama la gran vida. Ahí no cambió. Cuando empezó a organizar esos banquetes y a rodearse de toda clase de prostitutas. ¿Ahí se convirtió? No. A veces el camino de la conversión pasa por el momento en el que este hombre se dio cuenta: Quisiera comer lo que comen los cerdos y nadie se lo daba. Él veía que le daban alimento a los marranos y él tenía ganas de comer comida de marrano y ni siquiera eso podía. Estemos de acuerdo, por favor, en que es una situación extrema, pero esa situación extrema le sirvió porque llegando a esa situación extrema por fin se le cayeron las escamas de los ojos y por fin empezó a decir: Oiga, los obreros de la casa de mi padre están mejor que yo. O sea que a veces hay que llegar a esas situaciones.

Entonces, la excomunión ¿qué es? La excomunión, es la medida. Oiga esta definición que vamos a dar. Medida caritativa y pedagógica que utiliza la Iglesia para ayudar a que una persona descubra el verdadero estado de su alma. Esa es la excomunión. Es una medida extrema, debo decir, extrema, pedagógica y caritativa. Pero alguien dirá. ¿Qué clase de caridad es esa? Entregarlo al diablo. ¿Qué clase de caridad? Estaba realmente muerto de ir a San Pablo. Deja de juzgar a San Pablo. Pablo sabía lo que estaba haciendo. Es una medida extrema, pero es una medida pedagógica y caritativa. ¿Para qué? Para que la persona no tenga otra alternativa, sino arrancarse las escamas de los ojos y ver la triste realidad en la que se encuentra. Eso es lo que es la excomunión.

Tal vez ustedes se preguntarán Bueno, ¿y por qué se llega a este extremo? La respuesta es porque el pecado tiene poder. El pecado tiene poder. Si no tuviera poder, no hubiera que llegar a estos extremos. Pero entonces cambiemos la pregunta ¿Para qué se realiza una decisión, una sentencia tan fuerte? El mismo texto lo explica. No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa. Si no se toman medidas de público arrepentimiento cuando ha habido situaciones de público escándalo. Fácilmente el mensaje que queda en la comunidad es pecar es gratis. Da lo mismo, da lo mismo. Entonces Pablo está pensando en primer lugar en la conversión de ese pecador y de la mujer con la que estaba. Está pensando en primer lugar en la conversión de ellos. Pero en segundo lugar, está pensando en que si no se toman medidas, ese daño se multiplica. Un poco de levadura fermenta toda la masa. Por eso te digo que es una medida extrema, pero pedagógica y caritativa, caritativa con la misma persona para llamar la conversión y caritativa con la comunidad.

Ustedes y yo hemos visto, por ejemplo, el daño tan terrible que ha hecho a la Iglesia eso de que hay sacerdotes que abandonan su vocación. Y mientras digo esto, clamó la sangre de Cristo que me proteja y me encomiendo a sus oraciones. Pero ustedes han visto el daño que hace eso de que un sacerdote, por ejemplo, dice: Me cansé, me cansé, me voy y deja todo tirado. Y uno dice: ¿Y la comunidad? ¿Y la iglesia a la que prometiste servir? No importa. Eso no importa. Solo importa que tú y tú y tú. No había un compromiso con nadie más. Estamos en una situación grave. Yo sé que hay situaciones complicadas con la jerarquía de nuestra Iglesia católica. Y alguien podría decir que la burocracia y que tantas otras cosas y que la incomprensión y que me maltrataron. Les digo algo, a mí también me han maltratado y no daré más detalles.

Entonces ¿qué? ¿Mi compromiso es con Cristo y con la Iglesia o con quién es? Si no se toman medidas, ¿qué es lo que termina sucediendo? Lo que termina sucediendo es que da la impresión de que al fin el pecador es un héroe, o el pecador está mostrando una nueva forma de ser cristiano o el pecador es una víctima, pobrecito, no ha sido sino lastimado toda su vida. Yo sé que hay casos y casos y hay situaciones diversas, pero recuerda, tu compromiso no fue ni con este lugar ni con esta persona, fue con Jesús y fue con la Iglesia. Pero es que todos somos débiles y todos somos pecadores. Totalmente cierto. Totalmente cierto. Y este que está hablando no es un inocente. Por supuesto que yo también necesito conversión. Pero una cosa es que uno caiga en pecado y esté luchando contra el pecado, y otra cosa es que uno caiga en pecado y diga pecar no importa. No llamen a eso pecado. Todo es normal, Hagámoslo todos. O lo que dicen muchos, es la Iglesia la que tiene que cambiar. Que la Iglesia cambie. ¿Que cambie para qué? Para que quede a la medida tuya. Eso es lo que tú quieres.

Entonces necesitamos conversión. El llamado de fondo del mensaje de Pablo es: Todos somos pecadores, pero no podemos hacer del pecado ni un estándar, ni una bandera, ni un modelo, ni un motivo de gloria. No se puede hacer. Y si alguien pretende hacerlo, lo que debe hacer la Iglesia es tomar las medidas como las que tomó Pablo. Cierro con una última pregunta. ¿Funcionó? ¿Funcionó esta medida extrema? Respuesta Sí, funcionó. El estudio cuidadoso de la Segunda Carta a los Corintios. El texto que se leyó fue de la primera carta a los Corintios. El estudio de la Segunda carta a los Corintios muestra dos cosas. Primera, que la comunicación por carta entre los Corintios y Pablo siguió después de este primer comunicado.

Segundo, la que nosotros llamamos segunda Carta a los Corintios viene siendo en orden cronológico por lo menos la tercera de las comunicaciones entre ellos y la que nosotros llamamos tercera Carta a los Corintios, hace referencia a algo que Pablo llama una carta con muchas lágrimas. Por lo que sabemos, por lo que parece entenderse, esta persona que había caído en semejante escándalo se arrepintió. Y de ahí viene el término muchas lágrimas. Conmovido por el arrepentimiento de esta persona, Pablo fue el primero en decir: Por favor, admítanlo de nuevo a la comunidad. O sea que el remedio funcionó. Fue un remedio saludable, que era lo que se quería. El papel de un castigo dentro de la iglesia no es llevar a la persona a la desesperación, sino a la conversión. De manera que se hace mal si no se castiga. Y repito. Escándalo público. Castigo público. Esa es la proporción. Se hace mal a la Iglesia si no se castiga. Pero también se haría mal a la Iglesia si el castigo no está vestido de sabiduría y de la necesaria compasión cuando hay conversión en la persona.

Son grandes enseñanzas y esto es lo que tenemos que esperar para nuestra Iglesia. Y esto es lo que debemos orar para que suceda, no que se escondan las cosas. Tampoco que caigamos en el cinismo, pero sí que haya conversión y que podamos, en medio de nuestras debilidades, que todos tenemos, avanzar en mayor fidelidad hacia Jesús. Amén.

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