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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Necesitamos la unción del Señor en nuestros ojos para reconocer el bien que Él nos ha dado en nuestra familia.
Homilía o221007a, predicada en 20200831, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
De las personas que tienes cerca ¿A quién admiras? De la gente que tienes cerca, puede ser, por supuesto, de tu propia familia, de tu propia casa. ¿A quién admiras? ¿No es verdad que nos cuesta trabajo reconocer admiración hacia la gente que tenemos cerca? Había un dicho que tenían los romanos Magis a longinquo reverentia. Se le tiene más reverencia, podríamos traducir libremente, se le tiene más admiración a aquél que vemos sola o de lejos. Porque al que vemos solo de lejos, seguramente lo vemos en sus mejores momentos.
Por ejemplo, ese gran cantante en su gran concierto donde todo funcionó. Ahí la admiración es grande. Pero si tuviéramos que escuchar a ese cantante preparar su concierto y hacer todos los ensayos y equivocarse, desafinarse, impacientarse, tal vez gritar su frustración, tal vez no nos parecería tan grande. ¿Por qué es difícil admirar a los que tenemos cerca? Es una gran pregunta. Y esto sucede no solo en el plano espacial, llamémoslo así. Es decir, la gente que tenemos en la misma casa, por ejemplo.
A veces para admirar y para agradecer lo que hicieron por nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros profesores, a veces necesitamos otro tipo de distancia, que es la distancia que da el tiempo. A veces tiene que llegar esa distancia adicional del tiempo y en esa distancia, cuando ya los vemos lejos, ahí empezamos a apreciarlos y empezamos a decir razón tenía mi papá, razón tenía mi abuelita cuando nos decía, razón tenía ese cura que... Pero tiene que pasar a veces tiempo. Y por eso la frase que Jesús nos trae del Evangelio de Lucas el día de hoy. Por cierto, esta semana, Semana número Veintidós del Tiempo Ordinario, estamos empezando a leer las porciones correspondientes del Evangelio según San Lucas.
Otra razón por la que necesitamos de cierta distancia para admirar es que en la distancia se pueden aplicar muchos filtros. Yo creo que muchos de nosotros hemos visto esas publicaciones. Eso circula por todas partes. Como es tal persona sin maquillaje. Es decir, parece que la norma para muchas personas, es ponerse su fachada, que puede ser, por ejemplo, su maquillaje. Pero ¿Qué pasa cuando esa persona está sin maquillaje? Pues resulta que su rostro no es tan perfecto como aparece en las fotos, donde está seguramente retocado. Su cuerpo no está en absolutamente perfecto, su voz no es tan perfecta y sobre todo pasando esas cosas superficiales a otras más profundas, su manera de ser seguramente tampoco es tan agradable. Nadie es agradable veinticuatro horas al día. Ya que sabemos que se da este fenómeno. ¿Qué podemos hacer o qué deberíamos aprender? Buena pregunta.
Yo creo que necesitamos una especie de operación espiritual que solo Dios puede hacer en nuestra mirada para no perder la perspectiva, para no esperar a que la gente se muera para decir gracias, para no esperar a perderlos, para apreciarlos. Necesitamos esa bendición, esa unción del Señor en nuestros ojos para poder reconocer el bien que Dios nos ha dado ahí. Los paisanos de Jesús no reconocieron lo que había en Él. No lo reconocieron y sin embargo era el Hijo de Dios. Pidamos bendición para nuestros ojos y humildad, y verdad para nuestros corazones.

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