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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) Si no tienes tu tiempo ocupado en las cosas de Dios pronto lo ocupará el demonio en sus propias obras; (2) La ociosidad más perniciosa es la que está rodeada de comodidad y por eso experimentar necesidad puede ser gran bendición; (3) Si miramos cuánto hemos recibido de las riquezas de la fe entendemos que nuestra mediocridad y falta de acción es grave culpa.
Homilía o213004a, predicada en 20200826, con 14 min. y 3 seg. 
Transcripción:
Hermanos, en esta ocasión quiero invitarlos a que volvamos sobre el mensaje sencillo y directo que nos propone la primera lectura tomada del Apóstol San Pablo en su carta a los Tesalonicenses, su segunda Carta a los Tesalonicenses. Aquí hay que aclarar un pequeño detalle, si tú miras la primera carta de Pablo a los tesalonicenses, ves que este apóstol hace todo un desarrollo, toda una explicación sobre la segunda venida de Cristo. Hasta cierto punto, la segunda carta a los Tesalonicenses tiene por propósito corregir algunas ideas exageradas, algunas ideas incorrectas de los que habían asimilado ese primer mensaje del retorno de Cristo. Parece que algunos en la comunidad de Tesalónica habían tomado la actitud de decir: Mira, realmente no vale la pena trabajar, esto ya se va a acabar todo, ya todo va a colapsar, ya vuelve Cristo. Entonces, ya olvidémonos del trabajo, olvidémonos de trabajar.
La recomendación que hace Pablo con realmente bastante autoridad, la recomendación de Pablo es: «El que no trabaja, que no coma». Es decir, es una dura crítica a la ociosidad, casi nos puede parecer que es demasiada crítica en el sentido de que fíjate, lo que escuchamos al principio del texto de hoy, dice: «En nombre del Señor Jesucristo». Esta expresión la utiliza Pablo cuando, por decirlo de alguna manera, quiere utilizar toda su autoridad, en nombre de Dios, en nombre de Cristo. Wow, eso es fuerte, en el nombre de Cristo, Dios mío. Y ¿qué es lo que nos va a mandar con tanta autoridad? Mira lo que dice: Os exhortamos no tratéis con los hermanos que llevan una vida, aquí traduce, desordenada. Ah, ahí empieza un punto importante en el texto que oímos, decía: una vida ociosa. Ya vemos que no es solamente el problema de que la gente esté desocupada, es que la ociosidad es raíz de muchos vicios y entonces, es una vida desordenada, es una vida viciosa, es una vida que con el pretexto de que Cristo va a venir, se vuelve inútil para el servicio a los demás.
Entonces, lo que quiero destacar es que la crítica de San Pablo no es solamente porque la gente esté sin trabajo o estés desocupada. No es una crítica a estar desocupado simplemente, es una crítica a aquella persona que no se ocupa de las cosas del Señor, incluso si dice que lo está esperando a Él, persona que no se ocupa de las cosas del Señor y termina entonces ocupándose de las veleidades que le presenta el demonio, el mundo o la carne. Ese es el problema real. Insisto, no es solamente que la persona esté desocupada. No, no, no es solamente ese tema. Es el tema de que la persona estando desocupada, termina ocupándose de aquello que ofende a Dios. Por eso traduce aquí, una vida desordenada.
Entonces, vemos que aquí hay una enseñanza que es más profunda, realmente lo que nos está diciendo Pablo no es simplemente: Hombre, no sean perezosos. No, va mucho más allá de eso. Parece que la enseñanza de Pablo es: si no estás ocupado sirviendo al Señor, tarde o temprano estarás ocupado desobedeciendo a Dios. Si no estás ocupado sirviendo a Dios, pronto el demonio te ocupará atacando a Dios. Si tu tiempo no está entregado al Señor, lo cual no significa que uno tenga que estar en un activismo frenético. No, tiene que haber tiempo para el descanso, para la oración, pero tú me entiendes lo que estoy diciendo. Si tu tiempo no se llena de Dios ¿qué lo está llenando? Ese es el problema. Si tu tiempo no lo llena Dios en las diversas cosas que hay que hacer porque todos tenemos que descansar, todos tenemos que orar, sí, pero si tu tiempo no lo llena, Dios, ¿qué lo está llenando?
Y entonces, si te empiezas a llenar del pecado, si te empiezas a llenar de ofensa a Dios, entonces la pregunta es ¿qué eres tú dentro de la comunidad? Eres un tumor, eres un parásito, vives de otros y eres un escándalo, quieres recibir todo y poco das. Eso parece explicar el lenguaje tan duro que utiliza Pablo: «No tratéis con los que viven así». De alguna manera, Pablo lo que está diciendo es: a estas personas hay que dejarlas experimentar su necesidad. Entonces, la primera enseñanza grande del día de hoy es el que no está ocupado en las cosas del Señor, pronto el demonio le encuentra oficio. Si no estás ocupado en las cosas de Dios, ya dijimos, repito, no es estar trabaje y trabaje simplemente como un activismo. Pero es que tu tiempo esté bajo el signo de Dios, incluyendo tu descanso, tu oración. Si tu tiempo no está ocupado por el Señor, pronto el demonio lo ocupará en sus obras, esa es la primera enseñanza.
Segunda, Pablo dice: «No traten con esa gente». ¿Qué quiere decir ese: no traten? Hay varias interpretaciones. Una que tiene que ver, por ejemplo, con la carta de Judas Tadeo. Pero voy a decir la más sencilla que conozco, una persona llega a esos vicios, en buena parte porque lo tiene todo. Yo he encontrado varios casos, especialmente en población joven, he encontrado eso. El muchacho que lo tiene todo, todo y en su vida completamente centrada sobre sí mismo, se vuelve vicioso. Es decir, manera segura de echar a perder una persona es darle todo, porque la persona cree que se lo merece todo y cree que siempre lo tendrá todo y cree que no tiene que esforzarse por nada. Quizás exagero un poco, pero se entienden las palabras y uno debe tratar de hacerse entender.
Entonces, cuando Pablo dice: sepárense de esas personas, es que en la medida en que tú sigas dándole y dándole y dándole a la persona, la estás echando a perder cada vez más. Cada vez su condición es peor. O lo vamos a decir de otra manera, experimentar necesidad puede salvar un alma, experimentar necesidad puede salvar una vida, porque la persona que solo recibe y recibe se acostumbra a que todo se lo merece, a que nada tiene que luchar y a que solo puede exigir, solo tiene que exigir. Entonces la segunda enseñanza es: la necesidad es una gran maestra. Y por eso, uno tiene que preguntarse mucho, mucho, uno tiene que preguntarse si realmente las bendiciones de Dios las debemos medir siempre en términos de prosperidad, sobre todo de prosperidad material.
Nosotros conocemos ejemplos muy notables de personas que lograron grandes éxitos materiales, por ejemplo, los fundadores de la famosísima, mundialmente famosa cadena Hilton de hoteles. Pero no me pidas que te dé detalles de dónde van los hijos y los nietos y las nietas de esa gran cadena. Entonces, a veces la prosperidad es, exactamente, el ambiente perfecto para echar a perder a una persona. Y por eso, nosotros no debemos obsesionarnos con pedir que la persona, con que a la persona le vaya bien y le vaya bien y le vaya bien en sus negocios, no necesariamente, Dios es el único que sabe. Hay casos en que sí, bendita prosperidad material y la persona la recibe como un regalo de Dios. Pero hay otros casos en que una vida mimada y cómoda, sin hacer nada, sin esforzarse por nada, sin tener que trabajar por nada, lo único que hace es arruinar a una persona.
Entonces Pablo, lo que está diciendo aquí es, o esa es una interpretación por lo menos es: Déjelo que experimente necesidad, déjelo que pase trabajo. Muchas veces papás y mamás con las mejores intenciones consideran que tienen que rodear de colchones y de algodones de colores la vida de sus hijos y de sus nietos y que no sufra y que no sufra y que no sufra. Y cometen un gran error y echan a perder a sus hijos. Entonces, ahí hay otra lección que es importante. Entonces, la primera lección ¿cuál era? La primera lección es que si no estás, que si tu tiempo no está ocupado en las cosas de Dios, pronto el demonio te encuentra oficio. Segunda lección, con frecuencia la necesidad es una bendición, es una bendición. Y rodear a una persona de mimos es una manera muy eficaz de echarla a perder.
Y nuestra tercera y última enseñanza del día de hoy, démonos cuenta, por favor, démonos cuenta que esto también se aplica y de un modo muy particular a nuestro servicio propiamente de evangelización. ¿Qué has hecho con lo que has recibido? ¿Qué has hecho? Esa es una gran pregunta ¿qué has hecho con lo que has recibido, qué estás haciendo con lo que estás recibiendo? Y yo lo aplico aquí a la fe, yo muchas veces he pensado que si tantos católicos que han recibido muy buena predicación, mucha formación, si ellos asumieran un poco más su responsabilidad, cuánta presencia, Bendito Dios, haría el Evangelio en muchos otros lugares. Pero eso de que tú has recibido tanto y no compartes, deja sin alimento espiritual a mucha gente.
Entonces, la tercera enseñanza de este día la sintetizamos en esa pregunta ¿qué estás haciendo con lo que estás recibiendo? ¿Tú no crees que también de eso hay que dar cuentas a Dios? Tú has recibido lo que mucha gente no ha recibido, de eso también hay que dar cuentas a Dios. Y esa también es ociosidad, llamémosla ociosidad espiritual. Yo creo que son llamados de atención muy importantes que nos ha hecho San Pablo y hemos de tomarlos en serio y a lo profundo de nuestro corazón. Amén.

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