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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la evangelización de Pablo a los Corintios destacan la humildad y el continuo apoyarse en el don del Espíritu Santo.
Homilía o221004a, predicada en 20120903, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
La primera carta a los Corintios, de la que fue tomada la primera lectura en la Misa de hoy. Es un documento bastante singular, porque fue también muy particular la relación que tuvo el apóstol San Pablo con esta comunidad de los fieles de Corinto. Lo que encontramos es que se trata de gente venida del mundo pagano y por consiguiente, el camino de la evangelización está marcado por toda la transformación de costumbres, de mentalidad, de lenguaje que aquellos corintios tenían que vivir para llegar a ser verdaderos cristianos. Fue un camino duro, pero de esa dureza nos beneficiamos nosotros. ¿En qué sentido? En el sentido en que Cristo, al manifestar su grandeza y al manifestar su compasión a través de la palabra de San Pablo, pues nos fue dejando en estos documentos las cartas a los Corintios, enseñanzas que tienen un valor permanente y que podemos aplicar nosotros.
Es algo así como si nos mostraran una película de cómo entrena un campeón. A él le toca hacer todo el esfuerzo y se cansa y suda y tiene calambres. Pero nosotros, viendo ese recorrido y viendo ese esfuerzo, aprendemos también a entrenar, porque la película ha dejado todo ese testimonio. Los corintios tuvieron que pedalear mucho, tuvieron que trabajar mucho para poder avanzar en su esfuerzo de llegar a ser cristianos. Y sin embargo, de todo ese esfuerzo quedó algo permanente que es útil a nosotros. Por eso hay que apreciar mucho todas las partes de la Biblia.
Pero hoy en concreto destacó esta primera carta a los Corintios. Otra razón por la que esta carta nos interesa, sobresale en el texto escogido para hoy, que es del Capítulo Segundo de esa primera carta. Encontramos a San Pablo refiriéndose al método que usó para evangelizarlos. Y esta es una especie de confidencia, es una especie de secreto que llega también a nuestros oídos. O sea, podemos aprender de cómo evangeliza él. No solo aprendemos de los corintios, sino que aprendemos de aquel que evangelizó a los corintios, porque él nos regala esta confidencia. Y él destaca dos cosas: destaca el poder del Espíritu y destaca también la humildad y sencillez con que él se presentó. Todavía se hace más interesante esa enseñanza si nosotros recordamos, guiándonos por el libro de los Hechos de los Apóstoles, ¿Dónde estaba Pablo antes de llegar por primera vez a evangelizar en Corinto? Pablo venía de Atenas, según nos cuenta el Capítulo Diecisiete de los Hechos de los Apóstoles. Y Pablo en Atenas, lugar privilegiado de la filosofía para el mundo entero. Pues parece que siguió un poco ese estilo, ese estilo filosófico.
Allá en Atenas, Pablo echó un discurso magnífico, una pieza de oratoria realmente sublime. Tanto que durante mucho tiempo y en muchos lugares se ha utilizado como modelo de discursos. Pero ese excelente discurso produjo muy poco fruto. Y realmente la estadía de Pablo en Atenas fue breve. Y yo diría un poco frustrante. Pablo tomó nota de ese fracaso. No temamos decirlo. Los apóstoles también se equivocan. Ellos también tenían que hacerse, o nacieron hechos. Y Pablo aprende de su fracaso y avanza. Y es de ahí de donde brota esa humildad con la que él se presenta ante los Corintios, proclamando ante todo, ante todo, la cruz de Cristo y fiándose ante todo, ante todo, del poder del Espíritu. ¡Qué preciosas enseñanzas para nosotros!

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