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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Tradición sí porque Dios ha ido escribiendo en nuestra vida, en la vida de la Iglesia; tradicionalismo no, porque finalmente es la idolatría de un periodo de la historia.
Homilía o212005a, predicada en 20240827, con 7 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Hermanos. La primera lectura hoy está tomada de la segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, concretamente el Capítulo Dos. Y hay una frase de Pablo que es absolutamente importante porque tiene que ver con uno de los pilares de nuestra fe católica, y de hecho es un versículo que ha sido motivo de bastantes discusiones. Dice Pablo a los tesalonicenses: Conserven las tradiciones que han recibido de nosotros de viva voz o por carta. O sea, por escrito o sino oralmente. Conserven las tradiciones. Y eso es lo que yo quisiera comentar en este momento.
¿Qué significa eso de las tradiciones y por qué es tan importante la tradición y las tradiciones dentro de la fe cristiana? Yo creo que la manera más práctica de comprenderlo es darse cuenta cuándo los cristianos tuvieron Biblia. Porque ustedes saben que para los protestantes el lema es la sola Biblia. Y un predicador protestante muy famoso decía que no es que no tenemos que seguir a la iglesia, sino que tenemos que seguir a la Biblia y que la Biblia es la que determina lo que diga la Iglesia. Esa era la predicación de este hombre. Pero si tú examinas eso, esa manera de hablar no se sostiene y no se sostiene porque resulta que cuando empezó a haber Biblia, así como nosotros la conocemos y eran muy pocas las personas que tenían completos los libros de la Biblia porque no había imprenta en la época, porque todo se imprimía en pergaminos o en papiros.
Cuando empezó a haber Biblia fue en el Siglo Cuarto. Entonces, en el Siglo Primero no había Biblia, había algunos escritos que circulaban en algunas comunidades, pero no había Biblia. En el Siglo Segundo no había Biblia. En el Siglo Tercero no había Biblia, pero sí había cristianos y sí había Iglesia. ¿Si me explico? Es decir, que si tú vas a afirmar que todo depende de la Biblia, entonces ¿Cómo vivieron aquellos cristianos? Pues esos cristianos vivían de la fe transmitida y la fe transmitida a través de la predicación, a través de la liturgia, a través de la familia, a través de las sanas costumbres. La predicación, esa predicación viva transmitida, eso es lo que nosotros llamamos tradición.
La tradición no es un libro que nosotros pongamos al lado de la Biblia. O sea, nosotros, no es que digamos aquí está un libro que se llama la Biblia, aquí tenemos otro libro que se llama la tradición, no. La tradición es una manera de hablar de una acción, de un hecho. Y ese hecho es que la fe ha sido transmitida de una manera viva a través de la predicación, la teología, la liturgia, la familia, la catequesis. Por eso San Pablo, en este texto de la primera lectura de hoy, que es tan importante, nos dice, o mejor dicho les dice a los Tesalonicenses y nosotros lo aplicamos. Conserven lo que ustedes han oído por escrito o de viva voz, consérvenlo. ¿Eso quiere decir que nosotros le damos la espalda a la Biblia? No, nosotros no le damos la espalda a la Biblia. Amamos la Sagrada Escritura.
Este servidor, por ejemplo, ustedes saben que todos los días estamos compartiendo la homilía y siempre nos referimos a la Biblia. Siempre nos referimos a la Palabra de Dios, la amamos, la veneramos, la estudiamos, pero nosotros entendemos que no todo está en la Biblia. ¿Sabes por qué? Porque la Iglesia es anterior a la Biblia y porque los cristianos en el Siglo primero, segundo, tercero y la mayor parte del siglo cuarto no tenían Biblia, y si tenían iglesia. Entonces la fe se transmite en la comunidad. La comunidad viva que predica, que celebra, que tiene sacramentos, que tiene liturgia, que tiene oración, que tiene familia, que tiene catequesis, que tiene buenos pastores. Por eso nosotros amamos la tradición y por eso nosotros no podemos darle la espalda a la tradición, porque la tradición es la historia del amor de Dios con nosotros desde Jesús y los apóstoles hasta nuestros días. Nosotros no podemos despreciar la tradición.
Ahora bien, hay que tener cuidado con otra cosa que se llama tradicionalismo. Eso ya es otra cosa. El tradicionalismo es algo así como pensar que la tradición, es decir, la acción de Dios en la historia de la Iglesia llegó hasta un determinado punto. Por ejemplo, hay personas que tienen una resistencia a admitir lo que enseñó el Concilio Vaticano Segundo y en concreto la manera de Celebrar la Misa que brotó del Concilio Vaticano Segundo. Ese es un problema para ellos. Y ellos dicen no, esa Misa, no, esa es una Misa protestante. Y entonces cuando publican fotos en Internet y en las redes sociales, siempre celebrando al modo anterior a Mil novecientos sesenta y dos, lo que se llama el Vetus Ordo. Entonces presentan los ornamentos ricamente cuidados, presentan sacerdotes, diáconos, subdiácono, dieciocho acólitos y todos mirando hacia el altar, o sea, como se celebraba antes. Eso se llama una idolatría del pasado. Claro, esa Misa es válida y yo no estoy en contra de que se celebre esa de esa manera la Eucaristía. Lo que estoy en contra es que se envíe el mensaje, a veces tácitamente, el mensaje de que esa es la verdadera forma de celebrar la Misa y que, como quien dice Dios nos acompañó hasta Mil novecientos sesenta y dos y cuando ya vino el Concilio Vaticano Segundo, entonces todo ha sido desorden y lo único que tenemos que hacer es ponerle una X roja al Concilio Vaticano Segundo y todo lo que vino después del Concilio Vaticano Segundo y quedarnos únicamente con lo anterior. Eso se llama tradicionalismo.
Resumen Tradición, sí. Tradición sí, porque Dios ha ido escribiendo en nuestra vida, en la vida de la Iglesia. Tradición, sí. Tradicionalismo, es decir, idolatría de un periodo de la historia, no. Para nosotros es: Biblia, tradición y magisterio. Nosotros no somos tradicionalistas, nosotros somos tradicionales y amamos la sana tradición. Así nos lo conceda el Señor para ser auténticamente servidores suyos y auténticos católicos.

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