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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La verdad continua cautiva y hay muchas estrategias para encerrarla; ser cómplices de esto no es servicio al Evangelio.
Homilía o213003a, predicada en 20200826, con 5 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Hay un texto de San Pablo que nos ayuda a entender el duro Evangelio de hoy. Lo llamo duro porque las palabras del Señor son cortantes, son fuertes y están dirigidas contra personas específicas. Aquellos fariseos y escribas a los que Él llamó, sepulcros blanqueados, a los que Él dijo que tenían una fachada de virtud, pero por dentro estaban llenos de podredumbre. Por cierto, estas palabras de nuestro Señor debemos no olvidarlas cuando viene el famoso tema del no juzgar, porque hay gente que se imagina que no juzgar significa que nunca se puede opinar de nada ni de nadie, que no se pueden tener ideas claras sobre lo que es bueno y lo que es malo. El Evangelio de hoy, tomado del capítulo 23 de San Mateo, nos muestra que Jesús tenía muy claro lo bueno y lo malo, y tenía también una gran capacidad y fuerza en la Palabra para hacer ver a los demás cuándo estaban haciendo las cosas mal. Esa lección no debemos olvidarla.
Pero el texto de San Pablo, del que quiero valerme, en el que quiero apoyarme, está en el capítulo primero, versículo 18 de la Carta a los Romanos. Dice el apóstol San Pablo, tomo solamente la idea principal, que hay algunos que tienen prisionera a la verdad, que tienen a la verdad cautiva. No es de extrañar esta acusación cuando pensamos que el demonio ha sido llamado con verdad, el príncipe de la mentira. Y por supuesto, enemiga de la mentira es la verdad. Así como las tinieblas no pueden permitir que se encienda una luz, porque eso las va a vencer, así también la mentira no quiere que se encienda la verdad, porque eso la va a derrotar. Y por eso, la mentira crea una serie de recursos, una serie de barreras que no son otra cosa sino una prisión para la verdad.
Hay muchas maneras, hay muchas formas de mantener prisionera la verdad, muchas. Por ejemplo, se puede mantener prisionera la verdad cuando no se dice, tal vez es lo más sencillo, o cuando se dice una parte. Ya alguien dijo que las medias verdades eran peores que las mentiras completas. Una mentira que se ve que es mentira no hace tanto daño, pero una verdad a medias sí que logra. Y vivimos en una época en la que la expresión fake news, es decir, noticias intencionalmente falsas, porque eso es lo que significa fake news, en que las noticias falsas se riegan por todas partes. Y esto ¿qué tiene que decirnos? Pues tiene que decirnos que hay muchos modos de mantener prisionera la verdad.
Especialmente el terreno de la política, se ha convertido en un espacio lleno de veneno en el que lo único que interesa es desacreditar al oponente. Entonces, ya se ha vuelto prácticamente una costumbre que los que están opuestos al gobierno nunca dirán nada bueno del gobierno. Y, por el contrario, cuando quieren exaltar a sus líderes, entonces los presentan como si tuvieran una hoja de vida perfecta y una absoluta eficiencia y buenas relaciones con todos, y así sucesivamente.
¿Qué debemos aprender de esto? Pues debemos aprender que la verdad, efectivamente sigue cautiva, que hay muchas estrategias para encerrar la verdad y entonces entendemos que no puede ser un servicio al Evangelio, no puede ser un servicio al amor, ser cómplices de ese cautiverio de la verdad, no puede ser servicio al Evangelio. Y eso explica la actitud de Cristo, es decir, Cristo al hablar de esta manera, lo que está haciendo es rompiendo barrotes, lo que está haciendo es horadando esa pared, ese muro espeso en donde se quiere mantener cautiva la verdad. Y por eso, grandes santos le han dicho a Dios nuestro Señor: Mira, yo prefiero que me hieras. Esto es como cuando hay una pústula, esas especies de vejigas que se llenan de pus, eso hay que abrirlo, eso hay que abrirlo, tiene que salir la mentira, porque cuando sale la mentira, brilla la verdad. Y por eso, necesitamos que la verdad ya no esté cautiva.
Quiero terminar con aquella frase que muchos citan en internet: Gritad, decía Santa Catalina de Siena: Gritad con mil lenguas que por callar el mundo está podrido. Ciertamente hay que hablar, ahora bien, el hecho de que tú grites no te hace verdadero, no es el volumen de tu voz el que va a dar la verdad. Pero la frase de Catalina se entiende, que aparezca la verdad, que la verdad ya no siga prisionera.

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