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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
No perder la convicción en la Cruz de Cristo ni en el poder del Espíritu Santo.
Homilía o221002a, predicada en 20020902, con 6 min. y 45 seg. 
Transcripción:
A veces los estudios sobre la cronología nos ayudan a saborear, a degustar mejor la Palabra de Dios, es decir, saber cuándo fueron escritas las cosas. Trae un poco de luz sobre por qué se escribió lo que se escribió. Nosotros sabemos, por ejemplo, que Pablo tuvo esa experiencia de predicación en Atenas, donde hizo un hermoso discurso en el Areópago. Y le salió una figura retórica muy bonita. Aquel a quien veneráis sin conocer, yo vengo a anunciar. Era un golpe de inteligencia y era también un acto elocuente y atractivo. Pero el fruto no fue mucho cuando ya tuvo que mencionar la resurrección de Cristo y tuvo que hablar del juicio de Dios sobre todas las naciones. Entonces le replicaron con burla, de eso te oiremos en otra ocasión. Y fue después de esa experiencia fracasada, después de esa experiencia desalentadora. Después de eso fue cuando Pablo llegó a Corinto. Y entonces en Corinto, siente ese temor. Por eso dice temblando. Ese temor que proviene de la experiencia del fracaso. Yo creo que es una experiencia de Pablo que nos enseña mucho a nosotros, porque uno fácilmente se imagina que estos grandes hombres todo le salía bien, pero verlos en los momentos de su fracaso y ver que ellos, lo mismo que nosotros, temblaban después de fracasar cuando tenían que volver a usar de la palabra. Pues eso los hace muy cercanos a nosotros y también nos da mucha esperanza. Así que por ese lado podemos entender el temor de Pablo. Ya no se presenta elocuente, sino se presenta más bien temeroso. Ya no se presenta con ideas brillantes. De pronto, un poco sofisticadas. Su lenguaje es llano y es casi tosco. Anuncia abiertamente y desde el principio, lo que antes había anunciado veladamente y al final. En Atenas había dejado para el final la parte más difícil, la parte de la cruz y la resurrección. Y cuando llegó allá, los que le habían oído con alguna atención se desencantaron. En cambio, en Corinto hizo lo contrario puso el escándalo por delante, puso lo difícil por delante. Como queriendo así afrontar desde el comienzo que la gente aceptará o no aceptará. Y le fue mejor. Al fin y al cabo, no tenemos luego ninguna carta de San Pablo a los atenienses. Cierto. En cambio, sí tenemos varias cartas de San Pablo a los Corintios. Corintios. Se pudo fundar una comunidad con problemas, con dificultades, pero se pudo fundar una comunidad, una comunidad nacida del absurdo de la cruz. No quise saber nada, sino Cristo crucificado. Y es muy interesante ver en ese proceso de desaliento que vive San Pablo, que se le derrumban muchas cosas. Pero lo más interesante es lo que no se le derrumba, no se le derrumba la convicción en la cruz de Cristo y no se le derrumba la convicción en el poder del Espíritu Santo. Y eso también es enseñanza para nosotros, porque hay muchas cosas que nos salen mal y muchas cosas que nos pueden salir mal en la obra evangelizadora. A veces un método que funcionó en alguna parte no produce mayor cosa en otra. Un método de organizar grupos o de organizar cenáculos, o de organizar cofradías, o de organizar procesiones, o de organizar cursos. Cada uno de nosotros procura, según lo que ha conocido, organizar unas u otras cosas, y continuamente tenemos la experiencia de que un método que funcionó muy bien en una parte no funciona en otra parte. Lo que atrajo a mucha gente en un lugar no atrae a casi nadie en otro lugar. Y es interesante ver qué es lo que nunca se derrumba y lo que nunca se derrumba. Es el amor de Dios manifiesto en la cruz de Cristo y la acción maravillosa del poder del Espíritu. Y por eso Pablo tuvo como una especie de segunda conversión. Podemos decir después del fracaso de Atenas, Pablo tuvo una segunda conversión, no una conversión en el orden de la fe. Sin una conversión en el orden del apostolado. De ahí en adelante, Pablo será en primer lugar el contemplativo y el adorador del misterio de la cruz de Cristo. Y así están marcados efectivamente los escritos que vienen después. Si uno mira, por ejemplo, los escritos de Romanos, de Gálatas, pues están llenos de esa paradoja, de esa paradoja pero fecunda paradoja de la cruz. Y si uno mira las cartas de la cautividad están llenas también de la paradoja de la cruz. De manera que fue como una conversión que tuvo Pablo, centrándose en lo esencial, en lo que no podía fallar, no importa cuántas dificultades se presentaran. El amor de Dios manifiesto en la cruz de Cristo y el poder del Espíritu Santo. Que Dios nos haga fieles seguidores de Pablo en estos dos amores para ser fecundos en la evangelización.

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