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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para buscar y apreciar los buenos pastores debemos discernir, agradecer al encontrarlos, obedecer lo que Dios nos muestra a través de estas personas y orar por ellos.
Homilía o223007a, predicada en 20200902, con 6 min. y 18 seg. 
Transcripción:
¿Qué actitud, qué actitud debe tomar un cristiano frente a los buenos pastores que Dios le concede? Llamamos aquí buenos pastores a aquel misionero, aquella misionera que nos ha expuesto fielmente, amorosamente, apasionadamente, la Palabra de Dios, aquel catequista que se ha entregado con generosidad en el servicio y ha sido fiel a la doctrina de la Iglesia. Aquel sacerdote que nos ha compartido el Evangelio, primero con su vida y luego con sus palabras, y lo ha celebrado en los sacramentos. Aquellos obispos que han sido valientes y han salido a proteger el rebaño de Cristo, ya se trate de cuestiones doctrinales, litúrgicas, morales y también en la relación con la sociedad civil. En fin, esos son los buenos pastores.
¿Qué actitud debe tener uno hacia esos buenos pastores? Yo creo que lo podemos resumir en unas cinco palabras inspirándonos en las recomendaciones que San Pablo le da a la comunidad de Corinto, por ejemplo, como aparece en la primera lectura de hoy. Efectivamente, la comunidad de Corinto tenía siempre la tentación de la división. Y ellos como que se apegaban mucho a determinados líderes, a lo que aquí estamos llamando buenos pastores, se apegaban mucho a la enseñanza de este, al estilo de aquel. Y por eso terminaban en conflictos, en sectas, en partidos, cosas que no le dan la gloria a Dios.
Entonces, la pregunta es ¿qué se hace ahí? ¿Cómo debemos obrar nosotros con los buenos pastores? De los malos pastores podríamos decir muchas cosas, pero tomamos conciencia de que no es el tema de hoy en la lectura. Entonces, ¿qué podemos hacer, qué debemos hacer con respecto a los buenos pastores? Pues lo primero que necesitamos, obviamente, es discernimiento. San Pablo nos dice que nosotros somos muy valiosos, nosotros somos edificación de Dios, nosotros somos obra de Dios, nosotros somos de Dios. Y si nosotros somos de Dios y le hemos costado precio de su sangre, nosotros no podemos entregar el precio de la sangre de Cristo a las enseñanzas de un pastor que sea falso pastor, por eso lo primero es discernir. Lamentablemente en nuestra época, lo mismo que en muchas otras épocas, pues no falta, no falta el que enseña lo que no es, no falta el que niega algunos elementos de la fe, que dice Santo Tomás, es como negar la fe entera. Entonces, lo primero que necesitamos es discernimiento para buscar y apreciar los buenos pastores, eso es lo primero.
Segundo, es necesario al descubrir estos buenos pastores, es necesario, por supuesto, el agradecimiento. Pablo nos dice que cada uno recibirá su paga, es decir, tiene mérito, tiene mérito. Yo pienso, por ejemplo, en tantas personas, un ejemplo que no di ahorita, el ejemplo de un buen predicador católico, de un buen cantante. Mira, hay gente que a través de su música católica ha hecho un bien a millones de personas. Hay hombres, hay mujeres que tienen un don especial y que a través de la música hacen maravillas, maravillas que el Señor hace a través de ellos podríamos decir. Cuando tú miras que hay videos de tal o cual sacerdote, religioso, religiosa, laico, grupo de laicos, cosas bellas, millones de reproducciones, necesitamos gratitud, hay que agradecer eso. A veces, hay gente que entiende mal el tema de no idolatrar a los líderes, lo entiende como en el sentido de que tenemos que ser desagradecidos, como quien dice: No le diga nada porque se va a envanecer. Eso es como un ataque, un ataque guiado por el prejuicio. No, no tenemos que idolatrar, pero sí tenemos que admirar y tenemos que agradecer, eso es real.
Tercer punto, tenemos que obedecer lo que Dios nos muestra a través de esos buenos pastores. Si yo miro, por ejemplo, las enseñanzas del que yo personalmente considero un magnífico pastor, el Papa Benedicto XVI, si yo veo que el hombre está enseñando cosas que son realmente profundas y ciertas, eso tiene una implicación en mi vida. Es decir, la obediencia, que no es simplemente obediencia humana, es obediencia a lo que Dios me muestra a través de esa persona. Entonces se necesita obediencia.
Cuarto lugar, tenemos que tener en cuenta el deber de orar por esas personas. El apóstol Santiago nos dice que no queramos todos ser maestros y dice: Los maestros tendremos un juicio más severo. Eso quiere decir que, en cierto sentido, está más en peligro la persona que predica, la persona que canta, la persona que gobierna, la persona que de algún modo dirige y ofrece el Evangelio. Entonces, hay que orar más por esas personas. Y en último lugar, pensemos que también nosotros, cada uno de nosotros, tiene repercusiones en otras vidas, lo que tú hagas, lo que tú digas, lo que salga en tus redes sociales, eso o acerca o aleja a la gente hacia Cristo. Entonces, piensa lo que estás haciendo. Es decir, el último punto, asume tu propia responsabilidad. Tú también tienes, no lo vas a creer, te va a sonar exagerado, pero tú también tienes gente que, de alguna manera, te está viendo y te está siguiendo. Entonces, atención a tu propia responsabilidad. Amén.

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