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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las correcciones que Cristo hace a escribas y fariseos no deben quedarse únicamente en el siglo I.
Homilía o212002a, predicada en 20140826, con 5 min. y 1 seg. 
Transcripción:
Las correcciones que Cristo hace a los escribas y fariseos no deben quedarse únicamente en el Siglo Primero. Nosotros, cada uno de nosotros, puede aprender algo. Es grave pecado de los fariseos que siempre estaban señalando las faltas de otros. Pero hay que tener mucho cuidado, porque al denunciar nosotros a los fariseos podemos volvernos como ellos. Es decir, nos preocupa tanto y nos fastidia tanto el pecado de los fariseos que se nos olvida nuestro propio pecado, y de esa manera nosotros mismos nos volvemos fariseos. Cuidado con eso.
Y lo mismo sucede con los escribas, aunque quizás sea un pecado o un modo de pecar menos extendido. También nosotros podemos caer en eso. También nosotros podemos caer en ese deseo de agradar simplemente a los que piensan como nosotros. Si uno analiza la vida de los escribas, estaba llena de muchas renuncias, estaba llena de mucho sacrificio. En la tradición rabínica de aquella época, un maestro de la ley no debía nunca cobrar por sus enseñanzas. Ellos vivían de donaciones, teniendo una familia, teniendo un hogar. Ellos vivían de donaciones. No era una vida fácil. Y estar en ese ejercicio del estudio, la memoria y la discusión por años y años, tampoco era lo más sencillo del mundo. Pero todos esos sacrificios, en cierto sentido, se ven perdidos. Porque luego viene ese espíritu de equipo y viene ese nosotros contra ellos, es decir, los que pensamos de esta manera y pertenecemos a esta escuela de interpretación, nos apoyamos y nos justificamos entre nosotros. Y esa dependencia, ese depender de la aprobación de otros, ese poner por encima el grupo por encima de la verdad, por encima del derecho y la ley, como dice Jesucristo, por encima de Dios finalmente, eso también es algo que nosotros cometemos.
Cuántas veces por no disonar, por no caer mal, por no disgustar, nos volvemos cómplices. Cuántos de estos escribas, simplemente para no ser excluidos de su escuela de pensamiento, de su grupo, de su asociación, ¿Cuántas veces ellos traicionaron la verdadera interpretación de la ley? Entonces, fíjate que eso también nos puede acechar a nosotros muy fácilmente. Uno quiere esa aprobación humana por no ser distinto, por no entrar en discusiones. Además, también era pecado de los escribas la vanidad, el buscar la fama, el tener cierta importancia, el ser relevante, el ser citado por otros, el tener un impacto, el producir impacto. Y ese gusanito también nos puede tentar a muchos. Ese afán de ser relevantes, ese afán de tener cierto ascendiente en la sociedad. Eso también tiene su impacto.
Uno se da cuenta que la gente por tener cinco minutos de fama hace una cantidad de barbaridades, degradan sus cuerpos, degradan sus vidas, rompen sus afectos más preciosos por ganar unos cuantos aplausos. Fíjate cómo muchas de las personas que tienen más visibilidad en nuestra sociedad. Estoy hablando, por ejemplo, de artistas, de cantantes, de actores. Llevan unas vidas de desastre, pero casi que se les vuelve una necesidad estar produciendo escándalo tras escándalo. Se convierten en marionetas de juegos satánicos, escandalosos juegos de perversión y de arrogancia y de ateísmo y de desenfreno. Simplemente ¿para qué? Simplemente para estar visibles y para tener fama. Por eso, siempre que en la Sagrada Escritura encontremos estos reproches sobre los fariseos y los escribas, recordemos que el mismo virus que les atacó a ellos sigue vivo y actuante en nuestra época y sin duda quiere atacarnos también a nosotros.

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