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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Qué entendía san Pablo por carnalidad, y por mente carnal.
Homilía o223004a, predicada en 20140903, con 5 min. y 45 seg. 
Transcripción:
Basándonos en la primera lectura, el día de ayer explicábamos cómo hay una diferencia entre lo que San Pablo llama el hombre de espíritu, el hombre que conoce el don del Espíritu Santo, y ese otro, ese otro hombre que no sabe realmente las dimensiones del amor de Dios y que por tanto se atiene simplemente a las cosas de este mundo, a lo que puede controlar, al bien inmediato y a sus propios intereses. Es como la diferencia entre el «ánthropos pneumatikos» y el «ánthropos psychikos», entre el hombre espiritual y el hombre puramente natural, lo que da la humanidad herida por el pecado con sus solas fuerzas. Esa distinción es muy importante porque en el fondo es una invitación a que nosotros seamos plenamente hombres y mujeres, por supuesto, colmados con la gracia del Espíritu, verdaderos conocedores del amor de Dios. Bueno, esa enseñanza es importante, es clave.
Hoy aparece, en el texto de hoy aparece otra enseñanza semejante, utilizando otra pareja de términos. San Pablo habla de hombres de nuevo espirituales, o gente de espíritu, gente espiritual, y habla también de gente carnal. Entonces, aparece como una contraposición, un contraste muy fuerte entre los espirituales y los carnales. Alguien podría pensar, y es un error frecuente, que cuando San Pablo habla de esta manera sobre la carne, está despreciando al cuerpo, está despreciando nuestra realidad corporal. Ese sería un modo de ver las cosas, pero es un modo equivocado, porque San Pablo proviene de un conocimiento muy profundo de la Sagrada Escritura y además recibió toda esa gracia de la conversión y una iluminación absolutamente sublime de los misterios de Dios.
Entonces, Pablo sabe perfectamente que ya desde el libro del Génesis, está esa frase que destruye toda posible oposición entre materia y espíritu: «Dios vio todo lo que había hecho y todo era bueno». De manera que cualquier intento de utilizar las palabras de San Pablo para describir la realidad corporal nuestra, como si fuera esencialmente pecaminosa, como diciendo, es que el cuerpo es, es de suyo pecador, o es pecaminoso, o es fuente de pecado. Pues puede ser fuente de pecado, pero es que todo en el ser humano puede ser fuente de pecado. La inteligencia que Dios te ha dado es maravillosa, pero tú la puedes utilizar para diseñar una bomba y para destruir a inocentes. Entonces, ¿vamos a decir que la inteligencia es pecaminosa?
La voluntad es uno de los grandes dones que Dios nos ha concedido, porque la voluntad es la que permite que tú tomes el timón de tu vida, que tú que tú te dirijas, es decir, que tú tomes una dirección, que, en cierto sentido, te conviertas en colaborador dentro de la obra de la creación de ti mismo, en cierto sentido. Pero tú puedes utilizar tu voluntad de una manera perversa y puedes volverte una deformación y una vergüenza de la humanidad, o la puedes utilizar de una manera distinta, de una manera hermosa. Y eso es lo que encontramos en las vidas de los santos. Así que nadie debe decir que mentalidad carnal o que hombres carnales quiere decir o significa únicamente aquellos que están apegados a las cosas del cuerpo.
De hecho, lo que Pablo muestra en este pasaje, del capítulo tres de la primera carta a los Corintios, es que esas personas que él llama carnales, son aquellos que están apegados a determinados líderes, no se trata de un apego corporal, no se trata de un problema sexual. Se trata simplemente de aquellas personas que tienen una mentalidad puramente humana, como explicábamos el día de ayer. Es decir, personas que se quedan solamente en aquello que les parece más seguro o lo más conveniente o lo más ventajoso. Las personas que están con ese tipo de mentalidad por supuesto que no pueden recibir la agilidad del mandamiento del Espíritu, no pueden recibir el ritmo que trae Dios a nuestra vida porque quieren quedarse únicamente con lo seguro.
Y eso era lo que pasaba en esta comunidad de Corinto, había unos que querían quedarse únicamente con el apóstol o predicador que más les gustaba, por ejemplo Apolo, o por ejemplo Pedro, o por ejemplo Pablo. Y Pablo dice: Eso es pura carnalidad. Te estás quedando únicamente en tu propia conveniencia, te estás quedando únicamente en tu propio gusto. Levanta tu mirada a los intereses de Dios, descubre la grandeza que el Señor quiere construir no solamente en tu vida, sino en el plan que Él tiene para su Iglesia, y saldrás de esa mentalidad carnal. Qué importante descubrir que lo carnal no es necesariamente lo corporal, no confundir por favor, sino que carnalidad es como esa especie de apego a determinados grupos, a determinados líderes y sobre todo a las propias conveniencias. Que Dios el Señor nos libre de este error. Amén.

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