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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espiritu Santo trae nuevas prioridades para una vida nueva.
Homilía o222010a, predicada en 20180904, con 13 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos. Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre las distintas clases de espíritus. La primera lectura fue tomada de la primera carta de San Pablo a los Corintios y habla de la sabiduría mundana y habla de la sabiduría de Dios. Esta sabiduría de Dios es fruto de la acción de su Espíritu Santo. Podemos decir entonces que esa primera lectura nos invita a reconocer la diferencia entre el Espíritu de Dios y el Espíritu del mundo. El Evangelio, por su parte, nos presenta el enfrentamiento entre Jesucristo, que está ungido con el Espíritu Santo y los endemoniados, aquellos que están tristemente sujetos al espíritu del mal. Así que por lo menos hay como tres distintos espíritus que aparecen aquí. Espíritu de Dios, espíritu del mundo, espíritu del mal.
En esta oportunidad les invito a que vayamos a la primera lectura y tratemos de distinguir qué es eso nuevo que trae el Espíritu Santo y que nos ayuda a liberarnos del espíritu del mundo, que en cierto momento puede coincidir con la opinión pública, lo que dice la mayoría por donde va la corriente. Santa Catalina de Siena compara el espíritu del mundo con un río muy revuelto, impetuoso, que nos va arrastrando a todos. Que va llevando la gente. De manera que cada vez aceptamos cosas peores, más perversas, más depravadas y nos vamos resignando mientras damos botes en esas aguas inmundas. Es la manera como esta Santa Doctora de la Iglesia describe la acción del espíritu del mundo.
San Pablo en esa primera lectura tiene un enfoque distinto, pero no opuesto. Nos hace énfasis sobre todo en lo grandioso que trae el Espíritu Santo en nosotros. Nos da como un tipo de conocimiento que no se puede alcanzar simplemente con nuestras fuerzas humanas, un conocimiento que está más allá de nuestra manera de razonar. Y desde ese nuevo conocimiento surgen unas nuevas prioridades, de esas nuevas prioridades, unas nuevas opciones y de esas nuevas opciones, una vida nueva. Ese es un poco el esquema que sigue San Pablo en la primera Corintios. El Espíritu nos da un nuevo conocimiento de donde surgen unas nuevas prioridades, de donde surgen unas nuevas opciones, de donde surge una nueva vida. Una vida que ya está libre de los condicionamientos de ese espíritu del mundo que tan fácilmente nos arrastra. Pero todo empieza porque el Espíritu Santo nos da ese nuevo conocimiento.
Santo Tomás de Aquino nos enseña que el conocimiento empieza por los sentidos. Eso quiere decir que el primer ámbito de conocimiento que uno tiene es el que le reportan los sentidos. Y así, por ejemplo, si yo nunca he visto que una persona camine sobre el agua y me preguntan si es posible caminar sobre el agua, pues mi experiencia dice que no, que eso no es posible porque el conocimiento empieza por los sentidos. A partir de nuestra experiencia, no solo individual sino compartida, cada uno de nosotros tiene lo que podríamos llamar el ámbito de lo posible. Recuerdo mi propia sorpresa cuando me dijeron que el récord de salto alto estaba por encima de los dos metros de altura. O sea, hay seres humanos que son capaces de ir corriendo, toman un fuerte impulso, se lanzan hacia arriba y pasan por encima de una vara que está a más de dos metros de altura. Para mí eso era algo imposible. Además, nunca he sido un gran atleta. Hay otros en el convento que sí han sido deportistas. Yo no tanto. Entonces para mí eso era algo imposible. Si alguien me dijera que se puede. Un ser humano puede saltar por encima de dos metros. Yo hubiera dicho eso no puede ser. Pero luego uno mira la técnica, el entrenamiento, incluso los videos de lo que sucede. Y se da cuenta con todo asombro que sí, señor, hay seres humanos que saltan a más de dos metros sin otro impulso que sus propias piernas.
Entonces, el ámbito de lo posible es flexible. Hay cosas que uno consideraba imposibles y que luego resultan posibles. La tecnología tiene también esa virtualidad. Nos empieza a mostrar cosas que parecían completamente imposibles. No nos referimos solamente a la fuerza o a la destreza. Incluso ciertas operaciones mentales. Hay una máquina y un computador que se llama Azul profundo, Deep Blue fue capaz de vencer al mejor ajedrecista que hemos tenido en los últimos tiempos. Entonces tenemos un computador que juega ajedrez que el mejor ser humano. Hay un juego muy popular, un juego milenario de la cultura china que se llama GO go. Ese juego requiere entrenamiento de muchos años y hay expertos que logran un nivel de destreza impresionante, pero ya hay computadores que vencen a los mejores jugadores de Go. Entonces, el ámbito de lo posible va cambiando y lo que uno consideraba imposible, quizás después se vuelve posible.
También moralmente, en el ámbito moral sucede eso. ¿Qué es capaz de perdonar una persona? ¿Qué es capaz de resistir una persona? Si uno mira los libros de historia se encuentra, por ejemplo, con que hay personas que pasaron por esa tragedia que se llaman los campos de concentración. Muchas de esas personas enloquecieron. Muchas de esas personas se suicidaron. Muchas personas se hicieron matar, prefiriendo la muerte a lo que estaban padeciendo. Pero hubo personas que a pesar de que estaban soportando los mismos tormentos más psicológicos que físicos, resistieron. O sea que es posible. A un ser humano también en ese campo moral nos deja sorprendidos.
Cuando tuve ocasión de vivir en Irlanda me tocó bastante de cerca un ataque terrorista en el que murieron algunos irlandeses. En particular me acuerdo de una familia de apellido Wieland que había enviado a su hija en un viaje de premio porque acababa de recibir su grado universitario. Me parece que era de medicina. La habían enviado a Turquía y un grupo extremista en Turquía hizo un ataque terrorista en un centro turístico y mató a la hija de este matrimonio y esta pareja da declaraciones unos días después y ellos dicen nosotros no pedimos venganza, nosotros no queremos venganza y no queremos desearle el mal a nadie. Queremos que el sacrificio de nuestra hija no sea en vano. Resultaron ser unos católicos extremadamente convencidos y ellos públicamente dijeron oramos por aquellas personas que han cercenado, que han mutilado la vida de nuestra hija. Claro, eso no es lo que uno ve todos los días. Pero cuando uno ve que eso es posible, el ámbito de lo que es posible, el espacio de lo posible se ensancha. Quizás yo mismo no sería capaz de eso, pero el ver que otra persona lo logra me cuestiona y me obliga a ensanchar lo que yo consideraba moralmente posible.
Pues bien, mis hermanos, en esa línea va la enseñanza de San Pablo cuando nos presenta a Jesucristo. La manera de amar de Cristo, la manera de hablar de Cristo, la manera de entregarse Cristo por el bien de todos, la fidelidad de Cristo a la voluntad del Padre y luego su muerte, sobre todo eso, su muerte, su muerte en la cruz. Es algo que desborda todo lo que uno podría considerar posible. Entonces Cristo revienta los límites de nuestra inteligencia, de los límites de lo que considerábamos admisible o posible. Sentimos que en Él está aconteciendo algo que nos desborda, y si estamos sintiendo eso, estamos sintiendo lo mismo que sintió aquel centurión que vio morir a Cristo y que no entendiendo nada de lo que veían sus ojos. Terminó por decir este es hijo de Dios. Es decir, esto no es normal. Algo está sucediendo aquí.
Algo así es lo que hace Cristo en nuestra vida. Y ese tipo de asombro es el que revienta los límites de nuestra racionalidad. No es algo irracional, es algo suprarracional. Como cuando allá en Irlanda leía yo las noticias de esta familia y veía a una madre que mira a las cámaras y dice yo no quiero odio, yo no quiero odiar, yo quiero perdonar y quiero orar por esa persona. Tú lo estás viendo en la cámara y casi no puedes creer que eso esté sucediendo, pero está sucediendo. Entonces no es irracional. Irracionales fueron los terroristas. Suprarracionales fueron los que se capacitaron en Dios para perdonar a esos terroristas. Entonces de ese orden es la fe y de ese orden es la acción del Espíritu. La acción del Espíritu no es irracional. La acción del Espíritu es suprarracional al encuentro con Jesús, al encuentro con su cruz, al encuentro con el don de su Espíritu. Nuestros esquemas se rompen. Una avalancha de gozo llega al corazón y uno empieza a considerar que tal vez puede empezar a tomar prioridades distintas, opciones distintas y una vida distinta.
Y eso es lo que ha sucedido en los mártires. Han sido desbordados por un amor que parece completamente imposible, pero han sido desbordados por ese amor. Y así, desbordados cambiaron sus prioridades. Entonces tenemos a un Maximiliano María Kolbe que dice yo quiero amar hasta el extremo como me ha amado Jesús y muere en esa prisión, en Auschwitz o tantos otros mártires. Entonces lo que necesitamos es eso, el encuentro cada vez más vivo, cada vez más profundo, con la persona de Jesucristo y con el don de su Espíritu, para que nuestros límites, nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras barreras, nuestra incredulidad, para que nuestra incredulidad se derrote. Decía el Papa Benedicto no demos la fe por descontada. La fe es siempre un don y la fe siempre tiene que ir más allá y siempre tiene que crecer. Entonces todos, empezando por nosotros, los sacerdotes, necesitamos esa experiencia creciente del amor de Cristo y del poder de su Espíritu para ser verdaderamente creyentes y para tener nuevas prioridades, nuevas opciones y una vida nueva.

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