Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Lucas nos muestra el poder de Cristo y la alegría que sentimos cuando somos tocados por El, asi como el ministerio de las mujeres.

Homilía o221003a, predicada en 20100830, con 12 min. y 17 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, estamos abriendo la semana número veintidós del tiempo Ordinario. Sabemos que en la liturgia de nuestra Iglesia Católica el año tiene una serie de tiempos. Así existe el tiempo de Adviento, que empieza a finales de noviembre, normalmente el último domingo de noviembre, de modo que se completen cuatro domingos de Adviento. Ese es el tiempo de Adviento. Preparación para la Navidad. Y luego, por supuesto, viene el tiempo de Navidad. Adviento y Navidad, forman como una pareja, porque el Adviento prepara para la Navidad y la Navidad celebra lo que se esperaba en el Adviento. Esos son dos tiempos litúrgicos. El tiempo de Navidad en términos del calendario civil llega más o menos hacia la mitad del mes de enero. Propiamente termina con la fiesta del bautismo del Señor. Esos son dos tiempos litúrgicos que están relacionados.

Otros dos tiempos que están relacionados son el tiempo de Cuaresma y el tiempo de Pascua. Cuaresma empieza con el Miércoles de Ceniza y termina con la celebración del Triduo Pascual. La Cena del Señor, la pasión del Señor, su muerte ignominiosa en la cruz y luego su resurrección gloriosa. Esa es la Cuaresma. La Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta la celebración del triduo. Pero luego, cuando ya celebramos la resurrección del Señor, que es el centro mismo de nuestra fe, entonces viene el tiempo pascual. Y el tiempo pascual llega desde la resurrección del Señor, que es la Pascua hasta Pentecostés, que son cincuenta días después. Entonces, fíjate que Cuaresma y Pascua, el tiempo de Cuaresma y el tiempo pascual son otros dos tiempos que también están relacionados. La Cuaresma nos prepara para la Pascua y la Pascua celebra la alegría de esa purificación, de esa sanación que tanto anhelábamos en Cuaresma. Así hemos mencionado cuatro tiempos litúrgicos Adviento que va con Navidad y Cuaresma, que va con Pascua.

Pero quedan muchas más semanas en el año, porque las semanas de Cuaresma y de Pascua, más las semanas de Adviento y Navidad, pues no alcanzan a ser veinte en total. Entonces todas las otras semanas, ¿qué son? todas las otras semanas, son el tiempo que llamamos tiempo ordinario. Ustedes pueden reconocer el tiempo ordinario en las vestiduras del sacerdote que son de color verde. Este es el color que uno más ve en la misa, porque el número de semanas del tiempo ordinario es superior a todos los otros tiempos juntos. El tiempo ordinario tiene treinta y tres o treinta y cuatro semanas, y ese tiempo ordinario es el que nosotros vamos recorriendo en el día a día, como una contemplación también de los días de Jesucristo. Lo que hacemos en el tiempo ordinario es lo mismo que hacemos en los otros tiempos mirar a Jesucristo. Con la diferencia de que en la pareja Adviento Navidad nos concentramos en el misterio de la encarnación de Cristo y su nacimiento. Y en Cuaresma, Pascua nos concentramos en su muerte. De modo que fíjate que Adviento y Navidad son el comienzo de la vida de Cristo. Y Cuaresma y Pascua son el final de la vida de Cristo sobre esta tierra.

Entonces, en el tiempo ordinario, ¿qué hacemos? Mirar todo ese trayecto, es decir, la vida que Él ofreció por nosotros a través de su continua predicación, su oración, sus milagros, sus exorcismos. Eso es lo que hacemos en el tiempo ordinario. Contemplamos a Jesucristo, viéndolo, por así decirlo, en su día a día, en sus predicaciones, en sus milagros, en sus exorcismos. ¿Cómo funcionan las lecturas entonces durante estos tiempos? Pues en el tiempo ordinario lo que nosotros hacemos para los días entre semana, como es por supuesto, el lunes lo que hacemos es leer de un modo casi completamente seguido los evangelios. Los evangelios llamados sinópticos, porque los Evangelios son cuatro, por supuesto Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y los tres primeros, Mateo, Marcos y Lucas son llamados los evangelios sinópticos. Y en esos evangelios nosotros podemos seguir el ministerio de Cristo, lo que llamamos la vida pública de Cristo. Se les llama sinópticos, una palabra que quiere decir con una sola mirada, porque se puede seguir con una sola mirada. El recorrido que ellos hacen son muy parecidos entre sí, por lo menos en la estructura general. Estos tres evangelios nos presentan a Cristo predicando en Galilea, alrededor del lago de Genesaret y luego avanzando hacia Jerusalén, donde va a suceder su Pascua. Y en esa estructura tan sencilla, esos tres evangelios coinciden.

Entonces en el tiempo ordinario, para los días entre semana lo que nosotros hacemos es seguir estos evangelios sinópticos. ¿De qué manera? Empezamos por Marcos. Eso fue hace mucho tiempo, imagínate. Estoy hablando de las primeras semanas del tiempo ordinario. Pues las primeras nueve semanas del tiempo ordinario. Vamos con Marcos. Y luego, desde la semana número diez hasta la semana número veintiuno, vamos con Mateo, y luego desde la semana número veintidós, o sea, esta semana hasta terminar en la semana treinta y cuatro, vamos con Lucas. Marcos lo leemos prácticamente completo. Luego Mateo lo leemos incluyendo aquellos pasajes que no habíamos escuchado en Marcos, porque sucede que Marcos y Mateo tienen muchos pasajes que son iguales prácticamente, aunque hay diferencias que también vale la pena destacar, pero cuentan las cosas de un modo muy semejante. Los estudiosos de la Biblia dicen que San Mateo tenía conocimiento del evangelio de Marcos cuando escribió su propia obra. Entonces nosotros primero oímos a Marcos casi completo, y luego oímos aquellos pasajes de San Mateo que no están en Marcos. Y eso es lo que hacemos entre las semanas número diez y la semana número veintiuno. Y esos pasajes empiezan con las bienaventuranzas y terminan con lo que estábamos oyendo la semana pasada. Es decir, aquellas comparaciones de Cristo sobre el final de los tiempos. Llega esta semana veintidós y empezamos con Lucas.

Por eso la lectura de hoy fue tomada del capítulo cuarto del Evangelio según San Lucas. Y por supuesto, lo que vamos a hacer ahora, es decir, de aquí hasta que acabe el año litúrgico, cerca de noviembre, finales de noviembre, lo que vamos a hacer ahora es oír a Lucas en aquellos pasajes que son propios de Lucas, es decir, que no han aparecido ni en Marcos ni en Mateo. Toda esta explicación ¿para qué? Para que tú y yo amemos más la Misa, para que cuando vengamos a la Misa, encontremos la riqueza propia de ese banquete que la Iglesia nos prepara cada mañana, cada tarde, cada noche Nuestra liturgia es una escuela maravillosa de contemplación del misterio de Jesucristo. Pero si uno no conoce estas cosas, o si uno no está atento, a veces puede tener la sensación de que en la iglesia siempre están diciendo lo mismo. A veces uno se descuida, a veces uno no se prepara y llega a la iglesia y ni siquiera escucha las lecturas o le llegan como un rumor lejano. Cristo no vino a esta tierra para ser un rumor lejano. Vino para ser la palabra estable, maravillosa, la palabra firme que le puede dar piso y alegría y fecundidad a tu vida. Por eso es bueno saber estas cosas. Saber que tenemos esta distribución de lecturas. Ahora vamos con San Lucas y vamos a encontrar toda la riqueza de Lucas. Lucas nos va a hablar muchas veces del poder del Espíritu. Fíjate cómo en la lectura de hoy ya nos dice que Cristo toma, digamos, a manera de programa, de su servicio a la humanidad, aquel texto del profeta Isaías: El Espíritu está sobre mí, me ha ungido para liberar a los pobres. Lucas nos va a insistir mucho en el poder del Espíritu. Igualmente nos va a insistir bastante en el lugar privilegiado que tienen los más pequeñitos y los más pobres.

Lucas también nos va a hablar del papel preponderante que tienen algunas mujeres. Por cierto, que es Lucas el que más nos da datos sobre la Santísima Virgen María. Y Lucas también le va a dar un énfasis maravilloso a la palabra alegría. Alegrarse en el Señor, encontrar el gozo del Evangelio. Estas son algunas de las características de este evangelista que ha sido llamado el evangelista de la humanidad de Jesucristo. Podemos decir que el Cristo que aparece en San Lucas es un Cristo que nos deja conocer maravillosamente cómo Dios es tan profundamente humano para que nosotros los hombres podamos, con el mismo poder del Espíritu que obró en él, llegar a participar de la naturaleza divina.

Vamos a seguir esta celebración y recordemos para los días que vienen, porque yo sé que varios de ustedes asisten a Misa todos los días. Recordemos, para los días que vienen ahora nuestro tema va a ser Lucas y ahora lo que vamos a encontrar es la riqueza de la humanidad de Jesucristo, con gran énfasis en la alegría, el poder del Espíritu, el lugar de los pobres y ese ministerio tan singular que Dios da a algunas mujeres.

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