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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Homilía o222004a, predicada en 20100831, con 12 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Muy interesante lo que nos dice el apóstol San Pablo en la primera lectura de hoy sobre cómo el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, es el único que sondea la profundidad de Dios, es el único que conoce verdaderamente quién es Dios, qué piensa Dios, qué quiere Dios. El tipo de conocimiento del que habla Pablo aquí no es el conocimiento propio de la curiosidad, como cuando la gente se pone a hacer rompecabezas lógicos en su cerebro. Uno de esos rompecabezas famosos es cuando se hace la pregunta ¿Dios puede hacer una roca tan grande que luego no pueda moverla? Imagínese ese rompecabezas tan interesante, no. Si Dios no puede hacer esa roca tan grande, entonces no es omnipotente, pero si puede hacerla y luego no puede moverla, entonces tampoco es omnipotente. Esa es una pregunta que sirve como para una gimnasia mental. Pero esa clase de juegos lógicos nos enseñan muy poco sobre el Dios vivo, entre otras cosas. Para resolver uno de esos pasatiempos lógicos, básicamente, lo que hay que hacer es analizar la palabra poder y darnos cuenta que la palabra poder, cuando se atribuye a Dios, hay que entenderla según se ha revelado en la Escritura, no simplemente como un término abstracto que podemos aplicar a cualquier entidad. Pero en todo caso, San Pablo no nos habla de esa clase de conocimiento. Un conocimiento guiado por la curiosidad, un conocimiento guiado por simplemente los juegos de palabras. Conocer en la Biblia es algo supremamente existencial, tanto que ustedes saben que se habla de que un hombre conoció a una mujer cuando realmente ha tenido intimidad con ella. Es decir, el conocimiento es algo mucho más profundo que involucra todo el ser. No es puramente intelectual, sino que tiene que ver cómo con ese compartir la vida, ese conocer las motivaciones, las alegrías, los cansancios, esa clase de cosas que solo las parejas que verdaderamente se aman y conviven llegan a conocer de las cosas hermosas que sin duda tienen las parejas. Aquellos casados que se aman, que se conocen, que se comprenden, es que llegan a saber hasta los detalles más profundos del corazón de la otra persona. Por ejemplo, eso ¿Qué le cansa? ¿Qué le preocupa? ¿Qué le gusta? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué le enloquece? Todo ese conocimiento es el que proviene de la convivencia, de la intimidad, de la cercanía. Y el apóstol San Pablo nos está diciendo que el Espíritu Santo de Dios nos introduce en esa clase de conocimiento con Dios, es decir, hace que nosotros entremos en el secreto y en la intimidad del Señor, que Él nos conozca en profundidad, pero que también nosotros podamos saber de Él. Y esa clase de conocimiento ¿para qué sirve? Bueno, no sirve tanto para lucirse en una reunión social. Ese no es el propósito. Esta clase de conocimiento no es tampoco exactamente para dar muchas conferencias. Quizás dar charlas por todo el mundo. El conocimiento del que habla aquí Pablo es ese conocimiento que da la sabiduría divina. Y sabemos que en la Biblia, cuando se habla de sabiduría, es esencialmente el saber vivir. Muchas veces nosotros necesitamos esa clase de luz para entender los acontecimientos de esta tierra, porque sin esa luz quedamos despistados, quedamos perdidos. Cuando sucede una tragedia, las personas que carecen por completo de fe terminan renegando de Dios. Y entonces dicen ¿Dónde estaba Dios cuando el terremoto en Haití? ¿Dónde estaba Dios cuando se infectó con el virus del SIDA, a un bebé que luego nació ya enfermo y condenado a una muerte espantosa? ¿Dónde está Dios cuando se producen tantas violaciones y tantos abusos? Esa clase de preguntas intentan responder a una inquietud muy profunda del corazón humano. Pero esa inquietud no hallará sosiego simplemente en que nosotros atemos las piezas o juntemos las piezas de una especie de rompecabezas. La verdadera respuesta a esas preguntas requiere una ciencia mucho más profunda. Requiere leer en los arroyos profundos de la historia humana y darnos cuenta que a través de caminos muy extraños y a veces muy solitarios y a veces muy oscuros. Está corriendo, sin embargo, la tinta con la que Dios escribe sus páginas más hermosas. Yo le voy a dar solamente un ejemplo. ¿Usted qué opina del caso del incesto? ¿No es verdad que es algo repugnante? ¿No es verdad que es algo vergonzoso que produce dolor, aunque sea solo pronunciarlo? Y sin embargo, le cuento una cosa. Entre los antepasados de Jesús sucedió incesto. Efectivamente, Judá y Tamar, que eran medio hermanos, pues resultaron en una relación y ellos son antepasados de Cristo. ¿Usted qué opina de la prostitución? ¿Le parece una cosa honorable o hermosa? Por supuesto que no, Y sin embargo, entre los antepasados de Cristo hay una prostituta que era la prostituta más bella y más famosa de la ciudad de Jericó. Esa prostituta se llamaba Rahab y era tan conocida y era tan famosa que tenía su propia casa. Y le cuento una cosa. Ella era tatara nosequé abuela de Cristo. ¿A usted le parece muy bonito tener entre los antepasados la prostituta más fina del pueblo? Creo que no. Y sin embargo, a través de esos incestos y asesinatos y traiciones y prostitución y abusos, a través de todos esos caminos, sigue realizándose el plan de Dios. Y este, entre otras cosas, es el sentido profundo del capítulo primero del Evangelio según San Mateo. Tú te acuerdas que el evangelio de Mateo empieza con la genealogía de Cristo. Y muchas veces la gente pregunta ¿Y para qué ponen esa cantidad de nombres que no sé quién engendró a no sé quién? ¿Para qué esa lista? Se lo estoy contando. Esa lista sirve para que nosotros veamos cómo en los meandros espantosos de la historia humana también está la voz de Dios en los rincones más oscuros y a veces más apestosos de la vida humana también Dios sigue actuando. Pero esas cosas no se ven simplemente con los ojos de la carne. Esas cosas solo las descubre uno desde una cierta distancia, desde una cierta luz, desde una cierta claridad. Y esa es la sabiduría de la que San Pablo nos habla aquí. Y por eso el mismo Pablo dice: estas cosas solo las entiende el que las ha recibido. Por supuesto, si a uno le dicen mire, considérese feliz de que se le murió su hijo. Yo creo que cualquier persona que me oiga decir esa frase, si es respetuoso, me pega una insultada y si no es tan respetuoso me pega con sus puños. Y sin embargo, yo conocí una familia que tuvo un hijo con el síndrome de Down o como dicen vulgarmente de esas personas, un niño mongólico. Y mucha gente lo único que ve en eso es una desgracia. Y al principio quizás esta familia se sintió así también. Pero luego empezaron a descubrir un Cubrir un misterio de amor en ese niño. Y ese niño se convirtió como en el diccionario del amor y en el punto de encuentro de toda la familia. Porque era el niño que no sabía mentir, porque todos en la casa sabían decir mentiras menos ese niño, porque todos en la casa sabían ocultar y disimular los sentimientos. Ese niño jamás lo aprendió. Ese niño en su condición que nosotros llamamos limitada, tenía una capacidad ilimitada de servir de espejo en la verdad de los sentimientos de todos los demás. Ese niño se convirtió en una fuente de bendición para esa familia. Cuando ya eso estaba asimilado, resulta que un día sucede una tragedia. Este niño se sale de la casa. No sabemos las condiciones exactas en las que sucedió, pero el hecho es que resultó cayendo a un caño que llama la gente en Bogotá y lamentablemente murió. Imagínate una segunda tragedia. Bueno, yo hablé con esa mamá que ha venido a este santuario y con ese papá que ha venido a este santuario. Han venido aquí a visitar a la Virgen y también a darme un saludo a mí. Y yo he visto el rostro de esa mamá diciendo: El Señor, el Señor Dios bendijo nuestra vida de un modo único, con una especie de ángel que vino a cumplir su misión. Nos bendijo, nos transformó y se fue con una paz infinita. ¿Ese lenguaje lo puede entender el mundo? Yo creo que no, la gente seguirá pensando uy, tan de malas esa señora. Pero ella ha recibido esto que dice San Pablo y puede mirar su vida de otra manera. Y en su alegría está únicamente la voluntad del Señor. Pidamos a Dios nuestro Padre, que nosotros también recibamos ese Espíritu, no para hacer curiosidades ni rompecabezas sobre si Dios puede, si Dios quiere, si Dios sabe. Dios no es un juguete para el microscopio de los humanos. Dios es el Señor, y entrar en su presencia y entrar en la santidad del encuentro con Él es transformante, como lo muestran las vidas de los santos. Sigamos esta celebración suplicando ese espíritu para nosotros y el día de hoy, suplicando ese Espíritu para toda la Orden Dominicana que se prepara a celebrar su capítulo general. Amén.

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