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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El demonio busca debilitar los lugares de oración, la formación y donde se reúne el pueblo de Dios provocando división. Solo con Cristo es posible la victoria sobre el antiguo enemigo.
Homilía o222015a, predicada en 20260901, con 8 min. y 11 seg. 
Transcripción:
El Evangelio hoy nos presenta al demonio en una sinagoga. Cristo con su poder, Cristo con su autoridad, Cristo con su santidad, arroja sin dificultad a este demonio y libera a la persona que estaba poseída. Pero en esta oportunidad yo quiero que reflexionemos un momento sobre lo que significa eso de que el demonio estaba en la sinagoga. Sobre todo porque necesitamos recordar qué eran las sinagogas en aquel tiempo después de la destrucción del templo de Jerusalén, cuando invadieron los caldeos en el siglo sexto antes de Cristo, el modo usual de reunirse los judíos fue siempre la sinagoga. Es decir, en torno a la Palabra de Dios, el pueblo hacía oración. En torno a la Palabra de Dios el pueblo se sostenía en la fe. En torno a la Palabra de Dios alimentaba su esperanza, especialmente la esperanza de un Mesías. Todo eso en torno a la Palabra de Dios. La sinagoga era el lugar de la oración. Era el lugar de la fe. Era el lugar de la caridad. Era el lugar de la instrucción. Pero ahí está el demonio. Y esa es la pregunta que tenemos que hacernos. ¿Qué hace el demonio ahí? en un lugar que es un lugar de oración, de predicación, de formación, de comunidad. Ahí está el demonio. Y está el demonio de una manera tan, digamos, tan patente, que se puede hablar de una posesión, porque lo que realizó Jesús fue un exorcismo. Ahí está el demonio. Yo no sé si alguna vez te ha llamado la atención al escuchar este pasaje lo que te estoy diciendo. Ahí está el demonio. El demonio está rondando el lugar de la oración, el lugar de la formación, de la instrucción, el lugar de la comunidad. Y uno al principio siente: Oye, pues sí, ese es lugar de oración, eso debería causarle fastidio y distancia al demonio. Sí, es el lugar de la predicación y de la formación, eso debería causarle terror y distancia al demonio. Sí, ese es el lugar de la comunidad, eso debería causarle, pues, cobardía o preocupación al demonio. Nada de eso sucede. Nada de eso. Ahí está. Y ahí está también entonces una lección para nosotros, porque uno puede creer que, por ejemplo, si estamos hablando de una curia, nosotros los religiosos tenemos la curia provincial o la curia general, que es donde están pues los lugares o donde están las personas que toman las principales decisiones para todos nosotros. Por ejemplo, yo pertenezco a la provincia de los Dominicos en Colombia y aquí en la ciudad de Bogotá está la Curia provincial. Yo tengo mi superior aquí en Colombia, que se llama el prior Provincial. Todos los días oramos por él. Entonces, ahí está la Curia, está la Curia del Vaticano, está la Curia diocesana. Y uno podría proporcionalmente, pues, pensar un poco lo mismo que estamos diciendo aquí de la sinagoga. Son lugares de oración, son lugares de predicación, son lugares de comunidad. Pero a medida que voy diciendo y repitiendo estas palabras, me voy convenciendo de algo. Tiene toda la lógica del mundo que el demonio ataque ahí. Tiene toda la lógica. El demonio quiere atacar donde hay oración, porque si tu oración es buena, si es perseverante, si es una oración encendida en la fe y en el amor, eso lo debilita a Él. Pero si el demonio ataca tu oración, si el demonio destruye tu oración, si el demonio te mantiene perezoso, distraído, ausente, desconectado, o si simplemente mata tu oración, ese es un gran triunfo. Entonces no es tan absurdo que el demonio busque los lugares de oración para atacar. No siempre va a atacar con posesiones diabólicas. No siempre va a atacar como aparece en el evangelio de hoy, pero que va a atacar. Sí, lo va a hacer. Y lo mismo pasa con la formación, por ejemplo, ¿donde se propaga la fe? Pues en muchos lugares, en los salones de catequesis, por ejemplo, en las homilías, en los templos, en los seminarios, en las facultades de teología. Ahora dime una cosa ¿tiene o no tiene sentido que el demonio ataque esos lugares? ¿Tiene o no tiene sentido que el demonio se vaya para destruir la formación de los seminaristas, para destruir la formación que se da en las facultades de teología? Porque cada mentira, cada confusión, cada mala o torcida doctrina que se enseñe en una facultad de teología o que se enseñe en un seminario, es un multiplicador de la acción de las tinieblas. Entonces tiene todo el sentido del mundo y por lo mismo también tiene sentido que el demonio ataque todo lo que es comunidad. Tiene sentido que el demonio ataque. Tiene sentido que el demonio haga su obra, que es obra de división allí donde se está buscando la unidad. La palabra diablo, por ejemplo, proviene del griego diabolos, que a su vez viene de la preposición día y el verbo balo y significa como dispersar, separar, dividir. Entonces tiene mucho sentido que el que causa divisiones, el diablo pretenda meterse donde hay comunidad. Por ejemplo, si hay un trabajo hermoso de sinodalidad, pues corromperlo, destruirlo, dividir a la gente, llevar a que estén llenos de confusión, llevarlos a que tengan doctrinas torcidas o llevar a que algunos estén toda la vida atacando la sinodalidad y otros estén pensando que la sinodalidad es la gran recuperación de todo el Evangelio. Esas posiciones extremas, divisivas, tienen el apestoso aroma del enemigo, el apestoso aroma del enemigo. Entonces ya entendemos. Es muy lógico que el demonio haya estado en esa sinagoga y es muy lógico suponer que va a seguir atacando allí donde hay oración, allí donde hay formación, allí donde se reúne el pueblo, donde se reúne el pueblo de Dios. Y ya que lo sabemos, aferrémonos a Cristo. Unámonos todos a Cristo, estemos todos unidos a Cristo, porque sólo en Él, con Él y para su gloria es posible la victoria sobre el antiguo enemigo. Que Dios nos proteja y nos bendiga. Amén.

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