Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El programa de misión de Cristo abre puertas a nuestras necesidades.

Homilía o221006a, predicada en 20180903, con 5 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, la lectura que acabamos de escuchar del Evangelio es algo así como el programa de Cristo. A veces sucede que cuando una persona inicia su periodo de gobierno, presenta su programa. Esto es lo que yo quiero hacer. Pues Jesús está empezando su misión en el Capítulo Cuarto de San Lucas. Ya fue bautizado por Juan en el Jordán, ya estuvo en el desierto. Y según el relato de Lucas, después de una breve estancia en Cafarnaún, vuelve a su pueblo en Nazaret. Está empezando su acción y presenta este programa. Lo que Cristo aplica a sí mismo es un texto del profeta Isaías, un texto muy bello, y nosotros queremos aprovecharlo y esta vez lo vamos a aprovechar de una manera muy sencilla, muy bonita.

Cristo dice aquí que ha sido enviado a ciertos grupos de personas. Yo creo que los que estamos aquí todos amamos a Cristo, buscamos a Cristo. Quiere decir que si yo estoy dentro de esos grupos de personas, puedo encontrarme más fácilmente, más rápidamente con Jesucristo. Eso es lo que vamos a intentar. Exactamente eso. Queremos encontrarnos con este Cristo. Entonces, por ejemplo, él dice: El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres. Quiere decir que en la medida en que yo descubro mi pobreza, yo creo que todos somos pobres de algo, en la medida en que yo descubro mi pobreza, también descubro la puerta por donde va a visitarme Cristo. Porque tu vida es como una casa que tiene muchas puertas y Dios quiere llegar a tu vida y es bueno esperarlo por esa puerta por donde Él va a llegar. Aquí Cristo nos está diciendo cuáles son las puertas que a Él le gustan y por donde Él suele llegar a las vidas. Y una puerta, por ejemplo, es eso que es pobre en ti. Tal vez uno puede tener dinero, pero es pobre en afecto, o tal vez uno puede tener muchos conocimientos, pero es pobre en relaciones humanas. Es bueno entender que Cristo quiere llegar a mi vida a través de esa puerta que se llama la puerta de mi pobreza.

Luego hay otra Cristo dice a proclamar a los cautivos la libertad. Quiere decir que si yo reviso mi vida y yo encuentro que soy prisionero, por ejemplo, prisionero del miedo, prisionero del resentimiento, prisionero de un vicio de un modo particular, yo debo acercarme con esperanza a Cristo, porque es como si Cristo me estuviera diciendo vine por ti. Entonces, en la medida en que yo descubro mis cautividades, mis prisiones, voy a encontrarme más fácilmente con Cristo.

Luego dice a los ciegos la vista. Por supuesto que nosotros vemos muchas cosas, no solo con los ojos del cuerpo. Uno se da cuenta de muchas cosas, pero hay muchas otras cosas que uno no se da cuenta. Como a veces decimos eso no lo tenía en el radar. Entonces, a través de mis ignorancias, a través de mis cegueras, seguramente puedo esperar a Cristo. Este hombre tan sabio que ya recordábamos en una predicación de hoy, San Agustín decía ¡Ay de mí, que ni siquiera sé cuánto ignoro! ¡Qué cosa tan bonita! En el océano de la Sabiduría vamos navegando y hay lugares donde la sonda se hunde sin encontrar fondo. Entonces, si yo tomo la actitud contraria, es decir, si yo creo que lo sé todo, que lo entiendo todo y que a mí nadie me convence, dejo a Cristo muy lejos. En cambio, si yo reconozco mis ignorancias y si reconozco que tengo mucho por aprender, seguramente me voy a encontrar con Él. Entonces, fíjate los pobres, los cautivos, los ciegos.

La última que aparece aquí, los oprimidos. Yo siempre asocio, porque además tienen la misma raíz lingüística oprimidos con deprimidos. Hay tanta gente que no tiene alegría. Parece que tiene todo, pero no tiene alegría. Tienen un matrimonio, tienen unos hijos, tienen un trabajo, pero la vida como que les va pasando por encima y no terminan de encontrar alegría, sabor. Están deprimidos y yo asocio mucho deprimido y oprimido. ¿Qué te está oprimiendo? ¿Qué es lo que reprime? Esa también es de la misma raíz. ¿Qué es lo que reprime tu alegría? ¿Qué es lo que reprime tu esperanza? ¿Qué es lo que oprime tus sueños? Pero si sientes eso, te tengo una buena noticia. Jesús es para ti. Esa es una gran noticia.

Entonces las cuatro palabras que aparecen aquí son: Los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. Entonces, en la medida en que yo voy descubriendo en qué medida soy. A ver si ahora sí los puedo decir bien soy pobre, o soy cautivo, o soy ciego o soy oprimido. El mensaje del Evangelio es, Jesús vino para mí y eso me da una gran esperanza. Amén.

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