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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdadera denuncia cristiana busca el bien común y la verdad; tiene capacidad de admitir los errores y purificar el corazón. Ha de nacer de un corazón humilde para corregir con amor y dar gloria a Dios.
Homilía o213005a, predicada en 20260826, con 7 min. y 59 seg. 
Transcripción:
Guiados por el Evangelio de hoy, queremos hablar de la denuncia cristiana como un acto de caridad. Hay muchas razones por las que se puede denunciar. Uno puede denunciar por rabia, por venganza. Uno puede denunciar buscando una ventaja política o incluso, una primicia periodística. Esta clase de motivos, en el fondo, no ponen en primer lugar la verdad de los hechos y no ponen en primer lugar el bien común, sino que más bien son ocasiones para buscar algo propio, es decir, hago una denuncia, pero para buscar algo mío en vez de buscar el bien común.
Precisamente, una de las primeras características de la denuncia cristiana es que busca el bien y busca el bien en primer lugar de la misma persona a la que nos dirigimos. Cuando Cristo, por ejemplo, en el Evangelio de Mateo, según escuchábamos hace unas semanas, nos invita a que practiquemos la corrección fraterna, si lo piensas bien, la corrección fraterna es una denuncia, pero es una denuncia que tiene que ver con el bien de la persona. Claramente tú le estás diciendo a esa persona, le estás diciendo: Mira, estás haciendo mal en esto, me parece que puedes mejorar esto, busca corregir esto.
Pero al hablar de esa manera, lo que estamos buscando es el bien de la persona, esta es la primera característica de la denuncia cristiana que está buscando el bien. La segunda característica de la denuncia, cuando se hace desde la caridad, es que está abierta a la verdad. Y, en este caso quiero referirme a tantas denuncias que se hacen en el campo de la política, porque muchas veces encontramos que un partido político, lo que se suele llamar la oposición, ataca con todas sus fuerzas al gobierno, y seguramente tienen razón en muchas de las denuncias que están haciendo.
Pero su propósito, en primer lugar, no es el bien y, en segundo lugar, tampoco es la verdad, porque tampoco están buscando la verdad de lo que se está haciendo. Por decir algo, si el Gobierno está realizando 10 proyectos, es una cifra que no importa aquí, hay 8 cosas que se están haciendo bien y hay 2 que se están haciendo mal, pues la oposición tiende a concentrarse únicamente en lo que se está haciendo mal y no reconoce nada de lo que se está haciendo bien, eso es deshonesto, eso es deshonesto.
Esa es una manera de obrar que hoy se ha vuelto muy común tanto en los partidos de derecha como en los de izquierda. Cuando se trata de mi enemigo, no le reconozco nada bueno. La denuncia cristiana, esta es la segunda característica. La denuncia cristiana siempre está dispuesta a reconocer la verdad y, de hecho, la verdad de lo bueno que tú estás haciendo, la verdad de lo correcto que tú estás haciendo seguramente es el punto de partida para que te corrijas de lo que no estás haciendo o de lo que estás haciendo mal.
Así que démonos cuenta cómo la denuncia cristiana, pues en el fondo lo que está buscando es el bien, está buscando la verdad. Van esas dos características. Hay una tercera que no aparece en el Evangelio de hoy, pero que es doctrina común en la Iglesia y la enseñó, entre otros, o entre otras personas, Santa Catalina de Siena. Y es la capacidad de admitir los propios errores. Claramente no aparece en el Evangelio de hoy, porque no había error, ni falta, ni pecado en la persona de Cristo. Pero nosotros tenemos que ser sinceros y tenemos que estar dispuestos a admitir nuestra propia parte, tenemos que estar dispuestos a admitir lo que nosotros estamos haciendo mal.
Esto vale, por ejemplo, en las relaciones familiares. A veces, los hijos hablan con tanto desprecio de los papás, o a veces los papás descalifican todo lo que hacen los hijos, quizás porque se sienten frustrados y decepcionados. Pero atención, hay que tener mucho cuidado con eso, porque el hecho de que tú sientas esa frustración, el hecho de que tú sientas ese descontento, pues no implica que tú vayas a tomar esa actitud tan completamente destructiva y tan injusta, si no reconoces tu parte. Piensa, yo creo que es el ejemplo más evidente, piensa en lo que sucede en una relación de pareja.
¿Qué es lo que más destruye a la pareja? Que cada uno quiere denunciarle al otro, lo que entiende que está haciendo mal, pero nadie reconoce lo propio. Y cuando no reconoces lo tuyo y simplemente estás acusando al otro, muy probablemente vas a engendrar en la otra persona exactamente la misma respuesta. Es decir, que esta persona va a tomar la misma actitud de acusarte a ti y de no reconocer lo suyo. Entonces, la tercera característica de la denuncia cristiana es que reconoce los propios errores.
La cuarta y última característica es la purificación de la intención, la purificación del amor. Así, por ejemplo, lo encontramos en santos como Francisco de Asís y explícitamente lo enseñaba San Juan Bosco. San Juan Bosco le enseñaba a sus sacerdotes: Mira, es necesario que cuando tú hagas una corrección, no sea por desahogarte simplemente, purifica la intención, purifica el amor. O sea, pregúntate, pregúntate a fondo ¿qué es lo que realmente tú deseas, qué es lo que realmente tú quieres?
Porque normalmente, cuando nosotros lo que estamos buscando es simplemente desahogarnos, pues nuestra manera de obrar no corresponde al plan de Dios. En el fondo, lo que queremos es estar tranquilos o parecer los buenos o hundir a la otra persona. Y eso no es lo que corresponde al Evangelio, no es lo que corresponde al plan de Dios. Así que la cuarta característica de una auténtica denuncia cristiana es que brota de un corazón que se ha purificado y que auténticamente quiere darle la gloria a Dios y quiere vivir la vocación al amor. Si eso está en nosotros, alegrémonos. Pero si no está, pues tenemos que buscarlo.
Esas son las principales características de la denuncia cristiana, que es la que estamos llamados a hacer, como Cristo hizo sus propias denuncias. Entonces, fíjate los elementos, repasémoslos rápidamente. Primero, estamos buscando el bien de la otra persona y el bien común. Segundo, estamos buscando la verdad, la verdad de los hechos. Tercero, nosotros tenemos plena conciencia de que también cometemos errores y admitimos la parte nuestra. Y cuarto, purificamos nuestro corazón de tal manera que en ese acto le estemos dando la gloria a Dios y estemos realmente respondiendo a las exigencias del Evangelio.
La denuncia cristiana así vivida, es un verdadero instrumento de caridad y puede hacer muchísimo bien en la sociedad, en nuestras comunidades y movimientos y en nuestras familias. Que Dios te bendiga.

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