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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo es nuestra respuesta pero también es nuestra gran pregunta.
Homilía o223006a, predicada en 20180905, con 4 min. y 36 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy está tomado del capítulo cuarto de San Lucas y lo podemos resumir en un mensaje muy sencillo. Es cierto que Cristo sacia nuestra hambre, pero también es cierto, y esto se dice mucho menos, también es cierto que Cristo trae hambre a nuestra vida. Por una parte, nos sacia, pero también trae para nosotros nueva hambre, las dos cosas son importantes. Yo lo relaciono con otra expresión que se dice de nuestro Señor Jesucristo, Cristo es nuestra respuesta. Totalmente cierto, pero Cristo también es nuestra gran pregunta.
Algunos que han escuchado el testimonio de este servidor de ustedes, algunos que han escuchado mi testimonio de conversión y de vocación, ya me han oído lo que me sucedió con el padre Rafael García Herreros, un gran sacerdote eudista de los, podríamos decir, de los iniciadores de la Renovación Carismática Católica en Colombia. En alguna ocasión, mientras yo estaba un poco en mi discernimiento vocacional, tuve ocasión, tuve oportunidad de hablar con él, y la pregunta que él me hizo fue: ¿Usted qué hace? Y le respondí: Estudió Física y Matemáticas en la Universidad Nacional de Colombia. Y entonces me dijo: Osea que usted tiene que resolver muchos problemas. Y le respondí con una sonrisa: Pues sí. Y me dice él: Y usted ¿ya resolvió el problema de Jesucristo? Yo no había pensado que Jesucristo pudiera ser también una especie de problema, algo que tenía que ser resuelto.
Y siempre menciono aquella canción bastante conocida, se cantaba más hace unos años una canción del Padre Zezinho, esa canción donde él dice: Jesucristo me dejó inquieto. Y eso significa que Jesucristo no solo me trae la paz, sino que también me trae una sana inquietud. Jesucristo no solo me trae una respuesta, sino que también me deja una maravillosa pregunta. Jesucristo no solamente me sacia, sino que también me da hambre, hambre bendita, hambre santa de más. Y este es el dinamismo propio de la vida cristiana. De eso es de lo que se trata en la vida cristiana, de encontrar y seguir buscando, ser saciados y tener nueva hambre, recibir una respuesta y tener otra pregunta.
De eso es de lo que se trata, porque en el momento en el que nosotros nos consideremos simplemente saciados, nos vamos a detener. En el momento en el que nosotros sintamos que ya lo sabemos todo, lo entendemos todo y ya tenemos completa la doctrina, pues entonces vamos a dejar de buscar la verdad soberana y, sobre todo, vamos a tener la tentación de simplemente criticar a todos los demás, porque se supone que tenemos la verdad absoluta y completa a nosotros. Entonces date cuenta, date cuenta la sabiduría que hay en esto, Jesucristo nos pone en movimiento, eso es lo que nos muestra el Evangelio de hoy. Jesucristo hizo muchos milagros. Jesucristo predicó a aquellas multitudes, por ejemplo, en Cafarnaún. Pero luego, Jesús se pone en movimiento, o como dice el Papa Francisco: Iglesia en salida.
Jesucristo se pone en movimiento, deja a la gente con ganas de más, los pone también a ellos en movimiento. Algo así como si les dijera: Si quieren estar conmigo, muévanse conmigo. Si quieren estar a mi lado, hagan camino conmigo. El llamado de seguirlo no es solamente para los doce. El llamado de seguirlo es un llamado para todo cristiano. Y el Señor quiere que estemos en movimiento, el Señor quiere que no nos contentemos, que encontremos sí porque Él dice: El que busca, encuentra. Pero es como si nos dijera: Y el que encuentra quiere buscar más. Que esa sea nuestra vida y que el dinamismo de nuestra vida cristiana transforme y fascine también a nuestros hermanos.

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