Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo no quiere que seamos esclavos de la ley sino que descubramos su sentido: encontrar el amor de Dios y el camino a la plena comunión con Él.

Homilía o231007a, predicada en 20180910, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del capítulo sexto de San Lucas. Recordemos cuál es el orden general que sigue la Iglesia cuando se trata de las lecturas de la misa de entre semana. Lo que sucede es que durante una primera parte del año tenemos las lecturas de San Marcos. Vamos haciendo una lectura casi continua de marcos hasta llegar a los capítulos antes de la pasión. Después tomamos una serie de lecturas de Mateo y después, en esta parte final del año, hacemos una serie de lecturas de San Lucas. De manera que si una persona asiste a misa entre semana, tiene la posibilidad de seguir con una mirada muy atenta, muy contemplativa y que le va a dejar gran riqueza seguir a Marcos, después a Mateo y después a Lucas. Por eso podemos bien pensar que a través de esas lecturas estamos haciendo como un recorrido, como un ciclo alrededor de Cristo. Así como a lo largo del año la Tierra va haciendo un recorrido alrededor del Sol, nosotros en la iglesia vamos haciendo un recorrido guiados por los Evangelios, un recorrido alrededor de Cristo. Eso para las lecturas de entre semana.

Estamos, pues, en el capítulo sexto de San Lucas y encontramos una de las muchas controversias, una de las muchas confrontaciones entre Jesucristo y los fariseos. ¿Qué hay detrás de esto? Se trataba simplemente de una especie de juego político, por darle un nombre. Se trataba simplemente de que hay distintas opciones, gustos, preferencias, tendencias. Hay personas que miran las cosas así en la iglesia, como diciendo bueno, hay gente de derecha, hay gente de izquierda, como si diera lo mismo una cosa que otra. Hay unos que son muy conservadores, otros son progresistas y de nuevo, como si fuera exactamente lo mismo una cosa que otra. La verdad es que en la iglesia no podemos resolver las cosas de ese modo. Simplemente contentándonos con decir hay unos que dicen esto y hay otros que dicen esto otro.

Recordamos aquel pasaje en el que Cristo les pregunta a los discípulos ¿Qué dice la gente que soy yo? ¿Quién dice la gente que soy yo? Y ellos traen una colección de opiniones. Pero Cristo no se queda en la colección de opiniones. Y Cristo no quiere que su iglesia sea una colección de opiniones. Por eso les pregunta ¿Y ustedes? ¿Ustedes quién dicen que soy yo? Entonces, en la época de Cristo había esa confrontación entre el mensaje del Evangelio y el mensaje de los fariseos. Insisto, no era simplemente una confrontación de opiniones.

Hay algo más profundo aquí. ¿Qué es lo que sucede? La ley de Moisés era bastante severa con respecto al día sábado. Pero el mandamiento se había quedado únicamente en su corteza dentro de la mentalidad de los fariseos. Porque el mandamiento de Moisés decía que el día sábado era un día de descanso. Eso está muy bien. Día de descanso, perfecto. Pero ese descanso tenía un propósito: quedarse únicamente en que es día de descanso. Día de descanso. No se puede trabajar, no se puede hacer nada. Ni siquiera se puede curar a un paralítico. ¿Qué es lo que nos presenta el texto de hoy? Ni siquiera eso se puede hacer. Eso es quedarse con una versión absolutamente externa, superficial. El mandamiento tiene una razón de ser. Es decir, el mandamiento no es solo letra. El mandamiento tiene un propósito, tiene un sentido, tiene un bien, un bien que quiere traer a nuestra vida.

Y ese bien es el que se les escapa a los fariseos. Y ese bien es el que Cristo quiere defender. Entonces, ¿cuál es el propósito de ese descanso? El propósito de ese cesar, el trabajo en las obras más serviles que sé yo. Por ejemplo, arar los campos o recoger la cosecha, hacer gavillas, ese tipo de cosas. El propósito, cuando se dice paremos ese trabajo es porque no todo en nuestra vida, no todo lo que nosotros somos puede limitarse simplemente a trabajar, trabajar, trabajar o como me gusta decir, trabajar, consumir y entretenerse la vida tiene que ser más. Entonces, el verdadero propósito del sábado era sacar a las personas de ese círculo estrecho de simple trabajar, producir y consumir. Y eso es lo que no veían los fariseos. Ellos no veían el propósito, no les interesaba el propósito, se quedaban en la corteza, en la concha, no veían el objetivo y por eso se quedaban simplemente en la letra.

Entonces, no es que Cristo y los fariseos tuvieran simplemente dos opiniones distintas, es que a ellos se les estaba escapando el verdadero propósito, el verdadero sentido. Y eso es lo que Cristo quiere que nosotros no seamos simplemente esclavos de la ley, sino que descubriendo ese propósito, descubramos el amor de un Dios que quiere guiarnos hasta llevarnos a la plena comunión con Él.

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