Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Aunque encuentre tarde el propósito de mi vida, al final puedo decir: ¡Encontré a mi Jesús, lo encontré todo!

Homilía o203004a, predicada en 20200819, con 4 min. y 26 seg.

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Transcripción:

Con bastante facilidad se puede comparar la vida humana con un día. Fíjate que cuando se llega al final de la vida se habla del ocaso, en el ocaso de su vida. Esa expresión que es muy popular, ¿qué indica? Que hay una analogía entre lo que es el conjunto de la vida humana y lo que es un día. Podemos asociar la alegría, la frescura, la novedad de la mañana con la infancia o con la juventud. Podemos asociar ese sol alto, ese tiempo de trabajo con la edad adulta y ya hemos dicho, el ocaso se puede comparar con el final de la vida.

Estas comparaciones son útiles en el texto del Evangelio que encontramos hoy. Porque podemos pensar que ese día en el que este hombre sale a contratar trabajadores, ese día representa la vida. Y entonces, tenemos que decir, con un poco de dolor, que hay gente, hay gente a la que se le va la vida. Qué impresionante, gente a la que se le va la vida. No sé, yo siento un poco de tristeza cuando oigo esa expresión: «Nadie nos ha contratado». Es decir, se les fue el día sin hacer nada, básicamente, nada, se perdió ese tiempo. Pero acuérdate que ese día representa la vida. Y yo creo que hay personas que pueden tener esa sensación: Se me fue la vida y ¿qué hice? Muchas veces hemos utilizado la expresión de la rueda, la rueda del producir, consumir y entretenerse. Y cuando uno está simplemente en la rueda, que es la rueda del mundo, produciendo, consumiendo y entreteniéndose, en el fondo va quedando un vacío.

Fíjate que ese contrato del que nos habla el Evangelio de hoy, ese contrato ¿qué está indicando? Ese contrato está indicando ¿para qué soy bueno, cómo puedo dejar un fruto? Entonces, una vida sin contrato es como una vida sin fruto, es una vida sin propósito, es una vida sin sentido. Y cuando una persona tiene que decir: Nadie me ha contratado, no importa qué hora sea, esa persona siente que está en el ocaso. Por eso tenemos también jóvenes y tenemos niños, a veces, jóvenes de 13, de 14 años que están en el ocaso. Por eso tenemos jóvenes de 18, de 19 o jóvenes profesionales que sienten que ya vivieron todo y que no le encuentran sabor a nada, porque sienten que nadie los ha contratado, porque sienten que su vida no tiene fruto, no tiene propósito.

Y por eso, necesitamos encontrarnos con Aquel que le da sentido, que le da propósito, así sea en la última hora de tu vida, así estés al borde, así sientas que ya todo se acabó y que no tiene ningún significado, aunque parezca a tus ojos que solo queda una hora, en esa hora pueden suceder cosas maravillosas si llega el dueño de la viña. Entonces, mira el sentido tan profundo que tiene ese día y ese contrato es encontrar el propósito y, aunque lo encuentre tarde, si encontré a mi Señor, si encontré a mi Jesús, lo encontré todo.

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