Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La esperanza activa es el lema del cristiano.

Homilía o213001a, predicada en 20040825, con 9 min. y 15 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, hagamos un comentario sobre la primera lectura tomada de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Tesalonicenses. Ante todo, pues ya lo hemos dicho en otras ocasiones, estas cartas a los Tesalonicenses son tenidas entre los primeros escritos de todo el Nuevo Testamento. Y bendito Dios, bendito Dios contar con documentos que significan, que valen tanto para nosotros y para nuestra fe. Luego, pues vendrán las discusiones de los eruditos y especialistas a ver si realmente estas cartas fueron escritas en las fechas que parece que fueron escritas y todos aquellos problemas que por el momento dejamos a un lado y lo dejamos para los especialistas y para la gente de la academia.

Lo que sí tenemos seguro es que esta segunda carta, pues fue posterior a la primera carta. Y en la primera carta a los Tesalonicenses, el énfasis muy fuerte que nos daba el apóstol, que nos ofrecía el apóstol era el énfasis en el retorno de Jesucristo. Parece cosa demostrada que San Pablo consideró durante una buena parte de su vida que él estaría vivo en cuando llegara el retorno de Cristo, cuando Cristo volviera a la Tierra. Él tenía como muy claro eso que Cristo iba a venir en poder y majestad, y que él seguramente, él personalmente iba a poder presenciar ese momento. Y junto con Pablo, muchísimas otras personas tenían esa misma percepción. Cosa que es interesante porque a lo largo de los siglos muchos cristianos han tenido también esa misma idea y han tenido esa misma sensación.

Y también en nuestra época, por ejemplo, los cristianos adventistas y en realidad casi todos estos grupos que han nacido en los últimos 100 o 150 años, por decir algo, Testigos de Jehová, o los mormones o muchos pentecostales, o bueno, muchos de ellos han nacido casi siempre buscando como una fecha para el retorno de Cristo y en una expectativa a veces casi fanática del retorno porque ya va a llegar el Señor, porque ya va a retornar, porque ya va a llegar. Así fue escrita la primera carta a los Tesalonicenses, un poco en esa expectativa.

Pero entonces, hubo ciertos desórdenes en esa comunidad de Tesalónica y de ahí vino la necesidad de esta otra carta, que nosotros llamamos la segunda carta a los Tesalonicenses, porque había gente que decía: Bueno, pues si ya va a llegar el Señor, pues entonces qué hacemos buscando empleo y qué hacemos trabajando y que no, no, tenemos es que, tenemos es que dedicarnos solamente a esperar, a aguardar, a que Él regrese. De manera que se convirtieron en una especie de carga para las comunidades cristianas. Carga porque ellos ya no aportaban, no trabajaban y se volvieron gente que bueno, vivía bien y andaba entrometiéndose en todo, en fin, lo que hemos escuchado en la primera lectura de hoy.

¿Qué nos deja esto a nosotros? Pues centrémonos en dos enseñanzas. Primera, no parece cosa sensata estar como en esa expectativa nerviosa del retorno inmediato de Jesucristo. Parece que es mucho más sabio vivir de tal manera que Él nos encuentre velando en oración, cantando su alabanza, ocupados en las cosas del Padre Celestial, ocupados en la evangelización, haciendo el bien a los demás, sin lastimar ni escandalizar a los más pequeños, procurando ser útiles a todos. Si Jesús nos encuentra en esa actitud y nos encuentra en ese servicio, pues ahí está todo, ahí está todo. Es más saludable tomar esa actitud o esa manera de esperar, porque aquí viene la segunda enseñanza.

En el fondo, lo que todo esto se refiere es qué significa esperar, qué quiere decir esperar. Y por eso se habla últimamente de la diferencia entre una esperanza pasiva y una esperanza activa. La esperanza pasiva es un poco lo que encontramos criticado, corregido en la lectura de hoy, esa actitud cómoda de yo no hago nada y simplemente aguardo a que llegue Cristo, esa es la esperanza pasiva. Y ese no es el verdadero sentido de la esperanza cristiana, no es simplemente dejar que pasen las cosas hasta que llegue Jesús. Lo nuestro es la esperanza activa y la esperanza activa ¿qué es? Mientras llega Jesús, pues yo estoy propagando la noticia de Jesús, yo estoy dando testimonio de lo que Jesús hizo por mí, yo estoy practicando lo que Jesús me enseñó.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Gaudium et Spes, que se refiere a la Iglesia en el mundo, habla de esto y sus palabras casi textuales son que aunque hay que distinguir siempre entre la construcción de la ciudad terrena y la llegada del Reino de los Cielos, nuestra esperanza en un futuro junto a Dios de ninguna manera significa que nos desentendamos de las cosas de esta tierra. La esperanza activa es el mantener el corazón en Dios, pero al mismo tiempo reconocer que el tiempo, pero a la vez reconocer que el tiempo que Dios nos da, no puede ser un tiempo inútil, es tiempo para sembrar el mensaje, es tiempo para dar testimonio, es tiempo para formar nuestro corazón profundizando en su Palabra, es tiempo para atender a los desvalidos y para cultivar y acrecentar la esperanza también en ellos. De manera que la esperanza activa es, es nuestro lema, es nuestra posición, es nuestra actitud.

Y lo propio de esta esperanza es evitar estos dos extremos. Yo, por una parte, no voy a endiosar este mundo, no me voy a dedicar a lo que se llama el inmanentismo, es decir, quedarme solo en el aquí, en el ahora, en lo material, en lo visible, como si no hubiera más nada. No, evitamos ese extremo del inmanentismo, quedarnos solamente con las cosas que se ven que se palpan en esta tierra, eso lo evitamos. Pero tampoco caemos en el otro extremo que es el escapismo: Como todo se va a acabar, entonces no importa nada en este mundo, no importa lo que le suceda a la gente. Lo único importante es que los que se vayan muriendo por el hambre o por la violencia mueran creyendo en Dios.

La posición cristiana genuina evita esos dos extremos, ni el inmanentismo que en el fondo es una forma de materialismo, ni el escapismo que es una forma de espiritualismo. Nosotros evitamos el materialismo y el espiritualismo. Buscamos algo distinto que es la genuina espiritualidad, la convicción de lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros como preludio de lo que Él solamente hará al final de los tiempos, esa es nuestra fe.

Fíjate que se resume muy bien en aquello que proclamamos después de la consagración eucarística, porque es una mirada al pasado, el presente y el futuro: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. Ven, Señor Jesús». Anunciamos tu muerte, es el reconocimiento de lo que Dios ha hecho. Proclamamos tu resurrección, es porque anunciamos que Él vive en el presente, vive resucitado de entre los muertos. Ven, Señor Jesús, es la súplica para que se complete esa obra, es la súplica para que ese futuro que solo viene de Dios nos alcance, esa es la genuina actitud cristiana. Sigamos nuestra celebración.

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