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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una buena señal de salud espiritual es el interés por los que todavía no creen.
Homilía o223001a, predicada en 19980902, con 4 min. y 4 seg. 
Transcripción:
Qué hermosa se nos presenta la vida y la misión de Jesucristo en este Evangelio. Este pasaje resume lo que es la actividad del Señor. Lo mismo que aprendió Santo Domingo de Él, también nosotros podemos aprenderlo, ese día para el prójimo y la noche para Dios, fue el mismo amor que le lleva a orar por el pueblo y a predicar al pueblo. En este pasaje están las sanaciones, los exorcismos, las predicaciones, la itinerancia, podríamos decir que es como un pequeño manual de lo que nosotros somos por vocación. Recibamos a Cristo misionero, Él es el misionero del Padre, el gran Enviado del Padre. Recibámosle también nosotros, que Él llegue a nuestras vidas, aparte de nosotros lo que no sea suyo, sane lo que se encuentra enfermo y nos ponga también a nosotros en camino para anunciar la Buena Noticia.
Otro aspecto que llama la atención de este Evangelio es la soberana libertad de Jesucristo. Es libre para amar, da a sus hermanos, pero no es retenido ni por el cariño, ni por la insistencia de ellos, porque hay otro amor más grande que le llama, ese anhelo de comunicar la noticia a otras personas. También ese fuego llega a nosotros con la gracia del Espíritu Santo. Yo pienso que una de las señales de buena salud espiritual es esa preocupación, ese interés por los que todavía no creen, por los que todavía no son de los nuestros, lo mismo que encontramos en nuestro Padre Santo Domingo, decía a sus compañeros: Apenas terminemos de organizar lo de la Orden, nos preparamos para ir a los cumanos. Yo creo que esa es una señal de buena salud espiritual en la vocación y de buena salud espiritual en una comunidad, la preocupación, el interés, el amor por los que no creen, por los que no son de los nuestros. Cuando nos encerramos solo en el grupo de los que ya nos quieren y nos aceptan, seguramente hay otros amores que están tomando el primer lugar.
Y finalmente, destaquemos de este breve pasaje del Evangelio, la obediencia de Cristo. Decíamos ayer que Cristo tenía como unas ciertas intuiciones misioneras, pero en últimas, quien va guiando sus pasos es la voluntad del Padre. Todo el tiempo se sabe enviado, su vida le pertenece más al Padre que a sí mismo. Y por eso, porque su vida está en las manos del Padre, está también completamente al servicio de sus hermanos. El Señor Jesús venga a nosotros, haga misión en nosotros y nos convierta también en misioneros de su Evangelio para gloria del Padre y para salvación de nuestros hermanos.

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