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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Espíritu de Dios abre caminos que superan las expectativas, los planes y los temores del corazón humano.
Homilía o221008a, predicada en 20200831, con 16 min. y 28 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. Jesucristo, en la sinagoga de Nazaret, nos muestra uno de sus grandes secretos. Podemos decir que en el Corazón Sacratísimo de nuestro Señor hay dos grandes secretos, los mayores. Seguramente hay muchos más, pero los mayores sin duda son su relación de hijo con el Padre y su relación de ungido con el Espíritu. Cristo es el Hijo de Dios Padre. Cristo es el ungido por el poder del Espíritu. Y los secretos de Cristo no hay que buscarlos en otra parte, porque son esos. No hay que pensar que Cristo, a través de fuerzas cerebrales, profunda meditación, concentración mental, lograba lo que lograba. Hay obras en la línea de la nueva era que presentan el poder de Cristo como fruto de un ejercicio mental o cerebral y por lo tanto, como una técnica que puede ser aprendida. Es la filosofía de un libro que no recomiendo que se compre, por supuesto, un libro que se llama Un Curso de milagros. La idea del libro es exactamente esa. Yo tampoco lo he comprado, pero lo conozco bien. La idea es que hay una técnica y que tú puedes aprender esa técnica y puedes llenarte de fuerza. Y esa fuerza sirve para curar. Es un poco la misma idea que hay también en otros modos de pensamiento, como por ejemplo el Reiki y otras cosas. Es decir, que la curación proviene de fuerzas que están en el cosmos, que están en el ser humano, que están en el cerebro y uno puede aprender a canalizar esas fuerzas y así puede lograr muchas cosas.
Fíjate el énfasis que está puesto ahí en el poder. Jesucristo tiene un secreto diferente. Jesucristo no es un cultivador de fuerzas mentales, de concentración y canalización de energías para lograr cosas que le dan poder. El poder que hay en Cristo proviene exactamente de la relación que Él tiene con el Padre, a quien Él llama su Abbá, su Papá, y proviene de esto que aparece en la lectura del Evangelio de hoy. Es decir, la unción del Espíritu Santo. La unción del Espíritu Santo es el sello de Dios que lo tiene claramente Jesucristo, sello de Dios, que también llega a nosotros en dos sacramentos, principalmente el Bautismo y la Confirmación, pero que también viene a nosotros cuando pedimos esa gracia del Espíritu Santo, ese regalo. Bien nos dice la Escritura hemos sido sellados con el Espíritu Santo.
Tratemos de entender un poco qué significa esto de la unción, porque ya vemos que es uno de los secretos centrales del alma de nuestro Señor Jesucristo. ¿En qué consiste esto de la unción? Hay una expresión que se utiliza en el libro de los Salmos. El Señor te ha ungido en medio de tus compañeros. El Señor te ha ungido entre tus hermanos. Fue lo que sucedió con el rey David. Literalmente hablando. Pero es que además esta expresión está en el Salmo Cuarenta y cinco. Para indicar aquella persona que tiene una mirada, que tiene un modo, que tiene un actuar que es distinto de los demás, aunque sus capacidades como tales sean iguales a los de los otros. Él tiene una diferencia y esa diferencia es la unción.
Tratemos de entenderlo mejor. Aquí vamos precisamente con la ayuda del Espíritu. Pensemos en una situación difícil. Pensemos en un problema complicado y hay que ver una solución. Todos tenemos una cabeza, todos tenemos una capacidad de pensar. Pero quizás hay alguien que encuentra la solución, alguien que ve antes que todos y en favor de todos el camino que se puede utilizar. Esa es una de las características de la unción de Dios. Ahí nos vamos aproximando. Atención, estas son aproximaciones a lo que es la unción.
Mira por ejemplo esto cuando David, que es uno de los grandes ungidos del Antiguo Testamento, se enfrenta con Goliat, parecía que Goliat tenía todo controlado. Era un hombre que había sido entrenado en las artes de la guerra, nos dice varias veces la escritura, sabía pelear con la espada, sabía pelear con la lanza, sabía utilizar el escudo, sabía utilizar la daga, sabía golpear con la maza. Es decir, parece que dominaba todas las artes de la guerra. En ese sentido, al enfrentarse con David, parecía que David no tenía ninguna posibilidad de victoria. Qué posibilidad de victoria tenía frente a un hombre que era experto en todas las artes de la guerra. Parece que Goliat dominaba todo el terreno, todas las artes de la guerra. Eso era lo que parecía. Pero David encuentra algo que no se le había ocurrido a Goliat. Podemos decir que Goliat veía dentro del mundo de las armas y de la guerra. Nunca se le hubiera ocurrido que una honda y una piedra pudieran utilizarse para batallar. Es decir, que David rompe las condiciones del juego. David establece un nuevo modo de juego. Y dentro de ese nuevo modo de juego, Goliat no tiene ni idea, no tiene ni cómo protegerse, ni cómo defenderse, ni cómo atacar. Es decir, David encuentra un modo nuevo, una manera distinta. Y esa manera distinta, esa mirada distinta es la que marca, precisamente, la que marca la victoria.
Aquí vemos una de las características de la unción. La unción te permite ver por fuera del problema. Efectivamente, cuando uno tiene graves problemas y creo que todos hemos pasado por ahí, uno sin darse cuenta, se va encerrando y llega el momento en el que uno dice no hay salida. Eso es lo que tú dices, pero la unción del Espíritu da una mirada diferente y con esa unción del Espíritu uno puede darse cuenta de cosas que tal vez no las había visto antes. Esa manera nueva de obrar, esa novedad del Espíritu, asegura victoria.
Así, por ejemplo, encontramos en las vidas de los santos. Pensemos en un San Francisco de Sales. San Francisco de Sales. Ve una oportunidad en la imprenta. ¿Por qué Francisco de Sales es el patrono de los periodistas cristianos? ¿Por qué? Pues porque Francisco de Sales se dio cuenta que podía utilizar lo que hoy llamaríamos afiches, volantes. Hizo toda una campaña de comunicación, algo para lo que no estaban preparados ni estaban acostumbrados sus adversarios, en buena parte cristianos no católicos.
Pensemos en el caso de Francisco de Asís. Muchos habían ido a los lugares santos, muchos. Y había habido duras guerras con crueldad de parte de los cristianos y por supuesto, también con crueldad de parte de los musulmanes. ¿Por qué Francisco de Asís logra lo que nadie había logrado? Esa es la razón por la que la comunidad religiosa que tiene mayor presencia en Tierra Santa son los franciscanos, incluyendo el Santo Sepulcro, incluyendo Belén y otros sitios. Y a todo ello se le llama la custodia de Tierra Santa. Ahí están nuestros hermanos franciscanos, esa herencia que viene del tiempo de Francisco. ¿Y por qué Francisco lo logró? Porque la mayor parte de los cristianos que habían llegado allá habían llegado siempre con la espada en alto. Francisco llegó con su hábito pobre, con su estilo diferente, con su manera distinta de tratar a las personas. Y fue recibido por el sultán de los musulmanes, que no pudo negar que había algo extraordinario en el pobre de Asís. Eso lo hace el Espíritu.
Mira el caso de Santo Domingo de Guzmán, el fundador de mi comunidad. ¿Cuál fue el estilo de Domingo de Guzmán? Bueno, como había una herejía que estaba creciendo o varias, pero principalmente la herejía cátara estaba propagándose en el sur de Francia. Algunos de los cristianos, como por ejemplo un señor llamado Simón de Montfort, dijeron esto hay que acabarlo. Y entonces montaron una especie de grupos paramilitares católicos que atacaban y que hacían verdadera guerra a los cátaros. Una vez más, debo decir, la violencia no solo estaba del lado católico, también muchos del lado cátaro atacaban y con gran crueldad a los católicos. El estilo de Domingo fue diferente. Qué pasa si nosotros, en vez de montarnos a caballo,llenarnos de armaduras y empezar a atacar por la sangre, primero nos vestimos de oración y penitencia. Estudiamos y aprendemos a predicar de una manera nueva. La predicación de Santo Domingo fue impresionante, hasta el punto de que un grupo de mujeres que formaban una especie de asociación femenina de cátaras, este grupo de mujeres fue escuchando la predicación de Domingo y llegó el momento en el que todas decidieron entrar o regresar a la Iglesia Católica. Domingo logró lo que no había logrado Simón de Montfort con sus ejércitos. Eso logró Domingo y esas mujeres convertidas en la ciudad de Perugia son el primer monasterio de monjas dominicas. Año mil doscientos cinco. Eso hace el Espíritu.
El Espíritu hace que lo que tú no te imaginas, lo que no se te ha ocurrido, lo que te parece demasiado frágil, demasiado débil, logra cosas extraordinarias. Porque el Espíritu Santo es, Espíritu Creador. Si te encuentras en una situación de callejón sin salida, en tu relación matrimonial, en tu relación con tu hijo o con tu hija, en tu relación con tu papá o tu mamá. Si tú mismo te sientes atrapado por pensamientos, por malos hábitos, si sientes que los ejércitos de las tinieblas, como las destrezas de Goliat, te rodean por todas partes, puede ser el mejor momento para decir esta oración.
Espíritu Santo, muéstrame lo que yo no he podido o no he querido ver. Espíritu Santo, háblame para que yo reciba lo que no he querido o no he podido escuchar. Espíritu Santo, muéveme, para que yo dé el paso que no he querido o no he podido, o no he sabido dar. Espíritu Santo, úngeme para que aquello que ha sido imposible en mi corazón, aquello que tiene bloqueada mi alma, aquello que tiene prisionero, mi pensamiento, se rompa en este momento. Espíritu Santo de Dios, ven a romper cadenas. Espíritu Santo de Dios, abre mi entendimiento, abre mi corazón, abre mi voluntad, abre mi vida a la novedad infinita de la humildad, de la pureza, de la mansedumbre, de la sencillez, de la santidad, que eres tú mismo. Espíritu Santo, lo que yo no puedo, lo que yo me declaro incapaz de hacer, no es difícil para ti. Espíritu Santo, lo que a mí me rebasa, lo que a mí me supera, no te supera a ti. Espíritu Santo, lo que no ven mis ojos, tú lo conoces bien. Lo que no pueden mis manos, tú lo logras sin esfuerzo. Espíritu Santo, mis pies y mis pasos son cortos y son torpes, tú viento divino sabes llevarme donde yo no conozco, pero tú sí sabes. Viento divino, tú sabes transformar lo que ha envejecido en mí, en mi ignorancia, en mis malos hábitos, en mis pecados. Úngeme, Espíritu que ungiste a Jesús de Nazaret, úngeme en este momento. Espíritu que ungiste y transformaste la historia de la humanidad haz distinta mi historia. Que el desenlace de mis días sea maravilloso, imprevisible, grandioso. No a la escala de mis pensamientos, que siempre se quedarán cortos, sino a la escala del designio de Dios que todo lo rebasa. Te suplico a ti, Espíritu Santo, porque eres grande, porque eres santo, porque eres la expresión misma de la compasión y el amor de Dios. Ven con tu poder a mi vida. Renueva la faz de la tierra. Amén.

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