Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El demonio está donde se predica la Palabra de Dios porque quiere oponerse a ella y que demos fruto. ¡Que sea Cristo quien reine y que su Palabra tenga plena victoria! Amén.

Homilía o222009a, predicada en 20180904, con 5 min. y 22 seg.

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Transcripción:

El Evangelio de hoy está tomado del Capítulo Cuarto de San Lucas. Nos presenta un endemoniado en una sinagoga. Antes de continuar con esta pequeña reflexión, tomemos conciencia de lo que acabo de decir. Un endemoniado en una sinagoga. La sinagoga, lugar bendito para el pueblo judío, es sobre todo el lugar de la proclamación de la Palabra de Dios. Y la pregunta es obvia ¿Qué hace un endemoniado? ¿Qué hace el demonio allí donde se predica la Palabra de Dios? Esa es la reflexión que vamos a hacer el día de hoy. Vamos a tratar de responder a esa pregunta, porque tal vez la primera impresión que uno podría tener es no tiene nada que hacer. Al fin y al cabo, la proclamación de la Palabra de Dios es una victoria sobre las tinieblas. De manera que ahí no hay nada que hacer. O tal vez sí hay mucho que hacer.

Todos recordamos la parábola del sembrador. Y todos recordamos lo que nos dice Jesús sobre cómo la Palabra no siempre tiene éxito. Por ejemplo, la Palabra no tiene éxito cuando cae, inmediatamente se la lleva el enemigo. Y Jesús nos dice, el enemigo es el demonio. Entonces, en el lugar donde se predica la Palabra de Dios, como era la sinagoga para los judíos, muy seguramente está el enemigo malo y está tratando de que esa palabra se vaya de nosotros. Santo Tomás de Aquino hablando sobre las interferencias de los espíritus del mal en nuestra vida, dice una cosa muy interesante. Dice que es sobre todo a través de nuestra imaginación y de nuestra memoria como el enemigo intenta atacarnos. Entonces, si está proclamándose la Palabra de Dios, el tratar continuamente de distraernos o de llevarnos a recuerdos tontos, absurdos, impuros, en buena parte puede ser un ataque del enemigo. O sea, está ahí donde se proclama la Palabra de Dios para estorbar la predicación de la Palabra de Dios. En primer lugar, así, distrayéndonos, llevando nuestro pensamiento a otra cosa, no dejando que la semilla entre en el corazón.

En la misma parábola, Cristo nos dice que hay algunos que toman la palabra de Dios con gran superficialidad. Y esta vez yo creo que puede venir una corrección para nosotros los sacerdotes. Porque hay ocasiones en que el mensaje que damos es tan superficial, es algo tan absolutamente obvio o incluso irrelevante, que la palabra queda sin fruto. Entonces el demonio no solamente ataca a los oídos de las personas o la mente de la gente para que se distraiga, sino también ataca el corazón y la boca del sacerdote para que diga solamente tonterías, para que diga solamente cosas obvias. Me acuerdo un religioso de mi comunidad que estuvo en otro país y él conoce muy bien la lengua de ese país y decía me daba pesar ver que la gente llegaba a la Misa del domingo y la mayor parte de la homilía era una cantidad de chistes. Admitamos que tal vez un apunte aquí o allá puede ayudar a aliviar la tensión, el tedio, incluso puede ayudar a que la gente recobre su atención. Estamos de acuerdo en eso. Pero cuando toda la homilía se vuelve superficial, recordando cosas que están sucediendo, noticias de última hora o chistes, yo creo que ahí hay algo que tiene que cambiar, ahí hay algo que tiene que mejorar. Entonces sí, también está el demonio ahí, tratando de infectar la boca del predicador.

Y también está el demonio ahí tratando de abrumarnos con las preocupaciones de la vida y los placeres de la vida. Yo mismo muchas veces me he sentido tentado en eso. Estoy en una celebración litúrgica y resulta que mi mente empieza a divagar sobre cosas de lo que tengo que hacer, de las muchas tareas y trabajos que están pendientes. Entonces sí el demonio busca el lugar donde se predica la Palabra de Dios porque quiere oponerse, porque quiere que nosotros no saquemos el fruto. No le demos gusto, que sea Cristo el que reine en nosotros y que su Palabra tenga plena victoria. Amen.

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