Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El pastor debe evitar tres graves daños: abusar del rebaño, callar ante el pecado y huir ante las dificultades. Su misión exige proteger, enseñar con verdad y permanecer fiel.

Homilía o203007a, predicada en 20260819, con 10 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Si quieres educarte en la fe, uno de los autores que más te puede enseñar y que ha sido maestro, doctor en la Iglesia Católica es San Agustín. Empiezo diciéndote esto no porque hoy estemos celebrando la fiesta de San Agustín, sino porque la primera lectura de hoy, tomada del profeta Ezequiel, nos habla de los malos pastores y San Agustín tiene todo un sermón sobre los pastores. Saca tiempo, vete a esa Internet que utilizas todos los días y busca el sermón de San Agustín sobre los pastores.

No te digo solamente que te va a gustar y que te va a servir, te digo, marcará una diferencia en la manera como tú miras la vida de la Iglesia. Y si tienes un encargo pastoral, por ejemplo, porque eres sacerdote, pues sé que el provecho va a ser todavía mayor. ¿Qué es lo que dice Dios a través del profeta Ezequiel en esa primera lectura? Pues básicamente lo que cuenta es que los líderes del pueblo, esa palabra es reciente, claro, pero es muy descriptiva. Lo que critica es que los líderes del pueblo no cuidan del pueblo. Y ¿quiénes tenían que ser líderes del pueblo?

Pues básicamente los sumos sacerdotes, los levitas, los escribas, es decir, aquellos que en razón de su conocimiento o en razón de su servicio al culto, tenían que marcar una dirección, de tal manera que el corazón del pueblo de Dios estuviera bien guardado, estuviera preservado. A esas personas es a las que el profeta Ezequiel llama pastores. Evidentemente no se refiere a los que tienen el oficio de cuidar ovejitas, de cuidar los animalitos, es una labor muy necesaria en la vida de aquel tiempo y en nuestra propia vida.

Pero, Ezequiel está utilizando claramente esa comparación para ir más allá y para indicar el daño que se causa cuando los responsables de la sociedad y los responsables de la fe, pues resultan ser irresponsables, se desentienden de su labor, descuidan al rebaño de Dios y por consiguiente se llega a esa frase que está en la primera lectura de hoy, mis ovejas, porque las ovejas son siempre de Dios, el rebaño es siempre el rebaño de Dios, como dice el Salmo: Somos tu pueblo y ovejas de tu rebaño. El rebaño de Dios, ese rebaño divino, pues es el que está siendo maltratado y, más que simplemente maltratado, está siendo devorado por las fieras.

Eso es lo que critica básicamente el profeta Ezequiel, movido por la gracia del Espíritu Santo. No se nos olvide cuando escuchemos a los profetas en la Biblia, no se nos olvide lo que decimos en el Credo que Dios nuestro Señor habló por los profetas, el Espíritu Santo habló por los profetas. Bueno, ¿cómo debemos aplicar esa enseñanza a nuestro tiempo? ¿Cuál es el peligro que puede acecharnos también a quienes tenemos una labor pastoral hoy? Pues mira, estos pastores, según la crítica de Ezequiel, se aprovechan de las ovejas.

Por eso dice que se quedan con su lana, que se aprovechan de ellas, se alimentan de ellas. Es decir, en vez de alimentar a las ovejas, se alimentan de ellas. Y podemos sintetizar todo eso en una primera denuncia, se aprovechan del rebaño. En vez de vivir para cuidar y servir al rebaño, se aprovechan del rebaño. Una segunda crítica es, no advierten del peligro. Advertir del peligro es una manera de salvar la vida de la oveja. Y una tercera denuncia es, en vez de pelear contra las fieras, huyen cuando llega el peligro. Esas tres denuncias las podemos revisar también en nuestro tiempo.

Aprovecharse de las ovejas ¿qué es? Pues el caso más escandaloso por el que sufrimos todos los días está en la palabra abuso, ahí está sintetizado, el abuso. Es decir, ese aprovecharse de la conciencia, aprovecharse del cuerpo, aprovecharse del dinero o de otros bienes de las personas que Dios nos acerca. ¿Sucede eso en nuestro tiempo? Lamentablemente sí. Es un tema que es una herida abierta en la Iglesia, es algo contra lo que tenemos que seguir luchando, es algo que ha estado claramente en la preocupación, en la oración y en las acciones y las decisiones muy claramente desde el Papa Benedicto, luego el Papa Francisco, ahora el Papa León.

Pero no solo los Papas, en los obispos, en nosotros sacerdotes, tiene que estar ese cuidado. Segundo, denuncia Ezequiel que estos pastores se quedan callados frente al peligro. Sí, sí sucede y sucede cuando se deja de predicar aquellos temas, aquellas palabras, aquellos pecados que, tal vez, son incómodos para la mentalidad actual. Esto sucede especialísimamente en dos campos, en el campo de la sexualidad humana y en el campo de la justicia social. Y a veces pasa que aquellos que son especialmente valientes para denunciar los daños que causan los pecados en el área sexual son, en cambio, muy descuidados y muy callados frente a las injusticias sociales.

Pero también pasa lo opuesto, también tenemos algunos pastores que son especialmente elocuentes y valientes cuando se trata de hablar de justicia social, pero frente a los desórdenes sexuales se callan. Hay que saber que el silencio frente al pecado y mucho más la tolerancia frente al pecado, y todavía peor, la aprobación del pecado, es una de las peores desgracias que puede llegar a un pastor que está sirviendo al rebaño de Dios. Y sucede, tanto en el tema de justicia social como en el tema de sexualidad sucede.

Gran silencio o incluso aprobación, o incluso una muestra de una supuesta tolerancia frente al adulterio, frente a la práctica homosexual, frente a la eutanasia, frente al aborto. Bueno, una serie de temas que tienen que ver con sexualidad y defensa de la vida, pero también pasa frente a la justicia social. Cuando sacerdotes y pastores parecen estar cómodamente instalados, cómodamente instalados frente a la opresión y los mecanismos de opresión que destruyen la vida y la dignidad de los necesitados, pues ahí tenemos un ejemplo de ese silencio cómplice.

Y esto va muy unido a lo tercero, el huir, el huir frente a las necesidades, frente a los ataques que padece el pueblo. Y la huida, a veces se realiza por una manera de entender la seguridad personal o la seguridad de mi honra y, otras veces, esa huida se presenta por buscar la comodidad. Precisamente, una de las cosas que denunciaba el Papa Francisco es la tentación de la comodidad, y por eso decía que él prefería una Iglesia herida, tal vez, pero que sale a servir.

Y hay una frase de Santo Tomás que conviene recordar: Si el propósito principal de un capitán fuera proteger el barco, entonces nunca se movería del puerto. Por eso se necesita un grado de audacia. No estoy hablando aquí del riesgo irresponsable, pero sí se necesita un grado de audacia para servir auténticamente al Evangelio. Roguemos por nuestros sacerdotes y con eso les estoy diciendo, por favor, ténganme siempre en sus oraciones, para que seamos fieles, fieles servidores del Señor. Amén.

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