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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Aún las penas más duras tienen en la Iglesia un objetivo último: nuestra conversión.
Homilía o231006a, predicada en 20160905, con 10 min. y 16 seg. 
Transcripción:
La estrategia más fuerte que tiene el mal es ocultar sus consecuencias. Esta frase puede servir de síntesis para lo que nos presenta la primera lectura de hoy, que fue tomada de la primera carta de San Pablo a los Corintios. Hay ocasiones en que el mal llega a integrarse tanto en el tejido de la vida de las personas, que ya no se reconoce como malo sino como normal. Y cuando el mal se esconde y se mimetiza de esa manera, es casi imposible sacarlo. Precisamente porque no parece malo. Algo así fue lo que sucedió en esa comunidad de Corinto, se presenta una situación vergonzosa, obscena. Este es un hombre que está viviendo con la madrastra como si fuera la esposa. Pablo no se escandaliza tanto por el pecado en sí, sino por la tranquilidad de los corintios, que no solo parecían estar conformes con esa situación, sino que seguían con altivez, pensando que ellos eran una gran comunidad cristiana. Por eso les habla del orgullo que tienen. Entonces la pregunta que surge es ¿qué debe hacer uno cuando el mal se ha entretejido tanto en la vida, que ya parece normal? ¿Qué hay que hacer en esas circunstancias? Para mí esta no es una pregunta teórica. Este es el drama que he visto en personas que sienten grandísimo dolor cuando ven, por ejemplo, que sus hijos están tomando un mal camino. Pero como la sociedad en la que vivimos todo lo ve normal o casi todo, hay unos cuantos pecados que sigue rechazando, pero muchos pecados ya están muy integrados en el tejido social. Entonces, estos papás o estas mamás sufren mucho, por ejemplo, ven que un hijo se aparta de la fe y que sencillamente no le ve ningún problema a eso. Ha suspendido toda forma de oración, se apartó de la Eucaristía. Nunca más se confesó. En la práctica ha apostatado, pero no siente dolor. No le parece grave. ¿Qué hacer ahí? Por supuesto, el Estado es cómplice en todo esto, porque las leyes que va aprobando el Estado aceleran el proceso de aceptación de todo tipo de comportamientos inmorales. Hay una prisa, una prisa casi inexplicable por legalizar el consumo de drogas, por aprobar eutanasia, por aprobar aborto, por destruir la esencia del matrimonio. Y todas esas leyes hacen que la gente, el común de la gente que en general carece de sentido crítico. Pues tenga un lugar donde recostar su conciencia. Porque es muy fácil pensar que lo que está aprobado legalmente es correcto moralmente. Qué he tenido que hacer yo cuando veo a una mamá desesperada por su hijo que lleva tiempo consumiendo marihuana y que le dice no tiene nada, mamá, no ponga tanto problema. ¿Qué hay que hacer cuando unos papás sufren porque ven que se ha instalado la práctica homosexual en un hijo o en una hija? Y eso es moderno y eso ya está probado y eso ya está superado. Ya salimos de la Inquisición, papá, deja de estar amargando la vida. Llega un momento en el que la posibilidad de razonar con las personas queda prácticamente rota, porque la razón humana tiene grandes límites y esos límites suelen ser los límites de la propia conveniencia. La razón humana no es señora, es esclava. La razón humana es esclava que va justificando lo que uno tiende a hacer y le tiende a gustar. Es muy difícil encontrar una persona que tenga una capacidad de análisis y de razonamiento que le lleve a cuestionar su propio comportamiento. Es muy difícil. Existen algunos. Entonces, muchas veces ¿qué es lo que hay que hacer? Pues hay que llegar a medidas drásticas y eso es lo que nos muestra San Pablo en la primera lectura. En la práctica, lo que tenemos en esa primera lectura es que San Pablo pronunció una excomunión. Fuera de la comunidad cristiana. Y dice palabras durísimas de las más duras que aparecen en todas las cartas de San Pablo, dice: Su cuerpo quedará destruido por el demonio, es decir, lo está entregando al poder del demonio. Eso es parte del mensaje cristiano. ¿Sería que Pablo carecía de misericordia? ¿Sería que Pablo no tenía amor? Por supuesto que Pablo tenía misericordia, pero es que la misericordia muchas veces consiste en que la gente experimente las consecuencias de su pecado. Y como la estrategia del mal es que no se vean las consecuencias, entonces la orden de Pablo es: Quiero que se vean las consecuencias del pecado. Nosotros no somos Pablo y un papá o una mamá no puede excomulgar a su hijo, pero un papá o una mamá sí puede hacer esta oración que yo la llamo oración extrema: Señor, lo que tengas que hacer, pero que mi hijo se encuentre contigo. Porque el problema de los papás y sobre todo de las mamás, es que les duele tanto que el hijito sufra, que la hijita sufra y entonces para que la hija no sufra, mejor que esté en pecado, no es buen negocio, porque el pecado le llevará al peor de los sufrimientos en esta vida. Y si no se convierte, existe también el peligro de la condenación eterna. Eso está en la Biblia y no lo vamos a negar aquí. Entonces, ¿qué hay que hacer? Hay que hacer la oración extrema, hay que pasar por encima de la propia carnalidad, hay que pasar por encima del simple sentimiento humano y orar con fuerza diciendo Señor, lo que tengas que hacer, lo que tengas que hacer. Pero que mi papá o mi mamá, o mi hijo, o mi hija, o mi amigo o mi amiga, se encuentre contigo lo que tengas que hacer y a veces lo que Dios tiene que hacer es extremo. Esa oración recomiendo yo porque no podemos tolerar que los escondites de la maldad le permitan prosperar en nuestra vida. Entonces hay que pedirle a Dios eso, lo que tengas que hacer para que mi encuentro, porque cada uno debe aplicarlo también a sí mismo, para que mi encuentro contigo sea como tiene que ser. Y para las personas que yo amo, que puede ser la esposa, el esposo, los hijos, los amigos, lo que sea lo que tengas que hacer para que se encuentren contigo. La orden que Dios San Pablo fue muy eficaz. Esa excomunión se cumplió. Si uno lee la segunda carta a los Corintios, se da cuenta que la persona que fue excomulgada realmente quedó tan impactada por eso que entró verdaderamente en un proceso de conversión y de penitencia. Y entonces, en la segunda carta a los Corintios encontramos que Pablo dice: Debemos ahora levantar esa pena a esa persona. Ha llegado el tiempo de la reconciliación. ¿Por qué? Porque ya la persona entendió, porque ahora sí vio, ahora sí se dio cuenta. Donde se ve que la excomunión es una medida extrema, pero no es una medida última. Es decir, no es última en el sentido de que no se trata de condenar a la gente para siempre. Siempre, la excomunión es un llamado extremo a extremo para que la persona recapacite una vez más. Nosotros no somos nadie para excomulgar, pero sí podemos orar para pedirle a Dios que cada uno vea realmente en dónde está fallando, en dónde le está dando la espalda al Señor. No nos vamos a convertir y no vamos a ser santos en un día. Pero los pasos sí hay que empezar a darlos y darlos pronto.

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