Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La salvación no se consigue simplemente estudiando y memorizando versículos de la Biblia, la Palabra divina puede salvar si realmente se convierte en criterio de vida.

Homilía o222007a, predicada en 20160830, con 6 min. y 27 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado de San Lucas en el capítulo cuarto. Cristo está en la sinagoga. Eso no nos debe extrañar. Pero en la misma sinagoga hay un hombre endemoniado, y esto sí nos debe extrañar. ¿Qué hace un endemoniado en la sinagoga? Bueno. ¿Qué era la sinagoga? La sinagoga era el lugar de reunión de los judíos para escuchar la palabra de Dios y para hacer algunas oraciones compartidas, sobre todo apoyándose en los Salmos. La sinagoga era el lugar de la oración, el lugar de la predicación, el lugar de la reflexión sobre la Palabra de Dios. Uno podría decir que ese no es el lugar más atractivo para un demonio. Pero precisamente una de las enseñanzas que nos trae el pasaje de hoy es que debemos conocer un poco mejor de cuáles son las estrategias del enemigo cuando se trata de buscar sus propios fines y propósitos.

Efectivamente, sabemos que, por ejemplo, en el pasaje de las tentaciones. ¿Cómo atacó el demonio a Jesucristo? ¿Qué fue lo que utilizó principalmente? Seguramente lo recordamos. Su estrategia principal fue tomar versículos de la Sagrada Escritura. Por ejemplo, recuerdas ese famoso le dice el demonio a Jesús: Arrójate desde lo alto del templo, porque hay un salmo, y efectivamente es el Salmo noventa y uno que dice que: enviará a sus ángeles para que tu pie no tropiece en la piedra. Se ve que el demonio tenía bien estudiada la Sagrada Escritura. Parece que tiene muy buena memoria para la Biblia y por eso ataca a Jesucristo usando la Biblia. Por eso también debemos entender que la presencia del endemoniado en la sinagoga, aunque sea solamente por una analogía, no tiene que extrañarnos tanto, porque parece que el demonio está muy interesado en la Biblia, está muy interesado en los estudios bíblicos y de aquí debemos sacar dos enseñanzas muy importantes.

Primera, la Biblia no es un libro mágico, es decir, el hecho de tener mucho conocimiento de la Biblia, el hecho de saber muchos versículos y de poder citar muchos textos todavía no significa que tú seas salvo, especialmente en el mundo cristiano no católico. Es decir, el mundo protestante. Se ha afianzado una idea que yo la llamo casi una idea mágica sobre la Biblia. Es decir, que si yo conozco muchísimo de la Biblia, entonces ahí está mi salvación, pero se ve que el demonio asiste a la sinagoga y se ve que el demonio es capaz de retener en su memoria que debe ser una memoria muy potente, retener muchísimos textos de la Biblia. O sea que no es el simple estudio de la Biblia y no es la simple memorización de textos lo que te va a dar la salvación. Esa es la primera advertencia.

Entonces, ¿cuál es la segunda advertencia? Que no basta con estudiar y no basta con memorizar. ¿Qué es lo que realmente hace la obra? que esa palabra que tú conoces tenga poder sobre ti. Eso es lo que hace la diferencia. Cuando esa palabra se convierte en tu criterio de vida, es decir, cuando esa palabra realmente llega con calidad de Señor a tu vida, entonces esa es palabra de salvación. Hay un modo mucho más sencillo de decir esto; se llama obediencia. El solo estudio de la Palabra divina, el estudiar y estudiar la palabra todavía no es tu salvación. El conocer muchísimo todavía no es tu salvación. Y por favor, atención, que hay gente que hace muchos estudios bíblicos, pero fíjate que algunos de los grandes herejes, incluyendo personas como Martín Lutero, fueron personas que estudiaron mucho la Biblia. No, no basta eso. Se trata de la obediencia, la obediencia a la Palabra y en la obediencia a esa Palabra divina.

Entonces, si está mi salvación, ciertamente la obediencia a esa palabra incluye reconocer que esa es la palabra que crea a la comunidad. Así como la comunidad es la guardiana de la Palabra. Pero qué digo yo, comunidad. Hay una palabra mejor, se llama Iglesia. La Iglesia es alimentada por la Palabra, pero la Iglesia también custodia la Palabra divina. Y solamente cuando la Iglesia está custodiando esa palabra, y cuando la Iglesia está dando testimonio de esa palabra, esa palabra llega a tener verdadera autoridad en mí.

Porque si yo digo, como dicen los protestantes, que cada uno entienda la Biblia a su manera, es decir, el libre examen y que yo interpreto solo la Biblia es un peligro terrible y es una fuente inagotable de errores, porque cuando yo interpreto la Biblia a mi acomodo, entonces yo le daré poder a esa parte de la Biblia que conviene con mi historia personal, con mis gustos, con mis preferencias y lo demás, pues se pierde. Quien habla de tener el libre examen o el examen particular o la interpretación privada de la Biblia, en realidad lo que está diciendo es yo no voy a obedecer a la Biblia, sino que yo voy a seguir lo que a mí me parezca. Y ya vemos que cuando se estudia mucho la Biblia pero no se obedece, en realidad, esa no es fuente de salvación. Por eso la Biblia solo puede ser entendida correctamente dentro de la comunidad cristiana, que a la vez se alimenta de la Biblia y es custodia de su sentido genuino.

La Biblia en la iglesia.

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