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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Conocer más a Jesús, para confiar más en Jesús.
Homilía o222003a, predicada en 20020903, con 9 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Amigos, en el Evangelio que hemos oído aparece dos veces la palabra autoridad. Se habla de la autoridad de Cristo en la enseñanza y se habla de la autoridad de Cristo en el ministerio de liberación. Cristo tiene poder para enseñar y Cristo tiene poder para echar demonios. Si lo pensamos bien, son dos expresiones del poder de Dios: poder para traer el bien y poder para alejar el mal. La autoridad de Jesucristo. El poder de Jesucristo se manifiesta en esas dos cosas. Cristo es poderoso para alejar el mal, y Cristo es poderoso para traer el bien. Cristo tiene autoridad frente al mal y Cristo tiene autoridad al ofrecer, al brindarnos su bien. Cristo es poderoso. Cristo tiene autoridad. Y es maravilloso acogerse a la autoridad. Es maravilloso acogerse al poder de Jesucristo. Porque es un poder a favor nuestro. Que bello es tener. Qué bueno es tener un amigo que sea bueno y que sea fuerte. Y ese es Jesús para nosotros. Es amigo y es bueno y es fuerte. Y cuanto mejor conozcamos a Cristo como amigo nuestro, cuanto mejor conozcamos a Cristo como fuente de bondad, y cuanto mejor conozcamos a Cristo como aquel que es Señor, aquel que es poderoso. Cuanto mejor conozcamos a Cristo, más vamos a recibir su enseñanza y más vamos a permitirle que aleje de nosotros el mal. Cristo es amigo, Cristo es bueno y Cristo es fuerte, y porque es amigo está cerca de nosotros, y porque es bueno no nos deja extraviar, y porque es fuerte nos aparta de lo que puede hacernos daño. Es maravilloso encontrarse con Jesucristo y ver cómo en Él está el poder unido al amor y el amor unido a la sabiduría. Esto se entiende mejor si comparamos con un médico. Un médico tiene que tener esas tres cosas. Tiene que tener poder, tiene que tener amor o bondad y tiene que tener sabiduría, o sea, conocimientos. Cuando uno va a escoger un médico, uno mira que tenga esas tres cosas bueno y además que no sea carero. Esas tres cosas buscamos. El médico tiene que tener conocimientos porque uno no le arriesga la salud a cualquiera, tiene que tener un conocimiento, ¿pero basta con que tenga conocimientos? no. Tiene que ser un buen médico, alguien que produce resultados. Yo no voy donde el médico para que me dé clases de medicina, sino para que me cure. Qué sacaríamos con que el médico me diera muchas explicaciones y explicaciones, explicaciones y nunca me cura. Ese médico me da risa. Tiene que ser eficaz y la eficacia está en el poder. Produce resultados, cambia la vida de la gente, le mejora la salud a la gente. Eso es tener poder. Entonces ya vemos que el médico tiene que tener conocimientos y tiene que tener eficacia. Eso con otro lenguaje se llama tiene que tener sabiduría y tiene que tener poder. Pero qué tal que ese médico no sea bueno. Es decir, qué tal que no tenga buen corazón. Entonces puede suceder como ese médico que estaba hablando con otro médico y le decía: Oye, te ves como agotado. Sí, es es que tuve una operación hoy. ¿Y qué le le sacaste al paciente? Como unos ocho millones. El médico tiene que ser bueno. Tiene que tener buen corazón. Porque si el médico está persiguiendo únicamente sus utilidades o si está resuelto a hacer experimentos científicos, uno no va donde el médico para que hagan experimentos. Uno va donde el médico para que lo cure. Y qué terrible, qué terrible pensar que hay médicos que tienen conocimientos y tienen eficacia, pero no los utilizan para curar, sino los utilizan para matar, como es en el caso del aborto. Esos tienen conocimientos y tienen eficacia. Producen resultados, pero resultados pavorosos, resultados perversos. Las tres características de un médico son que tiene que tener poder, sabiduría y bondad. Y esas son las tres características que tiene Jesucristo. Y por eso es maravilloso encontrarse con Jesús, porque Él tiene poder, Él tiene bondad y Él tiene sabiduría. Como tiene sabiduría, conoce lo que nos pasa, como tiene bondad, quiere ayudarnos y como tiene poder, hay en él autoridad, hay en él fuerza para cambiar el curso de nuestra vida. Como Cristo es bondadoso, lo podemos llamar amigo. Ese Cristo bondadoso es el amigo que tiene poder y que tiene fortaleza. Y eso es lo que nos muestra el Evangelio. Dios quiso que su hijo Jesucristo se manifestará resucitado a muchas personas. Y también después de varios siglos se ha aparecido a otras personas, por ejemplo a Margarita María Alacoque. A ella le dijo: Si quieres agradarme, confía más. Si quieres agradarme, confía en mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente. Así le dijo Dios a María Margarita o Margarita María Alacoque. Crecer en la confianza es crecer en la experiencia de la vida de Dios. Es crecer en la experiencia del amor de Dios. El que confía poquito en Dios ve obras pequeñitas. El que confía más en Dios, ve obras más grandes. Y el que confía muchísimo en Dios ve obras gigantescas, inmensas. A medida que vamos conociendo a Jesús. Y vamos viendo que Él es el Médico Divino y que en Él hay poder, hay amor y hay sabiduría. A medida que vamos conociendo cómo es Él, vamos confiando más en Él, y a medida que vamos confiando más en Él, vamos experimentando más y más en nuestra vida. Su obra de liberación, su obra de sanación, su obra de misericordia. Conocer más a Jesús para confiar más en Jesús. Confiar más en Jesús para experimentar más el poder, el amor y la sabiduría de Jesús. Esa es la vida cristiana y esa es la enseñanza del día de hoy. Conocer más a Jesús para confiar más en Jesús, confiar más en Jesús para experimentar más a Jesús, experimentar más su poder. Si tú quieres experimentar cosas pequeñas, basta con lo que ya sabes y de pronto hasta te sobra. Pero si tú quieres conocer las obras más grandes de Dios, las obras más bellas de Dios, entonces hay que confiar más, hay que creer más, hay que entregarse más y para eso hay que saber más de Jesús a través de la Divina Palabra, a través de la oración, a través de la predicación de la Iglesia, a través de la acción del Espíritu Santo en nuestras almas, vamos conociendo más a Jesús, vamos confiando más en Jesús, confiando más en Jesús y vamos experimentando más a Jesús. Y eso es lo que queremos vivir y realizar en esta Eucaristía y en toda nuestra vida.

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