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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Hay una misma caridad al acercarnos al prójimo para hablarle de Dios, y al apartarnos del prójimo para hablarle a Dios de él.
Homilía o223005a, predicada en 20160831, con 3 min. y 19 seg. 
Transcripción:
Hay un contraste muy hermoso en el Evangelio de hoy entre la soledad y la multitud. Podemos decir que el breve texto que hemos escuchado tiene tres partes. Por un lado, está una curación, la curación de la suegra de Pedro. Luego tenemos un momento de soledad, porque Cristo se va al desierto, se va a un lugar solitario a orar. Y luego una nueva multitud, porque el mismo Cristo dice: Tengo que ir a otras poblaciones, tengo que ir a otros lugares. Es decir que encontramos a Cristo, a veces rodeado de la multitud, pero también encontramos a Cristo apartándose de la multitud. Y lo más hermoso me parece en un texto como éste, es reconocer que hay una misma caridad en el Cristo que busca la multitud para predicarle, y en el Cristo que se aparta de la multitud para orar.
Para mí, como dominico, resulta inevitable relacionar este pasaje con lo que se dice de nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán, porque los biógrafos de Santo Domingo dicen: En el día nadie más cercano que él a la gente afable, alegre, amoroso. En la noche nadie más asiduo que él en las prolongadas vigilias, hasta llegar a pasar muchas veces la noche entera en oración. Y también aquella otra expresión que se dice de Santo Domingo: Hablaba raramente a no ser con Dios en la oración o de Dios en la predicación. Así que el pasaje del Evangelio de hoy me hace recordar a Santo Domingo, pero lo más importante, repito, es redescubrir esas dos dimensiones de la caridad.
Hay caridad cuando nos acercamos al prójimo para servir, pero hay caridad cuando nos alejamos físicamente, no de corazón, nos alejamos del prójimo para orar, ambas cosas son importantes. Es importante acercarse al prójimo para dar testimonio, podemos decir para hablarle de Dios. Pero también es importante apartarse físicamente del prójimo para hablar a Dios del prójimo. Fíjate cómo en algún caso, en el primer caso, le hablamos al prójimo de Dios y en el segundo caso le hablamos a Dios del prójimo y es un mismo amor el que nos mueve. También esto se nota en los dos tipos principales de vida cristiana, de formas de vida cristiana en la Iglesia, porque la vida contemplativa enfatiza aquello de hablarle a Dios sobre las necesidades del prójimo, mientras que la vida activa en el ejercicio de las obras de caridad y en la predicación, se caracteriza por hablarle al prójimo, darle testimonio al prójimo sobre Dios. Que ese mismo amor de Cristo siga floreciendo en la Iglesia para gloria de su nombre.

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